‘El desaire’ expone la violencia de género: “El machismo no muere, se disfraza”
“Año de mil novecientos. Presente lo tengo yo. En un barrio de Saltillo Rosita Alvírez murió”, así cantaba Antonio Aguilar y muchos otros cantantes el famoso “Corrido de Rosita Alvirez”, mismo que inspiró al cineasta Gabriel Ramos para llevar esta desgarradora historia a la pantalla grande en el filme El desaire, una película necesaria y terriblemente actual en su mensaje, evidenciar los feminicidios, la violencia de género y los micromachismos.
Rosa, una joven que vive en Saltillo, vende flores para pagar sus estudios y ayudar a su madre. Sin buscarlo, poco a poco se ve envuelta en un triángulo amoroso entre su novio, Juan, quien demuestra a cada oportunidad su inseguridad y celos, y Héctor, un sospechoso cliente de la florería que, lejos de ser un apoyo, parece acosarla. Rosa deberá confrontar una realidad muy común en este país: la violencia de género.
Guillermo Alonso, que da vida a Juan en este filme, aseguró que la relevancia de un filme como este recae en el nulo cambio de situaciones entre la historia original del corrido y la que narra el filme.

La sutileza del peligro: Las nuevas máscaras de la violencia de género
“Te vas dando cuenta de lo poquito que cambian las cosas, estos sistemas que siguen fomentando la violencia de género, creciendo de repente la violencia de género, ocultándola, poniéndole una máscara, un disfraz distinto, esta película lo que hace es retratar esa nueva manera de violencia de género y de hecho sí ha cambiado, se ha vuelto un poquito más sutil, pero a veces la sutileza es más peligrosa”, aseguró el actor en entrevista con Clímax en Medio.
“Se escucha lejano, sin embargo, al hacer este la adaptación a la pantalla, se siente muy vigente, en efecto cambian las formas, pero no cambia el fondo, sigue siendo lo mismo, entonces es muy importante que desde nuestra trinchera como actores y cineastas, podamos sumarnos a contar una historia como El desaire para poder así evocar una reflexión en el espectador”, agregó Joshua Okamoto, que da vida a Héctor en el filme.
Sin embargo, aunque la canción popular narraba lo que le pasó a Rosita de una manera más frívola, el realizador del filme, Gabriel Ramos, aseguró que no fue complicado quitar esta frivolidad y hacer una adaptación más realista dándole vuelta al discurso.

Desmontando el ‘mindset’ de 1900: La culpa nunca fue de Rosita Alvírez
“Lo que pasa es que el corrido cuenta la versión desde el lado masculino, y la realidad es que ella no tuvo la culpa de que la mataran, si quisimos darle la vuelta al discurso, de hecho algo gracioso que pasó antes de comenzar el rodaje, haciendo el scouting técnico para ver locaciones de casas en la escalinata Santa Anita, una señora nos dijo que bueno que haríamos una película de Rosita Alvírez porque esa Rosita era medio coscolina”, dijo el cineasta.
“Lo que confirma lo arraigado que está el corrido, de cómo generó un mindset en la gente de cómo era Rosita y con esa se quedaron durante más de 100 años después”, continuó el realizador.
Para los actores era importante encontrar el tono de la historia: “Cambiar la perspectiva era necesario, realmente la clave estaba en ver la historia a través de los ojos de Rosita, y si bien hay cierta frivolidad que no se comparte con el año 1900 en su totalidad, sí hay una normalización de las bromas, de los comentarios como ‘mira cómo viene vestida, es que por qué anda por ahí, es que no debería andar sola’”, expresó en la charla Vico Escorcia.

Rompiendo la normalización: La imposición de límites frente a la violencia injustificada
“Tenemos malamente normalizado atribuirle la culpa a las decisiones de las mujeres por la violencia que se les impone. La película es un ejemplo muy claro de que en ningún momento hay una decisión que haya tomado Rosita que merezca recibir cualquier tipo de violencia”, añadió la protagonista del filme y la encargada de darle vida a Rosa.
Precisamente Vico Escorcia explicó que tanto en la ficción de El desaire como en su vida cotidiana, Rosita y ella compartían procesos, principalmente en la búsqueda de independencia y libertad personal.
“Fue muy bonito caminar ese camino con ella y ver las maneras en las que ella empieza a poner límites porque si bien yo en mi vida quizás necesitaba poner ciertos límites, tenía muy romantizado mi entorno”, dijo.

