‘Palestina 36’ y el milagro de resistencia detrás de su rodaje: “Hacerla era la forma de lidiar con la oscuridad que nos rodeaba”
La vigésimo novena edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) en 2026 dio un abrazo fílmico a Palestina. En su acto inaugural, en la sede de Guanajuato capital, se estrenó una película que contribuye a poner en contexto lo que ocurre con los atroces hechos de la actualidad.
En un presente donde el ruido mediático suele sepultar la verdad bajo capas de indiferencia, la elección de Palestina 36, la obra cumbre de Annemarie Jacir, como película inaugural, fue un acto de descolonización de la mirada.
Descolonizar la mirada: Palestine 36 como testimonio de resistencia
Al proyectar este filme en el corazón de México, el festival no solo reconoció la maestría estética de Jacir, sino que apostó por una narrativa de resistencia que antepone el pulso de la identidad inquebrantable al análisis técnico frío, recordándonos que el cine es, ante todo, un testimonio de existencia frente al intento de borrado histórico.
En 1936, Palestina se encuentra al borde del colapso durante el Mandato Británico. La resistencia árabe crece a la par que la llegada de refugiados de Europa. El joven Yusuf y la periodista Khouloud ven sus lealtades a prueba en este drama histórico.
“Es un momento crucial en nuestra historia, el primer levantamiento masivo contra el dominio colonial británico. He estado pensando en esto y leyendo mucho al respecto. Me parece increíble por muchas razones. Son los años treinta, y suceden cosas en todo el mundo”, explicó la cineasta Annemarie Jacir cuando presentó el filme por primera vez.
“Es un momento moderno también, y creo que por eso empiezo la historia con Yusuf, que quiere dejar su pueblo. Es un momento en nuestra historia, en nuestra vida, en el que puedes dejar tu pueblo y convertirte en otra cosa. Podrías mudarte a la gran ciudad y decidir cómo quieres ser, en lugar de hacer todo lo que se espera de ti porque tu padre lo hizo, tu abuelo lo hizo”, añadió.

Del parkour en Qalqilya al Teatro Juárez: Karim Daoud y el salto hacia la emancipación
El alma de esta crónica habita en el cuerpo de Karim Daoud Anaya, quien interpreta a Yusuf. Nacido en Qalqilya —una ciudad de Cisjordania asfixiada y cercada por el muro de la infamia—, Karim no aprendió la libertad en los libros, sino en el parkour.
“Era importante contar esta historia y hablar de la memoria colectiva que los palestinos hemos vivido a lo largo de la historia del mundo, porque nuestras raíces en esta tierra son cada vez más profundas. Y nuestra vida actual es el resultado de esa historia”, expresó el actor en Guanajuato.
“La película ha generado mucha expectación en todo el mundo, tanto dentro como fuera de Palestina. Siento que la gente conecta muy bien con ella; transmite emociones diversas: tristeza, esperanza, libertad y una sensación de conexión con nosotros”, agregó.
Para él, cada salto sobre el hormigón y cada acrobacia en el aire eran un desafío físico al encierro sistémico; el parkour era su herramienta de emancipación, un grito silencioso contra las barreras que pretendían limitar su horizonte. Fue esta agilidad, tanto física como espiritual, la que cautivó a su colega Maryam abu Khaled, quien vio en su capacidad de “saltar muros” la esencia misma de la actuación.

El séptimo arte contra el borrado histórico: Una herramienta humana de empatía y conciencia
Gracias a ella, Karim transitó de la libertad del movimiento en las calles de Berlín —su hogar desde 2015— a la libertad de la palabra en la pantalla grande. Este salto desde el asfalto de Qalqilya hasta el escenario del Teatro Juárez simboliza la transición de un hombre que, tras superar los obstáculos del encierro, se convierte en el rostro de una revuelta que hoy, más que nunca, clama por ser escuchada.
“Las películas palestinas se enfrentan a muchos problemas. Es importante que utilicemos estas herramientas, la cámara, para crear algo que trascienda y encontrar siempre nuestro propio camino para hacer cine. No quiero limitarme a decir que no podemos hacer nada, creo que contamos con herramientas poderosas, como el séptimo arte, que transmiten un mensaje fuerte, capaz de llegar a personas de todo el mundo”, expresó.
El actor llegó a la capital guanajuatense con una postura mesurada y humilde a pesar de la tragedia que se vive en su país. Considera que el séptimo arte puede ser una herramienta poderosa para alcanzar cierto nivel de empatía:
“Es importante que mostremos la perspectiva del pueblo palestino. Al final, el largometraje queda en manos del público. La cuestión de Palestina no es fácil, especialmente en estos momentos. El genocidio sigue ocurriendo. Todo ese movimiento sionista, racista y sistemático que surgió en aquella época, nos sigue perjudicando”, expresó.
“Ahora, tanto en Cisjordania como en Gaza, y en todas partes, hay mucha tensión y muchos ataques contra el pueblo palestino, ya sea en sus aldeas, en sus trabajos o en su vida cotidiana; su realidad está cada vez más restringida. Incluso la libertad de movimiento está limitada”, sumó. Y manifestó que “el cine nos une, crea conciencia entre la gente y responde a esas preguntas humanas que nos planteamos en la vida diaria”.

