Alejandro Santiago y su trazo indeleble: Adiós a un cantautor que símbolo de independencia
El 20 de diciembre de 2025, entre las luces tenues y la intimidad acústica del Café Albanta en el sur de la Ciudad de México, Alejandro Santiago empuñó su guitarra frente a un puñado de amigos y seguidores para ofrecer la que terminaría convirtiéndose en su última presentación en vivo.
No hubo grandilocuencia ni discursos de despedida formal; fiel a la independencia que defendió durante más de cuatro décadas de oficio, el trovador mexicano entonó sus versos entre tragos, complicidad y acordes rasgados con la serenidad de quien conoce de memoria la fragilidad del tiempo.
Meses después, en un gesto de ironía poética y sin dramatismos mediáticos, el compositor cambió su foto de perfil en redes sociales por la célebre pantalla de cierre de los dibujos animados clásicos: “That’s all folks” (“Eso es todo, amigos”).
La guitarra como extensión del espíritu y los orígenes del trovador
Aquella guiñada de despedida precedió su ingreso a una clínica en Cuernavaca, Morelos, donde este martes 22 de septiembre de 2026, tras varios días de hospitalización y batallar contra una dura enfermedad (fuentes señalan que era cáncer), la voz del trovador se apagó a los 60 años de edad.
Nacido el 14 de marzo de 1966 en la capital mexicana, Santiago descubrió en la guitarra una extensión del espíritu desde la infancia. Comenzó su camino en la composición a los 12 años, época en la que escribió “De Don Juan a Caballero”, un tema emblemático que hoy acumula más de tres décadas de trayectoria.
A los 18 años tomó la decisión de volcarse por completo a la música, eligiendo la trova como su vehículo de expresión. Aunque sus primeras presentaciones como cantautor tuvieron lugar en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, fue en Tijuana, Baja California, donde consolidó el inicio formal y profesional de su carrera escénica.

Templando el carácter autoral: Frontera, nostalgia y legado familiar
Fue en la frontera donde terminó por templar su carácter autoral a finales de los años ochenta, absorbiendo la nostalgia del migrante, el desencanto urbano y la poesía de la calle.
Alejandro Santiago explicó que su afinidad con la música es un legado familiar directo: uno de sus abuelos fue músico y el otro, poeta. Este entorno se reforzó en el hogar gracias a su madre, María del Rosario Carrillo Ojeda, quien tocaba el piano y cantaba, y a su padre, un ingeniero civil que ejecutaba el acordeón, la armónica, la guitarra y el piano.
Sobre esta vocación, el cantautor recordó la visión paterna con la que creció: “Él quería que yo expresara mi cultura a través de un instrumento musical, pero no que aprendiera a tocar la guitarra para ganarme la vida”, puntualizó en una entrevista con el diario La Unión de Morelos.
De la trova iberoamericana a Lennon: El universo conceptual de Santiago
En el plano creativo, la propuesta de Alejandro se nutre del legado en español de cantautores como Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Fito Páez y Alberto Cortez, mientras que su vertiente en inglés encuentra inspiración en The Beatles y John Lennon.
Respecto al universo conceptual de sus canciones, el artista definió su alcance: “Le canto a todo lo que rodea mi vida: desde el amor, los acontecimientos sociales y culturales, hasta los procesos históricos, la libertad y la justicia”, afirmó.
A partir de la década de 1990, al margen de los grandes conglomerados discográficos y los circuitos comerciales masivos, llevó su canción de autor por recintos de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.

