Gondwana y una noche histórica para el reggae latino en el Auditorio Nacional: El retorno al ‘Sentimiento original’
A finales de 1987, en la populosa comuna de La Pincoya en Santiago de Chile, Claudio “I-Locks” Labbé fundó Gondwana empujado por la necesidad de transformar la marginalidad y la represión de la dictadura en una trinchera de fe rasta y resistencia espiritual. Tardaron una década de ensayos en salas improvisadas hasta que en 1996 se sumó como vocalista principal un joven llamado Enrique “Quique” Neira.
Juntos editaron la trilogía fundamental del reggae sudamericano —Gondwana (1997), Second Coming (2000) y Made in Jamaica (2002)— antes de que Neira tomara la decisión de partir en 2003 debido a diferencias creativas. Pasaron 23 años de caminos separados, hasta que el fallecimiento del padre de Quique provocó una llamada sanadora con I-Locks que reabrió el canal de la amistad.
El reencuentro que comenzó como una catarsis personal devino en un fenómeno latinoamericano: la noche del martes 22 de septiembre de 2026, la banda chilena se convirtió en la primera agrupación de reggae en habla hispana en agotar las 10,000 localidades del Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

Verde, amarillo y rojo: El arranque apoteósico en el Coloso de Reforma
En las afueras del recinto sobre el Paseo de la Reforma, una marea vestida con los colores panafricanos —verde, amarillo y rojo— atestiguaba la magnitud del hito mientras los revendedores intentaban conseguir entradas de último minuto.
A las 20:30 horas, bajo un diseño de iluminación psicodélico y místico, I-Locks Labbé y Quique Neira salieron a la tarima entre una ovación ensordecedora. El concierto abrió con el instrumental que dio paso a “Jah Children” (Gondwana, 1997) y a la célebre “Reggae is coming” (Gondwana, 1997), piezas elegidas por el grupo para subrayar cómo la música caribeña sirvió para transformar una sociedad abatida en un pueblo con esperanza.
De inmediato, la banda continuó con “Volver a sentir” (Made in Jamaica, 2002) y “Verde, amarillo y rojo” (Second coming, 2000), una oda al “árbol de la vida” y al respeto a la naturaleza conducida por un público que se mantuvo de pie desde el primer segundo.

Emoción, misticismo familiar y la eterna promesa del licuado de mamey
Agotado por el ímpetu pero profundamente conmovido, Neira se dirigió a la multitud tras la ráfaga inicial: “Cuesta decir algo sin dejarse llevar por la emoción tan potente. A nombre de todos aquí en el escenario, gracias por hacer este momento tan bonito; es un precedente de lo que el reggae es capaz de mover”, expresó.
La banda aceleró el pulso con “Pedigüeño” (Gondwana, 1997) y la reflexión sobre la incomprensión en “Nubes del firmamento” (Gondwana, 1997): “Es increíble el reggae como ingrediente. A todo lo que le pongan queda bien”, dijo y añadió “es un buen día México. A pesar de todas las dificultades logramos juntarnos está noche en esta verdadera fiesta. Es un buen día”.
Antes de interpretar su clásico “Dime” (Made in Jamaica, 2002), el vocalista compartió unas palabras entre risas con el público capitalino. “Todavía no he probado mi licuado de mamey porque me dicen que no es temporada… pero no pierdo la esperanza. El licuado de mamey no es una bebida sino un sentimiento, y la siguiente canción tiene algo de eso”, dijo.

Trinchera política y rastafari: Un llamado contra las guerras globales
El segundo bloque celebró la mística del amor puro y familiar que caracterizó la etapa dorada de la agrupación. Neira guió las armonías de “Smile souling” (Gondwana, 1997)—pieza dedicada a la paternidad—, enlazando con tres de las composiciones más esperadas del catálogo: “Armonía de amor” (Gondwana, 1997), “Dulce amor” (Second Coming, 2000) y “Antonia” (Second Coming, 2000).
Esta última, escrita originalmente a finales de los noventa por el entonces baterista Alexcy Cárdenas para su hija por nacer, provocó un coro unánime en el teatro: “Hace tantos años de que no estamos juntos en el escenario y es un hito y esto es para ustedes para que la pasen bonito”, expresó el cantante.
Tras ejecutar “Nuestros sueños” (Made in Jamaica, 2002) y bromear afirmando “a mí me pasa que me ponen reggae y no logro controlar mi cuerpo”, la banda desató el dinamismo festivo de “Chainga langa” (Gondwana, 1997).