La génesis de un levantamiento olvidado: El Mandato Británico y la Gran Revuelta Árabe de 1936
Annemarie Jacir nos traslada a la Gran Revuelta Árabe de 1936, el verdadero “crisol de la identidad palestina”. Mientras la narrativa oficial suele fijar el inicio de la tragedia en la Nakba de 1948, Jacir retrocede una década para desenterrar las raíces del control colonial.
Es aquí donde la película Palestina 36 adquiere un peso histórico demoledor al introducir la figura de Charles Tegart (Liam Cunningham), el oficial británico arquitecto de los muros y métodos de tortura que sentaron las bases de la ocupación moderna. Jacir realiza una reapropiación de la historia, contrastando su visión con el mito de la “tierra vacía” propagado por cintas como Éxodo (1960).
Frente a la propaganda deshumanizante, Palestina 36 nos muestra una sociedad vibrante en lugares como Lifta y Al-Bassa —aldea que inspira la masacre retratada en el filme—, donde campesinos, estibadores de Jaffa y la élite intelectual de Jerusalén soñaban con un futuro soberano. Sobre esta urgencia de mirar al pasado británico, Jacir declaró para Deadline:
“No se ha contado ninguna historia sobre el mandato británico, al menos no desde una perspectiva palestina… Para mí, es fundamental. Fue un momento trascendental en nuestra historia, un momento crucial que sentó las bases de todo lo que sucedió antes de la guerra palestina de 1948 y todo lo que vino después. La situación de ocupación militar, con todos sus detalles, fue orquestada por los británicos”, dijo.

Annemarie Jacir, la voz del cine en Palestina
Este pasado no es una reliquia, sino un espejo donde se refleja el actual sistema de control que la directora disecciona con valentía.
“Vivo en Palestina. La situación de ocupación militar, con todos sus detalles, fue orquestada por los británicos. Es el modelo para lo que vivimos ahora: puestos de control, castigos colectivos, escudos humanos y métodos de tortura. Por eso, me pareció interesante y me aseguré de que la historia siempre se sintiera actual y relevante”, expresó.
Jacir, quien además es poeta, ha escrito, dirigido y producido más de dieciséis películas. Se han estrenado en Cannes, Berlín, Venecia, Locarno, Rotterdam y Toronto. Es reconocida por ser la primera mujer palestina en dirigir un largo de ficción, titulado La sal de este mar (2008); Cuando te vi (2012), su segunda cinta, representó a Palestina en el Oscar.
Palestina 36 se estrenó mundialmente el 5 de septiembre del 2025 en el Festival de Cine de Toronto y fue seleccionada como candidata de Palestina a Mejor Largometraje Internacional en el Oscar, dónde logró entrar en la preselección de finalistas. Fue galardonada en Tokio y Sao Paulo.

El dilema de los ojos azules: Autenticidad, diversidad estética y resistencia en el reparto
La búsqueda de la autenticidad en el casting de Jacir desafió los estereotipos visuales que a menudo se imponen sobre el pueblo palestino. Al descubrir a Karim Daoud Anaya, la directora se enfrentó a un dilema: sus ojos azules.
Aunque inicialmente buscaba un Yusuf de rasgos más oscuros, la profundidad interpretativa de Karim la llevó a una decisión que resalta la complejidad humana: mantuvo a Karim y pidió al legendario Saleh Bakri (quien interpreta a Khalid) que usara lentes de contacto marrones para lograr la coherencia familiar.
Esta elección estética es un manifiesto: la identidad palestina no es un monolito estético, sino una diversidad rica y resistente. El rodaje mismo fue un campo de batalla político; Karim y Jacir no pudieron reunirse en Haifa debido a la denegación de permisos por parte de las autoridades, obligando a que la preproducción ocurriera bajo la sombra de la restricción en Cisjordania. Tras la ovación en Guanajuato, Karim señaló a EFE:
“Frente a los intentos de eliminar al pueblo palestino, el cine es una forma de preservar nuestra historia, cultura e identidad. Estamos cansados y frustrados, pero también nos negamos a aceptar el genocidio o la visión enemiga de la historia”, comentó.