Arquitectura lírica y el pináculo de ‘Por si no te vuelvo a ver’
A través de siete producciones independientes —En pie de guerra, A tu voluntad, Nómada, Realidad virtual, Quinto elemento, Recuento y Brújula—, el compositor construyó una arquitectura lírica caracterizada por el rigor armónico y un profundo calado existencial.
La trascendencia de su obra alcanzó su cumbre en “Por si no te vuelvo a ver”, composición inmortalizada en duetos memorables junto a colegas como Miguel Inzunza. En ese tema, Santiago destiló la esencia de su filosofía: entender que cada encuentro humano es un acontecimiento único y que el arte de despedirse requiere gratitud antes que amargura.
Como una guía conceptual de su propia vida, la canción exploraba el deseo implícito de dejar un rastro de honestidad en las personas amadas por si el camino se interrumpía antes de tiempo.
Un antídoto contra el olvido: La crónica urbana lejos del panfleto
A través de versos que hoy cobran un matiz profético, la música de Santiago se erigió como un antídoto contra el olvido, transformando el desamor y la brevedad de la existencia en un refugio de dignidad.
El carácter íntimo y a la vez social de sus composiciones le valió el respeto unánime de varias generaciones de cantautores hispanoamericanos.
Canciones como “Cuando dije amor”, “Agua de mar” y “Andrómeda” demostraron su capacidad para capturar las complejidades de la condición humana, transitando del lirismo poético a la crónica urbana sin caer en el elogio fácil ni en el panfleto ideológico.

Filosofía cotidiana y un homenaje monumental de cuatro décadas
Su universo musical se mantuvo siempre fiel a una premisa: cantar a todo lo que rodea la vida cotidiana, convirtiendo la cotidianidad en un territorio de reflexión filosófica.
Esa devoción por la palabra y la amistad quedó demostrada en 2024 con el lanzamiento del proyecto homenaje Cuatro décadas: Cantando a Alejandro Santiago.
En aquella producción, más de 25 artistas independientes se reunieron para reinterpretar parte de su catálogo, celebrando 40 años de una trayectoria construida desde la autogestión, la resistencia cultural y el amor absoluto por la canción.
La exploración constante: Del cine de arte a la influencia de Pink Floyd
Aquel tributo en vida funcionó como el reconocimiento público a un creador que prefirió la libertad creativa por encima de las concesiones de la industria.
En el plano personal y creativo, Santiago cultivó un interés diverso que abarca el cine de arte, de acción y de fantasía, así como la literatura de divulgación científica.
Su horizonte sonoro es igualmente amplio, transitando por la trova, el pop y el rock clásico de las décadas de los 60 y 70, con referentes como Pink Floyd y los mencionados The Beatles: “Un músico que no escucha música deja de nutrirse; es como un chef que no prueba platillos”, reflexionó sobre la necesidad de mantenerse en constante exploración auditiva.
El rigor del oficio: Una advertencia para las nuevas generaciones
Cuando tuvo oportunidad el cantautor dirigió un mensaje a los jóvenes emergentes de la escena musical, exhortándolos a asumir el oficio con rigor, vocación y entrega.
“Invito a las nuevas generaciones a tomar esta profesión con seriedad y pasión. Si no se hace con amor, no tiene sentido. Quien entra a la música pensando únicamente en el beneficio económico, es muy probable que termine abandonándola”, advirtió.
La confirmación de su deceso provocó una ola de mensajes de condolencia entre la comunidad artística de la trova contemporánea mexicana e internacional. En su esquela oficial, amigos y familiares resumieron la huella de su paso por los escenarios.
Condolencias, legado y el vacío físico en la canción de autor
“Su música, su voz, su esencia y su enorme generosidad seguirán resonando en todos los que tuvimos la fortuna de compartir su camino. Nos deja su legado para siempre”.
Colegas como Miguel Inzunza, Fernando Delgadillo y diversos promotores culturales destacaron no solo su maestría como guitarrista y letrista, sino su calidad humana y su disposición permanente para tender puentes entre jóvenes creadores.
El fallecimiento de Alejandro Santiago en Cuernavaca deja un vacío físico en las mallas de la canción de autor, pero consagra un legado poético invulnerable al paso de las modas.
Su partida marca el cierre de una etapa para la trova independiente en México, pero sus canciones permanecen como testimonios vivos de un creador que entendió el oficio de cantar como un acto de entrega incondicional.
