David Gaitán confronta el autoritarismo y el deseo en el monólogo ‘Azul Bosques’
¿Te imaginas una sociedad en la que el deseo sexual sea una herramienta de control? Esto sucede en el monólogo de David Gaitán, el cual lleva por nombre Azul Bosques que cerró temporada el pasado miércoles y vale la pena destacarla.
Esta propuesta escénica logra que las y los espectadores desborden su imaginación, llevándolos a estimular el erotismo y reflexionar sobre el autoritarismo y la vigilancia, temas que no están alejados de la realidad contemporánea.
En esta ocasión, Gaitán es el dramaturgo, director y actor de la puesta en escena, por lo que ha sido un proceso en el que ha aprendido bastante, ha evolucionado y ha decidido abrazar la subjetividad con respecto a lo que sucede.

Dramaturgo, director y actor: El desafío de conciliar la libertad creativa en un solo cuerpo
“Me siento muy satisfecho la verdad. Es una aventura la de hacer un monólogo que no había tenido antes y digamos como que la manutención artística de la obra es distinta (…) He decidido abrazar cierta subjetividad respecto a lo que sucede, es decir, la subjetividad de quien está en el escenario y a partir de eso he ido tomando decisiones de ajustes y cambios”, expresó David en entrevista con Clímax en Medio.
Uno de los retos más importantes para el director y actor ha sido separar ambas responsabilidades, pues comentó que hay decisiones que debe tomar desde uno de los dos roles, pero eso mismo le dio libertades distintas a lo que estaba acostumbrado.
“Una vez que logré eliminar esa narrativa de que dos personas dentro de mi cabeza estaban discutiendo, accedí a una libertad que no conocía, que tiene que ver con la conciliación, el deseo y le concedió espacio de acción a mi ser actor”, dijo.

Vigilancia, algoritmo y ultraderecha: La intimidad bajo el asedio del autoritarismo contemporáneo
Como lo había mencionado antes, Azul Bosques se desarrolla en una distopía donde el sexo es la única motivación estable, ya que para acceder a él, hay que producir. Por la obra se navega entre tres personajes a través de un solo cuerpo, en este universo autoritario donde el deseo sexual sirve como control y la vigilancia atraviesa la intimidad.
“Una mezcla de situaciones que me preocupan me llevaron a imaginar la historia: por un lado el avance de la ultraderecha en el mundo; el avasallamiento de la tecnología en la vida privada e íntima; la manera en la que la tecnología va determinando las pulsiones; y el asombro y el miedo ante todo eso. El arte trata de transformarlos en motivaciones”, declaró.
Para el dramaturgo, la vigilancia ya atraviesa la intimidad de las personas en la actualidad, pues toda la codificación emocional que sucede en las personas a partir de lo que ocurre en redes sociales y el algoritmo, que todo el tiempo trata de vender algo, y el tiempo que se le dedica, es muestra que ya la tecnología es parte de la cotidianidad.
“Hay algunos territorios, como presumiblemente podría ser la sexualidad y el encuentro cuerpo a cuerpo, que uno pensaría que siguen lejos de ese control, pero yo no sé qué tan lejos está, por supuesto que la obra busca advertir la caída hacia cierto abismo que de pronto podremos estar teniendo como sociedad. Yo creo que la incidencia de la tecnología y la intimidad es una cosa con la que convivimos hace varios años ya”, señaló.

Humor negro y perturbación política: El impactante cierre de temporada en el Teatro La Capilla
Azul Bosques llegó a su fin el pasado miércoles 29 de julio con dos funciones en el Teatro La Capilla ubicado en la calle Madrid 13, colonia Del Carmén, Coyoacán. Cabe destacar que fue una obra para mayores de 18 años.
“Es un monólogo muy particular que toca acordes de la experiencia artística aparentemente muy visibles, pero que logra unificar la sexualidad, una conversación política de autoritarismo y de ultraderecha. Tratamos de que tenga momentos con mucho sentido del humor, otros más perturbadores y la gente va a pasar por notas que estimulen los sentidos y situaciones de máxima sensibilidad para los personajes”, concluyó.