Rodar entre misiles y posponer el rodaje: El milagro de producción tras el 7 de octubre
Filmar Palestina 36 fue un “milagro de resistencia” en medio de un conflicto activo y el apartheid imperante. La producción fue una odisea de obstáculos: el pueblo restaurado minuciosamente cerca de Nablus fue tomado por colonos armados, obligando al equipo a huir hacia Jordania.
Allí, en un acto de justicia poética y botánica, Jacir ordenó plantar cultivos de algodón y tabaco, plantas que hoy los palestinos tienen prohibido cultivar legalmente en su propia tierra.
Para la cineasta era importante que hubiera una conexión entre el presente y el pasado, por eso hubo una investigación profunda que vivió con su equipo: “Algo interesante que también hicimos fue plantar cultivos. Teníamos un equipo de jardinería que se encargaba de recrear cultivos y arbustos de la época”, explicó.
“Por ejemplo, ya no se cultiva algodón ni tabaco. Así que hice que los extras y los actores tomaran lecciones de recolección de algodón y de cómo hacer pan de la manera tradicional, aunque eso no se vea en la película. Todo formaba parte de la preparación del reparto y los extras”, sumó.

Soldados británicos para retratar el lado opresor
Este nivel de veracidad llegó a ser incómodo al momento de retratar el lado opresor en Palestina 36: “Trajimos a un soldado británico para que les enseñara a comportarse como un soldado británico. Yo no estoy en el ejército. No somos militares. No sé cómo sostener un arma. Así que trajimos a este experto militar británico, y estuvo con nosotros en el set”, contó la cineasta.
“Reunimos a todos los extras de aspecto europeo que pudimos encontrar, ya que no podíamos permitirnos traer extras profesionales, y la mayoría eran hombres que trabajaban con organizaciones de derechos humanos. Se integraron al equipo, y el soldado les dio entrenamiento militar, ¡pero algunos renunciaron porque era muy estricto! Pero bueno, lo logramos”, añadió.
Pero la película va más allá de lo que se presenta en pantalla. El proceso creativo fue afectado directamente por la invasión de Gaza el 7 de octubre del 2023 por parte del grupo de Hamas desde la Franja de Gaza hacia el sur de Israel, el cual dejó unos mil 200 muertos y 250 rehenes.
“Fue un confinamiento total después del 7 de octubre. No podíamos comunicarnos entre nosotros ni con el pueblo, después de haber pasado casi un año preparándonos para este momento. Estábamos a solo siete días (de empezar a rodar) y ahora todo se había esfumado. La logística parecía extraída de un diario de guerra: el equipo debía correr a los refugios ante el paso de misiles”, contó la cineasta.

“Se volvió peligroso tener al equipo en Palestina”
La realizadora recuerda ese momento como un trauma en sí mismo: “Se suponía que toda la película se rodaría en Palestina, y para eso nos habíamos preparado durante un año, preparando todas las locaciones y todo. Todo era Palestina. Después del 7 de octubre, perdimos nuestras locaciones. El pueblo que habíamos restaurado, las plantas y los cultivos que habíamos sembrado allí, lo perdimos todo. No pudimos regresar. Era demasiado peligroso”, dijo la cineasta.
“Ya había cierta tensión antes, pero era manejable, y luego se volvió imposible. Era peligroso poner al elenco o al equipo allí, y las cosas estaban empeorando en la región. Así que, al principio, esperamos a ver qué íbamos a hacer, y también estábamos muy pendientes de las noticias y de la situación”, continuó.
“Y luego finalmente tuvimos que ir a Jordania y recrear otro pueblo y empezar de cero y reconstruir todo de nuevo, sembrando y todo lo demás. Por eso parte de la película se rodó en Jordania: era más seguro cuando fuimos allí, pero luego las cosas se extendieron por la región. Y ahora teníamos misiles sobrevolando nuestras cabezas, y tuvimos que detener la producción y luego reiniciarla”, complementó.
La tierra como único vínculo: El rechazo a filmar en Europa y la obstinación de Annemarie Jacir
A pesar de que los inversores de Palestina 36 presionaron para rodar en entornos seguros como Malta, Grecia o Marruecos, la obstinación de Jacir por la tierra fue inamovible. En una entrevista con The Markaz Review (TMR), explicó:
“Insistí mucho porque algunos de los inversores querían que la terminara en otro lugar, como Grecia, Marruecos o Chipre. Y simplemente no podía, tenía que terminarla en Palestina. Pensaba: ‘Es importante. La tierra es importante para la película. Es una película coral con todos estos personajes, pero lo único que tienen en común es la tierra’”, dijo la cineasta.
“Esto es lo que nos une a todos. Por eso, es importante para mí ver esas piedras y esos elementos culturalmente específicos. Quizás alguien que no sea de la región no vea esas diferencias, pero nosotros sí, y creo que son importantes”, agregó.

