Cine en Contexto desnuda ‘El grito’ y ‘Rojo amanecer’ junto a Clímax en Medio: La cámara frente al fantasma de Tlatelolco
Durante los meses más álgidos del movimiento estudiantil de 1968 en la Ciudad de México, una camioneta sin calaveras traseras recorrió las avenidas vigiladas por el ejército.
En el maletero, escondido entre la oscuridad, el joven cineasta Leobardo López Arretche operaba una cámara de 16 mm prestada del CUEC para capturar la represión sin saber que esas tomas se convertirían en El grito, el documental fundacional de la protesta social mexicana.
Décadas después, en las vísperas del 2 de octubre, este tipo de pasajes clandestinos salieron a la luz en una emisión especial del programa Cine en Contexto, conducido por el crítico Saúl Arellano Montoro.
Clandestinidad y refugio: El sacrificio humano detrás del CUEC
Para descifrar las entrañas de este filme y de la icónica cinta Rojo amanecer, la emisión contó con la participación de Ulises Castañeda, director de Clímax en Medio, quien acudió como especialista para desarmar los mitos, las censuras y la trascendencia de dos obras cinematográficas que se negaron a dejar morir la memoria histórica.
El análisis arrancó abordando la gestación de El grito (1976), donde las 80 horas de material bruto filmado por los propios estudiantes del CUEC tuvieron que ser editadas en la más estricta clandestinidad de siete a diez de la mañana para aparentar normalidad académica tras la matanza.
“No es lo mismo documentarse leyendo la fecha que encontrar un testimonio real; ahí la conexión cambia radicalmente”, apuntó Ulises Castañeda al rescatar historias como la de la cineasta Marcela Fernández Violante, quien no solo prestó su vehículo para las filmaciones ocultas, sino que convirtió su hogar en el refugio clandestino donde se resguardaron los rollos de película y los sobrevivientes del Centro Coordinador de Huelga.
El terror en el comedor: Jorge Fons, Xavier Robles y la analogía de ‘Alien’
Entre anécdotas sobre la voz narrativa de la periodista italiana Oriana Fallaci —herida por dos balazos en el edificio Chihuahua— y el trabajo sonoro que reconstruyó la atmósfera de metralla y sirenas, Arellano Montoro y Castañeda coincidieron en que el costo humano del filme dejó una marca indeleble: López Arretche, devastado tras su paso por la prisión del Campo Militar Número Uno, se quitó la vida poco antes del tardío estreno comercial de su obra.
Al trasladar la conversación a Rojo amanecer (1989), la mesa reveló la rocambolesca ingeniería de supervivencia de su rodaje, orquestado bajo la clandestinidad en un foro falso montado en una bodega cercana al Estadio Azteca.
“El monstruo estaba escondido; la genialidad del guión de Xavier Robles y de la dirección de Jorge Fons fue entender, tras ver Alien: el octavo pasajero, que la atrocidad podía contarse desde el terror psicológico dentro de un comedor de clase media sin necesidad de mostrar los tanques en la calle”, explicó Castañeda.
Piratería y censura: La insólita alianza que salvó a ‘Rojo amanecer’
La historia de la película estuvo al borde del colapso financiero a la primera semana de filmación, hasta que el actor y productor Héctor Bonilla encontró un aliado insólito en la estrella del cine de acción Valentín Trujillo.
Fue Trujillo quien no solo financió el proyecto, le dio el título definitivo y envió copias a Los Ángeles para alimentar la piratería y evitar que el Estado la desapareciera, sino que además logró negociar con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari el tijeretazo de dos minutos y doce segundos para permitir su exhibición pública.
A lo largo de la emisión de Cine en Contexto, ambos críticos concluyeron que el valor supremo de ambas producciones radica en su carácter insurreccional frente al olvido y la estandarización del dolor contemporáneo.
El cine como trinchera contra el olvido
“Ambas películas son testimonios del poder que tiene una cámara. A lo mejor estéticamente se les pueden achacar detalles, pero el valor de atreverse como cineasta a enmarcar una tragedia de este tamaño es algo fundamental”, sintetizó Ulises Castañeda.
Por su parte, Saúl Arellano Montoro cerró la conversación invitando a las nuevas generaciones a revisar estos documentos fílmicos sin juzgarlos desde el tecnicismo: “Olvídense de si la luz o la escenografía; lo trascendente es lo que significan. Son obras imprescindibles que hay que ver al menos una vez en la vida para entender de dónde venimos”.
Te dejamos el programa completo de Cine en Contexto.
