‘El día de la revelación’: Encuentros cercanos con otros ET
Luego de 48 años del estreno en México —30 de junio de 1978— de Encuentros cercanos del tercer tipo y de 44 años del estreno —9 de diciembre de 1982— de E.T. El extraterrestre en este país, Steven Spielberg regresa para cerrar su “trilogía extraterrestre” con El día de la revelación, una cinta que pretende encontrar verdades donde solo hay distractores en una sociedad sedienta de algo que la mantenga en paz ante tanto embate de violencia, corrupción e inequidad a nivel mundial.

¿Querrías saber la verdad?
Jugándole un poco a las narrativas vistas desde hace décadas en The X-Files (1993-2018), la película se aleja de lo contado por Spielberg en sus dos primeras obras relacionadas con el tema extraterrestre.
Si bien también toca el asunto de lo que el gobierno de los Estados Unidos oculta y busca constantemente respecto a la vida en otros mundos, aquellas se centraban en la bondad de esos seres que nos veían como mascotas a las que había que tener paciencia porque aún no estamos preparados para dar “el salto” a otras galaxias debido a la naturaleza violenta de la raza humana.
Es por eso que tanto en Encuentros cercanos como en E.T., los extraterrestres no vienen —como vemos en tantas películas hollywoodenses de las décadas de los cincuenta y sesenta— a conquistar el planeta, llevarse a nuestras mujeres o dominar nuestras mentes para esclavizarnos, sino a echarnos un vistazo y observar qué estamos haciendo con nuestro mundo.

La metáfora del Arca de Noé
Incluso, como vemos en esta metáfora del Arca de Noé presente en Encuentros cercanos, se llevan a un grupo de personas altamente preparadas a un viaje —al parecer sin retorno próximo— hacia su civilización avanzada para prepararlas… ¿Prepararlas para qué? Lo que querían era largarse de este terrible planeta.
Ahora, el director decide dar una paternalista lección de empatía al espectador al colocarnos en la perspectiva de la persona común, donde, como dije antes, la humanidad está demasiado sumergida en una realidad alterada, incapaz de ver “la verdad” que se ha ocultado desde siempre: que, según una enorme cantidad de personas alrededor del mundo, somos visitados por seres de otros mundos desde que existe la humanidad en este planeta azul.
Y al decir “común” me refiero no a ninguno de los protagonistas —porque estos tienen esa bella coincidencia de que, al ser estadounidenses, poseen el nivel de superioridad necesario para que los extraterrestres se fijen en ellos y no en, por ejemplo, personas de países en desarrollo, como ocurrió nuevamente en Encuentros cercanos—, sino a la gente de a pie atrapada en uno de los grandes males de la actualidad: las noticias falsas, la sobreinformación y la manipulación del Estado para controlar a la población.

La revelación es un espejo incómodo
Spielberg y su guionista, Koepp, van a lo seguro al construir una historia —y una serie de situaciones— que resultan ser un evidente y constante pastiche de Encuentros cercanos, repartido entre sus personajes y su trama para intentar elaborar un drama humano y social orientado a las nuevas generaciones.
Es así que los personajes de Emily Blunt y Josh O’Connor son una mezcla de la personalidad de Roy Neary (Encuentros cercanos) y Elliot (E.T.), principalmente. Por lo mismo, todos los coprotagonistas que interactúan con ellos son una copia al carbón de personajes vistos previamente en esas dos películas.
Por desgracia, incluso el humor es reciclado, pero, al estar ubicado a casi cuarenta años de distancia, resulta simplón y muy forzado, cayendo peligrosamente en lo woke. Incluso incorpora diversos subtextos sobre escasez, guerra —obviamente ni siquiera mencionan el conflicto palestino—, manipulación informativa, hambruna y otros temas contemporáneos, sin profundizar realmente en ninguno de ellos.

El bufón y la espectacularidad
Algo similar ocurre con el perfil del villano, interpretado lastimosamente por Colin Firth, que parece más un “malo” bufonesco cercano a la animación de Mi villano favorito (con todo y sus minions) que un personaje oscuro y manipulador empeñado en ocultar la “verdad” al mundo entero.
¡Vamos! Resulta mucho más creíble William B. Davis como “El Fumador” de The X-Files que Firth como el berrinchudo y explosivo Scanlon, un antagonista que termina por desinflar gran parte de la tensión que la historia intenta construir alrededor de la gran conspiración.
Por supuesto, hay secuencias muy bien logradas —¡sería el colmo con todos estos años de experiencia! — y otras de una espectacularidad que se agradece en medio de tanto reciclaje narrativo y que, por fortuna, aparecen en los momentos adecuados de la historia.
Simplemente, todo el desenlace de la película hace que valga la pena haber pagado el boleto, la dulcería y hasta el estacionamiento, haciéndonos olvidar, por ejemplo, la posesión psíquica burda (no pude evitar pensar en Peter Griffin de Padre de familia cuando vi a la hija de Bono, Eve Hewson interactuando como poseída con el personaje de Josh O´Connor) o la recurrente persecución de autos tan propia de Spielberg, pero que en esta ocasión provoca que uno extrañe enormemente la huida en bicicleta —incluso cuando vuelan— de E.T.
También se disfruta muchísimo la presencia de Colman Domingo como el rebelde exempleado de la empresa encargada de ocultar secretos de la tecnología extraterrestre; del siempre confiable Josh O’Connor como el elegido por los seres de otros mundos para transmitir la “verdad”; e incluso de Wyatt Russell, que, aun cuando aparece poco, cumple con aquello para lo que fue contratado: ser un personaje de relleno y fácilmente olvidable.

La gente tiene el derecho de saber la verdad
El día de la revelación es porno para los seguidores de Jaime Maussan y los ufólogos en general porque, por si fuera poco, aparece en un momento muy cercano a la supuesta desclasificación de archivos ocultos relacionados con la existencia de vida extraterrestre que ha visitado nuestro planeta y que, desde el incidente de Roswell de 1947, se ha mantenido “oculta”.
Bajo esta premisa, la historia de Koepp y Spielberg se vale de todos los elementos a su disposición para construir una película que mantenga al público nuevo —y también al incondicional del director— pegado a su asiento, disfrutando de una trama que incluye drama, acción y cierta “reflexión” sobre temas que involucran las eternas y siempre efectivas dudas acerca de si estamos solos en el universo o si seguimos aferrados a la creencia de seres superiores —amparados tanto por la ciencia como por la religión— que vendrán a salvarnos en algún momento.
Al final, la película cumple con su objetivo principal: entretener. Y lo consigue con toda la maestría narrativa que Steven Spielberg posee y le sobra.