El bloque espiritual y el mensaje pacifista
La velada viró hacia un discurso de profunda trinchera política y espiritual con el tramo conformado por “Guerra” (Gondwana, 1997), “Mártires” (Second coming, 2000), “Ignorancia” (Made in Jamaica, 2002), “Irie” (Gondwana, 1997) y “Jah Guide” (Second coming, 2000): “Lo más importante es la gente que se las arregla cada día para salir adelante. Ustedes son lo más importante”, comentó.
Con las tensiones bélicas globales como telón de fondo, Neira proclamó: “No queremos más guerra en el planeta Tierra”, invitando a los asistentes a buscar la libertad de conciencia al margen de las manipulación del poder.
“Si hay algo por lo que vale gastarse la vida es por lo espiritual, por buscar al Dios cerca de ti y no enfrascarte en la política que solo te utiliza. Piensa por ti y lucha por tu libertad de conciencia”, dijo. La ejecución de esta sección confirmó que el sonido del grupo mantiene la vigencia del mensaje rastafari frente a las contradicciones de la sociedad moderna.

El tributo acústico: De Bob Marley al dolor profundo por Víctor Jara
El tramo más íntimo y conmovedor del espectáculo ocurrió en formato acústico. Empuñando su guitarra desnuda, Quique rindió tributo al legado internacional de Bob Marley interpretando “Redemption song”, para después ejecutar “Libertad” (Second coming, 2000) y “Lo que no vivimos”, esta última dedicada a la memoria de su padre fallecido.
“Dicen que no hay nada más revolucionario que un hombre y una guitarra. Si estás soñando con la música dale con fe y dale para adelante. Nunca pensé que algún día iba a recibir el cariño del pueblo mexicano, quizás un día les pase a ustedes”, comentó Neira.
El compromiso histórico de los músicos chilenos se manifestó plenamente al recordar los 53 años del asesinato del cantautor Víctor Jara tras el golpe militar de 1973. Neira interpretó “Un cigarrito” (Resiliente, 2007) y “Te recuerdo Amanda” (Made in Jamaica, 2002), declarando con solemnidad: “Víctor Jara es la referencia; ninguno de nosotros está ajeno a cómo su música logró trascender más lejos. Todos los chilenos tenemos un poco de eso”.

Pincoya Calipso y la emotiva despedida: “Estábamos a tiempo de hacerlo”
El cierre de la noche principal recuperó la exuberancia sonora con “La barca” (Made in Jamaica, 2002), “Alabanza” (Second coming, 2000) y “Pincoya Calipso” (Gondwana, 1997), el emblemático corte donde el grupo rinde tributo a la barriada humilde donde nació la banda en Santiago de Chile.
Antes de interpretar “Felicidad” (Made in Jamaica, 2002), tema durante el cual una botarga de león rasta subió al escenario para bailar con los músicos, Neira selló el valor del reencuentro ante la multitud: “Querido México, dejamos de compartir escenarios hace 20 años y la vida nos trajo a ustedes porque nos dimos cuenta de que estábamos a tiempo de hacerlo”, dijo.
“Fue el público el que hizo que estás canciones perduraran por millones de personas. Ha sido un gusto, ha sido increíble. Nos despedimos. Gracias por venir y hacer historia con un sold out para el reggae latino. Es algo increíble. Que Dios los bendiga. Hasta siempre familia”, cerró. Pero no era todo.

El “Sentimiento original” heredado
Para el encore, la banda regresó a la tarima para entregar la obra cumbre de su carrera: “Sentimiento original” (Gondwana, 1997): “Es la canción que le escribí a mi hijo mayor que es el de los coros”.
La interpretación tuvo una carga emocional especial al contar con Baltazar Neira —hijo mayor del cantante y corista de la formación— ejecutando el solo de guitarra de la composición que su padre escribió a mediados de los noventa. “Solo me queda decir una cosa. Dios bendiga a México, gracias”, cerró el cantante.
Con un Auditorio Nacional iluminado en su totalidad y diez mil voces entonando el himno definitivo sobre el amor sin ataduras materiales, Gondwana demostró en la capital mexicana que las canciones verdaderas son invulnerables al paso del tiempo y que la unión de sus creadores era una saldada deuda histórica.