El círculo de confianza y la sororidad: El papel fundamental de la maestra
“Por supervivencia justificamos muchas cosas de nuestros seres queridos y ver que Rosita, que quizás inicia en un lugar más sumiso que en el que yo estaba en ese momento, llega a un nivel de poner límites, nivel para el que yo no estaba lista en ese momento”, agregó la actriz.
Tanto el corrido popular como el filme de Ramos tienen el mismo final trágico de la protagonista, sin embargo, algo que resalta de forma inmediata es su círculo de confianza el cual está formado por tres mujeres importantes en la vida de Rosa, su madre, su amiga y su maestra, quienes muestran en la película la anhelada sororidad.
“La maestra es eh un modelo a seguir para Rosa, es una mujer en la que se inspira, en la que encuentra seguridad, encuentra un futuro, ve hacia dónde puede avanzar, un anhelo de ser también una mujer exitosa, independiente, profesionista y autosuficiente, impacta positivamente en ella no solo a través de sus clases y de su conocimiento, sino en la forma en la que ella se le presenta”, dijo Gabriela de la Garza que da vida a Ana, la maestra de Rosa.

La red de apoyo incondicional: La amistad sin prejuicios como refugio
“Esta forma en que le muestra la posibilidad de un mundo mejor para ella, se da cuenta de lo que está provocando en Rosa y la alimenta, la apoya, es una figura importante”, complementó la actriz.
A mismo tiempo otro de los pilare que sostienen y que generan esta red de apoyo es su amiga Irma, interpretada por Karen Martí, quien aseguró que esta amiga representa a todas las mujeres de alguna forma, simplemente por el hecho de ser un testigo o tener algún tipo de intuición, pero desconocer la gravedad del asunto hasta llegar a las consecuencias finales.
“Irma más que afectar a Rosa la acompaña, es ese lugar seguro de Rosa donde puede decir las cosas como las piensa, como las siente no hay prejuicios entre ellas, hay un apoyo completo, una prioridad total y representa a las amigas que tienen otras amigas a las que les pasan cosas”, expresó.

La sumisión generacional y las ‘red flags’: El rol endeble del amor materno
“La película es tan potente porque en muchos personajes nos podemos ver espejeados, tanto hombres como mujeres, en diferentes edades, en diferentes posiciones, ojalá no seamos solo testigos de las consecuencias finales, sino testigos y acompañantes y quizá agentes de cambio”, afirmó la actriz.
Finalmente, el otro poste que tiene mayor relevancia en este soporte de su madre Esperanza, interpretada por Irene Arcila, quien, aunque debería ser el de mayor relevancia se convierte en uno más endeble, quizá demostrando esa forma antigua de las madres abnegadas y sumisas que por miedo o ignorancia perpetúan o normaliza las evidentes red flags de sus parejas o las de sus hijos.
“Es una mujer dentro de todo dulce, un poco blanda en momentos donde quiere que su hija crezca y continúe su camino, pero sí trae consigo esta cuestión de que siempre ha sido sumisa y normaliza las actitudes del novio de Rosa o de su propio marido diciendo ‘así son todos’ entonces, aunque es la parte amorosa no le está inculcando cosas que deberíamos inculcar todas las madres a nuestros hijos e hijas”, explicó la actriz.
Saltillo en el mapa audiovisual: Una obra urgente en la cartelera nacional
El desaire, que destaca por ser una producción realizada completamente en Saltillo, llevando a las producciones fuera de la Ciudad de México y consolidando el trabajo audiovisual del estado de Coahuila, llegó este 3 de septiembre a la cartelera nacional con la aspiración de invitar a la reflexión sobre la violencia de género y los feminicidios es un país que se esfuerza en decir que aquí no pasa nada.
