Kirill Serebrennikov y la memoria histórica en ‘La desaparición de Josef Mengele’: “Es un recordatorio sobre las consecuencias de las guerras”
El pasado no debe olvidarse, sobre todo en una época donde la sociedad parece dejar de lado las heridas de viejas batallas que transformaron al mundo, y es por esto que el cineasta Kirill Serebrennikov pone sobre la mesa una historia que nos invita a reflexionar sobre las consecuencias de una de las tragedias más horripilantes en la historia de la humanidad.
La desaparición de Josef Mengele (2025), nos narra los últimos años de vida del “Ángel de la muerte”, un médico nazi de nombre Josef Mengele, quien sería acusado de prácticas barbáricas y aberrantes en los campos de concentración de Auschwitz.
En entrevista para Clímax en Medio en colaboración con Voz en Off, el director ruso nos platica las razones de traer a la actualidad una vida llena de pecados como la del oficial alemán nazi.

El castigo moral: Más allá de los juicios y los tribunales
“Creo que esto no es solo una película biográfica sobre Mengele; no es una historia sobre él, sino que es una especie de recordatorio sobre las consecuencias de las guerras. Ahora nosotros —especialmente en Europa— estamos viviendo en guerra; hay algunas guerras aquí”, expresó.
“Y estoy muy seguro de que hay criminales de guerra y que recibirán su castigo tarde o temprano. Y esta película trata sobre este castigo, el cual… no se trata solo de las leyes o de esquivar juicios judiciales o tribunales, no es sobre eso. Se trata de la ley moral, la cual es mucho más fuerte y puede imponer un castigo severo y hacer miserable la vida del criminal”, dijo.
Por otro lado, Kirill ahonda en el sentido de deber moral que el mundo debe tener para las futuras generaciones gracias al aprendizaje del violento pasado: “En segundo lugar, la cuestión de la responsabilidad por la vida, esto por el mundo en el que vivimos y que estamos construyendo para nuestros hijos”, mencionó.

Cuestionar a nuestros padres: El legado de las leyes del odio
“Porque hoy estamos en un mundo creado por nuestros padres, y eso es lo que realmente les sucede a los personajes de nuestra película, un hijo que encuentra a su padre para cuestionarlo sobre la responsabilidad”, continuó.
“¿Por qué, padre? ¿Por qué hiciste todo esto? ¿Por qué decidiste que las leyes del odio, las leyes que te ayudaron a destruir a otras personas, son correctas, son buenas para crear el mundo? Así que se trata de todo esto”, cuestionó.
El caos que predominó en épocas remotas, y que construyeron las bases morales de nuestros días, tiende a desvanecerse ante los vientos de cambio geopolíticos; un fenómeno que resulta complejo y genera una espiral descendente de reflexión social.

El peligro del olvido y la apología contemporánea de la guerra
“Vivimos en una época en la que algunas personas olvidaron por completo las lecciones de las guerras del pasado. Hoy, en Europa y en Rusia, escucho las voces de políticos diciendo: ‘Bueno, el uso de armas nucleares no es tan malo, es posible. Usémoslas’”, expresó.
“También frases como ‘Matar gente es posible si eso funciona para la grandeza de la nación’. O escuchamos cosas como: ‘Stalin era un gran gestor’, a pesar del hecho irrefutable de que mató a millones de personas”, exclamó el cineasta ruso.
Es el contexto actual el que ha llevado al cineasta a utilizar la memoria como un puente en camino a la reflexión sobre nuestro presente: “Es una cuestión de valor. Muchas personas que son responsables de nuestras vidas —los gobernantes— no piensan en el valor de la muerte o la vida de cada persona, sino que se preocupan porque encaje con lo que están pensando y trabajando”, enfatizó.

La tragedia Rusia-Ucrania: La justificación de la matanza
“Mira lo que está pasando hoy entre Rusia y Ucrania: casi un millón de personas de una cultura muy cercana, de un idioma muy cercano, que han vivido durante siglos al lado del otro, de repente comenzaron a matarse entre sí”, siguió.
“Y es absolutamente terrible. Rusia, que comenzó esta guerra, y el presidente de Rusia intentan justificarse explicando cosas… ni siquiera quiero repetir esa explicación porque es horrible y estúpida”, complementó.
Serebrennikov nos recordó el valor del arte y de trabajos como este, puntas de lanza que ayudan a crear consciencia de nuestro entorno, sin importar épocas, territorios o ideologías.

