Yazmin Jauregui reflexiona sobre los feminicidios en ‘Adriana tristeza’: “Dejar de ser cifra para ponerle nombre”
Hablar de feminicidio desde la escena implica enfrentarse a una pregunta: ¿cómo representar una violencia que ya es suficientemente dolorosa sin revictimizar?
Adriana tristeza, unipersonal basado en uno de los monólogos que conformaban Ánima sola, de Alejandro Román, parte de una investigación realizada en Tijuana sobre un feminicidio ocurrido hace doce años, pero encuentra en esta nueva puesta una mirada distinta.
Después de diez años de trabajar con colectivos y grupos de mujeres, la actriz y productora, Yazmin Jauregui, decidió recuperar este monólogo y llevarlo nuevamente al escenario. Nos cuenta como el tiempo transformó su visión y, con ello, la manera de acercarse a un texto tan doloroso.

La urgencia de una dirección femenina frente a la violencia cotidiana
“Me parecía sumamente necesario tener una visión femenina a partir de una dirección y de una propuesta completamente diferente”, explica. Por eso, este nuevo montaje cuenta con la dirección de Tania Ángeles Begún, quien también trabaja desde una asociación civil dedicada a la no violencia.
La necesidad de esta perspectiva no parte únicamente de una decisión artística. Para la actriz, representar una historia de feminicidio desde México implica asumir una posición frente a una realidad que atraviesa cotidianamente a las mujeres. “No hay manera de colocar este tipo de temas en escena más que posicionándome como mujer mexicana”, afirma Yazmin Jauregui.
Desde esa postura busca el texto narra la violencia que atraviesa Adriana hasta llegar al feminicidio. Sin embargo, “lo que no queremos en escena justamente es sumarle todavía más dolor a algo que visualmente, pues, será imposible de ver”, dice la actriz. La apuesta está entonces en llevarlo “desde la poética, desde lo humano”.

Humanizar la memoria: Recuperar a Adriana más allá de la estadística
Uno de los cambios más importantes está en recuperar a Adriana como persona y no solamente como víctima. En el montaje anterior, explica, la mujer no era nombrada desde quién era antes de ser levantada: qué hacía, con quién estaba, cómo era su vida. Ahora, esa información se vuelve fundamental para construir el personaje.
“Dejar de ser una cifra, sino más bien ponerle voz, ponerle nombre”, señala Yazmin Jauregui.
La intención de humanizar a Adriana también transforma la relación con el público. La obra no busca que quien sale del teatro lo haga únicamente con miedo o con la impresión de haber presenciado una historia terrible. La función se extiende hacia un conversatorio en el que participan especialistas capaces de orientar a quienes quieran hablar sobre situaciones de violencia.

Tejer redes de apoyo: Cuando el teatro se convierte en un punto de encuentro
Para la creadora, este encuentro posterior tiene incluso mayor relevancia que el hecho de subir al escenario. “Para nosotros algo de vital importancia es generar lazos, generar comunidad y generar acciones que puedan ayudar a prevenir ciertas situaciones de violencia”, dijo.
El teatro se convierte así en un punto de encuentro. La obra termina, pero la conversación continúa. “El hecho de poder conversar con toda la gente al final es para mí importante porque se puedan generar redes”, explica.
Esta decisión también parte de reconocer los límites del propio trabajo artístico. Aunque lleva una década vinculada con colectivos y grupos de mujeres, la actriz aclara: “Yo tengo 10 años trabajando con grupos, pero yo no me considero una especialista”.

El reencuentro actoral: Madurez y nuevas herramientas para habitar el dolor
Adriana tristeza también representa un reencuentro personal. La primera vez que la actriz se acercó al texto tenía 27 años y tardó alrededor de un año y medio en llevarlo a escena debido a la fuerza de la investigación y de los materiales que había recibido. Casi una década después, regresa al personaje desde otro lugar.
“Creo que ahora tengo mucha más madurez, tengo más herramientas para poder interpretar un personaje tan completo como lo es Adriana tristeza”, cuenta Yazmin Jauregui.
La diferencia también está en el cuerpo y en las herramientas que ha adquirido como intérprete. La actriz reconoce que ahora cuenta con recursos corporales que antes no tenía y que le permiten enfrentarse de otra manera a un personaje tan complejo.

Recursos audiovisuales y acciones colectivas: La separación de Ánima sola
La nueva propuesta se separa así de Ánima sola, obra que reunía tres monólogos de mujeres atravesadas por distintas formas de violencia. Adriana tristeza recupera únicamente el personaje de Adriana y lo convierte en un unipersonal acompañado de recursos audiovisuales y música.
Cada función se acompaña de acciones colectivas, como un tendedero de ropa donado por distintas mujeres, además de imágenes y otros elementos audiovisuales que amplían la presencia de quienes participan en la construcción de la obra.
Porque si algo atraviesa la conversación con la actriz es la necesidad de que el teatro no sea únicamente un espacio para observar. “No solamente es un acto de vanidad por parte de nosotros como creadores, sino es una preocupación latente que existe por querer hacer que esta situación de vulnerabilidad y de riesgo no se siga replicando”, concluyó Yazmin Jauregui.
Adriana tristeza se presenta todos los martes de septiembre a las 20 horas, en la sala Julián Carrillo, ubicada en Radio UNAM.
