‘La guerra de los últimos’: El oscuro mundo postapocalíptico de Ridley Scott con un problemático discurso
¿Qué pasa cuando el mundo se acaba y, después de sobrevivir, ya no tienes realmente una razón para seguir viviendo? Esa es una de las preguntas que plantea La guerra de los últimos, la nueva película de Ridley Scott, una historia postapocalíptica que, más que concentrarse en explicar cómo terminó el mundo, se detiene a reflexionar sobre cómo una persona puede vivir en un mundo donde ya no hay conexiones humanas.
La película sigue a Hig, interpretado por Jacob Elordi, uno de los pocos sobrevivientes de una misteriosa gripe que devastó a buena parte de la población. Aislado en un aeródromo de Colorado, Hig comparte su vida con Jasper, su perro, y Bangley, un hombre interpretado por Josh Brolin que representa una visión mucho más desconfiada y violenta de la supervivencia.
El aeródromo se ha convertido en una especie de refugio: tienen comida, agua, electricidad, armas y un avión que Hig utiliza para vigilar los alrededores y salir en busca de medicamentos y provisiones.

El hastío de sobrevivir: La peligrosa quietud antes de abandonar el refugio
Hig tiene todo lo necesario para sobrevivir. Sin embargo, algo comienza a cambiar en él. Las rutinas, el aislamiento y los recuerdos de la vida que perdió empiezan a pesarle y aparece una necesidad cada vez mayor de encontrar a otros sobrevivientes. Esta necesidad se incrementa cuando su avión intercepta un mensaje, por lo que decide dejar la “comodidad” de su refugio para salir a buscar contacto humano.
Esta es, probablemente, la parte más interesante de La guerra de los últimos. Ridley Scott no tiene demasiada prisa por llevarnos de una secuencia de acción a otra. En cambio, se toma largos momentos para mostrarnos a Hig volando, recorriendo espacios abandonados o simplemente conviviendo con Jasper.
Para quienes lleguen esperando una cinta apocalíptica llena de acción, esto puede resultar bastante tedioso. Hay escenas en las que prácticamente no ocurre nada y que parecen existir únicamente para que podamos experimentar el aislamiento del protagonista.

El peso del pasado: Jasper y el letargo narrativo que desafía al espectador
Scott intenta transmitir el hastío de un hombre que ya sobrevivió al fin del mundo, pero que se encuentra completamente solo y no consigue desprenderse de su pasado. Hig perdió a la persona que amaba y vive rodeado de objetos y lugares que constantemente le recuerdan la vida que alguna vez tuvo.
La relación entre Hig y su perro es fundamental para entenderlo. Jasper no es solamente su compañero en este mundo destruido; también representa uno de los últimos vínculos que Hig conserva con su vida anterior.
El problema es que la película lleva tanto tiempo intentando transmitirnos el hastío de su protagonista que, en determinados momentos, termina provocándolo también en el espectador. Una cosa es que entendamos que Hig está cansado de su vida y otra es que nosotros terminemos cansados de verla.

Choque de ideologías: La esperanza de una comunidad frente a la paranoia armada
La película se vuelve mucho más interesante —aunque también más problemática— cuando Hig decide buscar a otros sobrevivientes.
Desde el principio existe una diferencia clara entre él y Bangley. Mientras Hig todavía cree que es posible encontrar una comunidad y reconstruir algún tipo de vínculo humano, Bangley desconfía prácticamente de cualquiera que esté fuera de su refugio.
Es una especie de choque entre dos maneras de entender el mundo después del desastre, para uno, sobrevivir significa volver a encontrar a otros; para el otro, sobrevivir significa mantenerse armado y evitar a cualquiera que pueda representar una amenaza.

El fantasma de la xenofobia: La deshumanización del otro en tiempos políticos complejos
La guerra de los últimos parece querer hablar sobre el aislamiento, la xenofobia y el miedo al otro, de ahí que Hig tenga esa necesidad de tener contacto con otras personas e incluso darles toda la ayuda posible. Por su parte, Bangley no sólo se mantiene alejados sino que incluso llama “cucarachas” a quienes están fuera de su refugio.
No obstante, la cinta olvida todos los ideales de Hig, cuando se trata de los grupos sobrevivientes que vienen de México, los cuales son retratados como bárbaros que no saben dialogar y recurren a la extrema violencia para destruir todo a su paso.
Por eso es difícil no preguntarse qué está haciendo la película con esta representación. ¿Estamos simplemente ante un recurso narrativo para construir enemigos dentro de una historia postapocalíptica o estamos frente a una representación que termina alimentando un discurso antimigrante? La pregunta resulta todavía más incómoda por el momento en el que llega esta película.

Realidad y ficción: El peligroso paralelismo con la retórica antimigrante
La guerra de los últimos se estrena en un contexto en el que Donald Trump ha convertido la migración desde México y el combate al narcotráfico en dos de los grandes ejes de su discurso político hacia nuestro país.
Y aunque sería irresponsable afirmar que Ridley Scott realizó la película como propaganda política o que buscó directamente respaldar esas posturas, el contexto inevitablemente modifica la manera en la que vemos estas imágenes.
Especialmente porque la película parece querer cuestionar el miedo hacia quienes vienen de fuera, pero al mismo tiempo termina mostrando a esos otros como una amenaza prácticamente deshumanizada.
Visualmente, Ridley Scott sigue demostrando porqué es uno de los grandes directores para construir mundos devastados. Los paisajes, los espacios abandonados y la enorme soledad que rodea a Hig funcionan bastante bien.

Una crisis de identidad: Entre ‘The Last of Us’ y la indecisión del guion
Jacob Elordi también consigue transmitir el cansancio de su personaje, mientras que Josh Brolin disfruta mucho más de Bangley y protagoniza algunos de los momentos de acción más efectivos de la película. Margaret Qualley, por su parte, tiene una química increíble con Elordi, por lo que no le cuesta trabajo crear auténticos momentos de conexión con él.
El problema está en el guión. Hay momentos en los que La guerra de los últimos parece querer ser una película sobre el duelo; en otros, una historia de supervivencia; después intenta convertirse en una cinta de acción y finalmente vuelve a hablar sobre la necesidad de encontrar una comunidad.
Todo estos elementos, colocados en una narrativa que inevitablemente recuerda a The last of us o incluso a Exterminio, sobre todo aquel momento en donde llegan a un refugio militar que termina por convertirse en la mayor amenaza de la historia.

El veredicto final: Una gran premisa diluida por cabos sueltos
La guerra de los últimos no es necesariamente el gran regreso de Ridley Scott que algunos podrían estar esperando, pero tampoco es una película completamente fallida. Es una cinta con una idea central bastante interesante: sobrevivir no necesariamente significa estar vivo.
El problema es que tarda demasiado en llegar a esa conclusión y, en el camino, plantea una serie de ejes narrativos que nunca terminan por embonar y ni mucho menos por concluirse.
* Este texto se realizó con la colaboración de Acotación Itinerante.