La impotencia del arte frente a la brutalidad humana
“La guerra es una realidad, y eso significa que el arte es absolutamente impotente. Todo lo que producimos en el cine, en la literatura… no ayuda a la gente a no ser idiota”, comentó.
“Así que probablemente nuestra tarea, nuestro trabajo, sea refrescarles la memoria y recordarles una y otra vez: ‘¡No se maten entre sí! Es malo y esto es pura maldad. Dejen de matarse unos a otros’. Una y otra vez”, añadió el realizador con su apreciación del valor de su trabajo y del arte en general ante conflictos bélicos.
Basada en la novela testimonio francesa de Olivier Guez, la adaptación de esta poderosa narración posee estructuras que el cineasta intentó plasmar en diversas ideas de sus personajes y del entorno de la cinta.

El emblema del mal y el sistema que creó a Mengele
“El extraordinario libro de Olivier Guez me dio la oportunidad de pensar e imaginar el sistema que creó a Mengele. Mengele no es simplemente un criminal nato o una persona especial como un asesino en serie”, explicó.
“No, hay una escena en la película donde dice: ‘Mira, ¿por qué yo? Había mucha gente como yo en Auschwitz, muchos médicos, mucha gente que simplemente mataba a otras personas y recibía premios y condecoraciones por ello”, continuó.
“¿Por qué yo? ¿Por qué me convirtieron a mí en el emblema del mal? No es justo’. Sí, pero eso significa que había un sistema —y probablemente existe incluso hoy en día— que ayuda a personas como Mengele a tener éxito”, siguió.

Cómplices cotidianos: La nula distancia temporal de nuestras acciones
“Lo que mostramos en la película es quiénes los ayudaron a evitar el castigo: gente normal, algunos policías corruptos, o alguna pareja que solo quería ganar algo de dinero, a pesar del hecho de que sabían quién era este sujeto en su vida anterior. Así que es un sistema de personas que ayudan al criminal a evitar el castigo”, complementó.
El cine como amplio recordatorio de la nula distancia temporal de nuestras acciones, es uno de los mecanismos sobre los que funciona la película: “La Segunda Guerra Mundial terminó o se detuvo hace unos 80 años, pero las personas siguen siendo los mismos idiotas”, dijo.
“Comienzan a matarse entre sí con regularidad. No sacan ninguna conclusión ni lección; no integraron la idea de que es imposible matar a otras personas. Matan una y otra vez. Así que no hay distancia. Las víctimas piden memoria”, señaló.

Las víctimas piden memoria: El frágil ecosistema de la civilización
“La sangre de las personas inocentes asesinadas en Auschwitz todavía nos pide memoria. Dicen ‘Nunca más, nunca más’, pero desafortunadamente, la humanidad no escucha nada de esto. Desafortunadamente, comienzan a matar a otras personas una y otra vez”, puntualizó.
Es de ahí que encuentra la razón de ser de los artistas frente a la catástrofe: “Probablemente nuestra tarea como artistas, periodistas, escritores, gente de la cultura, sea recordar a los demás que son seres humanos”, enfatizó.

Un mensaje para México: La libertad de la interpretación
“Recordarles la fragilidad de la civilización, del cuerpo, de la conciencia, de todo. Es muy frágil y destruirlo es tan sencillo. Así que es una cuestión de memoria y una cuestión de responsabilidad”, sumó el también director de la genial Leto (2018).
Finalmente, Kirill habló sobre impresión de nuestro país y su gente, dàndole una libertad absoluta de interpretación a la audiencia nacional sobre su trabajo:
“Quiero que el público sea libre. Adoro su país, adoro su cultura. Los visitaré de nuevo en diciembre. Soy realmente un gran fan de México y de su cultura. Así que, por favor, siéntanse libres de verla y de disfrutarla de una manera extraña, pero disfrútenla”, concluyó.
