‘La Gaviota’ en el Foro Lucerna: El dolor de los deseos incumplidos y el éxito del fracaso
La adaptación de Cristian Magaloni y Roberto Beck de La Gaviota de Antón Chéjov retrata un círculo de deseos incumplidos que mantiene cautivos a todos los personajes, quienes parecen estar condenados a la eterna búsqueda de la felicidad sin encontrar respuesta.
Las llamadas al inicio de la obra se transforman en la antesala del montaje experimental que ha creado Tréplev (Roberto Beck), con el ambicioso objetivo de romper las convenciones, pero muy pronto nos damos cuenta de que lo que realmente desea.
Además del amor de Nina (Assira Abbate), es la aprobación de su madre, Arkádina (Mariana Giménez), una actriz famosa obsesionada con el teatro clásico, quien no pierde oportunidad de hacer comentarios desafortunados y crueles con la mayor naturalidad posible para quien tenga enfrente.

Nina, la musa destruida y el eco del desamor
Nina se convierte en la musa de Boris (Pablo Perroni), quien, en una frase, pronostica el futuro de la joven actriz, quien transforma su vida irremediablemente al enamorarse ciegamente del dramaturgo y creer que puede abrirle las puertas del mundo artístico.
Un hombre joven pasa la vida a la orilla de un lago. Ama el lago como una gaviota… Pero viene un hombre por azar, la ve y, por no tener nada mejor que hacer, la destruye.
Por otro lado, Masha (Ditmara Náder), se condena al mismo destino de Polina, su madre (Lourdes Gazza). Ambas decidieron vivir bajo la sombra del desamor de sus seres amados, Tréplev y Dorn (Julio César Luna), respectivamente, pensando que así salvarían sus vidas, sin saber que se estaban condenando a la infelicidad.

El humor como acento de la catástrofe y el diseño de Jesús Hernández
Durante toda la trama, la risa acentúa la tragedia de los personajes, haciendo que estos momentos se ocasionen por el fracaso de alguno de ellos. Uno de los personajes que más desarrolla el humor es Sorin (Boris Schoemann), quien puede vislumbrar fácilmente los sinsabores de todos y nutrir la escena. Sin embargo, no se muestra con mucha profundidad la construcción del mismo.
En la escena final, se retrata el fracaso llevado al límite: todos sentados, viendo que no tienen lo que deseaban e incluso envidiando al otro, sin saber que cada uno de ellos se encuentra frustrado y sin salida. Incluso Boris, quien es un escritor reconocido, no vislumbra su propio triunfo. Han tenido éxito en la catástrofe y lo único que les queda es ignorarlo.

El absurdo de la felicidad disecada
De esta manera, van habitando el escenario que bifurca las butacas, con un diseño de Jesús Hernández, el cual se adapta a cada uno de los actos: primero, un teatro; después, la orilla del lago; una casa de campo y, finalmente, el lugar del fracaso, donde inesperadamente cada uno es infeliz a su manera.
Magaloni convierte la tragedia de Chéjov en un mecanismo en el que el humor nos permite reconocer lo absurdo de perseguir eternamente aquello que creemos que nos hará felices. La gaviota aparece como el signo de quien mata el deseo para vivir disecado en su propia vida.
La Gaviota se presenta en el Foro Lucerna hasta el 25 de octubre de 2026, con funciones los viernes a las 20:30 horas, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas.