“Hacer la película era la forma de lidiar con la oscuridad que nos rodeaba”
Una vez que se detuvo el rodaje de Palestina 36 hubo una pausa que se fue prolongando y al mismo tiempo en el equipo de producción se iba germinando una necesidad de concluir la película. Era un propósito en conjunto para poder llevar la conversación a otros lados del mundo.
“Tuvimos conversaciones iniciales con el equipo. Yo decía: ‘Vamos, esperemos a ver qué pasa. Quizás tengamos unos días para rodar’. Los días se convirtieron en semanas. Las semanas en meses, y finalmente comprendimos que tendríamos que rodar parte de la película en otro lugar”, comentó la cineasta.
“En cuanto a la motivación, no fue tan difícil porque estábamos todos tan devastados por lo que estaba pasando y nos sentíamos tan desesperanzados que realmente se convirtió en algo que sabíamos que teníamos que hacer. Íbamos a hacerlo pasara lo que pasara. Era una forma de lidiar con toda la oscuridad que nos rodeaba, concentrándonos en este proyecto y aislándonos”, explicó.

Jeremy Irons, archivo coloreado y la estela de asombro de Palestine 36 en el GIFF
El impacto de Palestina 36 en el GIFF 2026 consolidó su posición como la apuesta oficial de Palestina para la pasada 98.ª edición de los Premios Oscar. El filme, que ya venía laureado de los festivales de Tokio y Sao Paulo, dejó en Guanajuato una estela de asombro por su factura técnica y humana:
- Reparto internacional de élite: La cinta cuenta con Jeremy Irons como el Alto Comisionado, Liam Cunningham y Robert Aramayo, este último reciente ganador del BAFTA por I Swear. “Irons solo aparece tres veces en la película. Pidió leer el guion. Lo leyó y dijo: ‘Si les sirve de ayuda que yo esté ahí, me gustaría estar’. Por supuesto que me sirvió de ayuda. Estábamos en plena fase de financiación, y contar con Jeremy Irons en el reparto era increíble”, dijo la realizadora.
- Memoria coloreada: La dirección de fotografía de Hélène Louvart logra una integración perfecta con material de archivo original de los años 30, limpiado y coloreado para devolverle la vida a la Palestina de la preguerra.
- El peso de la realidad: Durante el rodaje, algunos actores sufrieron desmayos por la carga emocional y a otros se les negó la entrada al territorio por motivos políticos, convirtiendo cada fotograma en una victoria contra la censura.
“Vivimos, y seguimos viviendo, en el momento más oscuro de toda nuestra historia, y hemos tenido muchos momentos oscuros. Así que, para todo el equipo, para mí y para mi equipo, buscamos la luz y hacer algo en este momento, y no sentir desesperanza ni desolación”, expresó la cineasta Annemarie Jacir a Deadline.
“Pero aún estamos procesando todo esto, y creo que llevará mucho tiempo. Claro que esta película se siente actual, pero también está ambientada en los años 30. Y no sé si estamos listos para hablar o abordar lo que está sucediendo ahora, porque es extremadamente doloroso”, agregó.
Más que una película de época: Memoria viva, intimidad y el anhelo de una Palestina libre
La crónica de este filme concluye con una secuencia que ya es icónica: un tren tomado por revolucionarios, una escena de épica clásica que en manos de Jacir se transforma en un grito contemporáneo. Al final, Palestina 36 no es una elegía por lo perdido, sino una memoria viva que respira.
“Es una gran película de época, pero no me interesa la parte principal. Me interesa lo íntimo y las relaciones que las personas tienen entre sí, y cómo la gente común se encuentra en una situación que no buscó. La política y la historia nos cambian, y pueden afectarnos a cualquiera en cualquier momento”, expresó la cineasta.
“No lo buscamos; simplemente sucede. Tomamos decisiones en la vida, y tal vez sean las decisiones equivocadas, tal vez las correctas, pero es lo que nos pasa. Y para mí, esa es la esencia de la historia: este grupo de personas en este momento y las decisiones que toman”, agregó.
Para la artista hay una conversación necesaria pero no obligatoria. Tiene la expectativa de que haya un interés genuino sobre lo que ocurre en Palestina: “Espero que la gente lo entienda, y que también comprenda cuál es nuestra perspectiva en este momento”, dijo.
“Creo que la gente suele escuchar el punto de vista contrario y crece oyendo la versión de los vencedores, de los que ganaron, pero hay muchísimas historias diferentes que contar. Y cuando veamos esto a nivel global, espero que sea una perspectiva a la que la gente esté abierta”, concluyó.
Como bien dijo Karim en el Teatro Juárez, la meta es que cada espectador recomiende la película a su vecino, expandiendo la onda de solidaridad. El filme termina, pero el mensaje permanece: una “Palestina Libre” no es solo un anhelo político, sino el acto final de una narrativa que se niega a ser derrotada.
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