Elton John se despide de México en el Estadio Banorte: El último viaje de Rocket Man
En el invierno de 1969, un desesperado Reginald Dwight metió la cabeza en el horno de gas de su cocina en Londres, agobiado por un compromiso matrimonial al que no quería ceder y por una carrera musical que no lograba despegar.
La oportuna ventilación de una ventana abierta y el consejo de su amigo Long John Baldry lo rescataron del colapso, permitiéndole romper el compromiso y refundar su identidad bajo el nombre de Elton John.
Casi seis décadas después, aquella escena de rescate vital resuena como la piedra angular de un legado que cerró su ciclo en la Ciudad de México: el artista de 79 años —miembro del selecto club EGOT tras conquistar el Emmy, el Grammy, el Oscar y el Tony— se presentó en el Estadio Banorte (Estadio Azteca, nunca te olvidaremos) para entregar la segunda de sus dos noches consecutivas de despedida del público mexicano como parte de la gira Farewell Yellow Brick Road.

El caos de Tlalpan y el funeral imaginario en el piano
A pesar de que el acceso a las inmediaciones del recién remodelado recinto de Santa Úrsula se convirtió en un calvario de tráfico colapsado sobre la Calzada de Tlalpan y andenes del Tren Ligero abarrotados, miles de fanáticos de distintas generaciones lograron ingresar para presenciar el adiós del pianista.
A las 20:10 horas, un trueno sintético y ráfagas de viento emanadas del sistema de audio abrieron el espectáculo cuando Sir Elton apareció en el escenario enfundado en un impecable traje blanco y sus inconfundibles gafas rosadas.
Sin perder tiempo, el músico atacó el piano para abrir la velada con la suite progresiva “Funeral for a friend/Love lies bleeding” (Goodbye Yellow Brick Road, 1973), una pieza de más de once minutos cuya parte instrumental fue concebida por Elton al imaginarse la música que desearía escuchar en su propio funeral, para luego enlazar con la rabia guitarrera de una ruptura amorosa provocada por las desgastantes giras del rock and roll.

Sátira a la industria y la resurrección vocal desde la sobriedad
El ritmo festivo del glam rock irrumpió de inmediato con “Bennie and the Jets” (Goodbye Yellow Brick Road, 1973), la célebre sátira escrita por Bernie Taupin sobre la artificialidad de las estrellas de rock fabricadas por la industria.
Pese a que en su momento Elton se oponía a lanzarla como sencillo por considerarla demasiado extraña, la pieza se convirtió en su segundo número uno en Estados Unidos. Tras hacer retumbar el piano, el cantante saludó al público entre ovaciones.
“Es la hora de tocar para ustedes. Quiero decirles gracias por venir, los extrañamos. Una y otra vez, los amo”, expresó Elton John.

Himnos de la cultura pop y el clímax emocional del Rocket Man
Acto seguido, la melancolía nostálgica tomó el estadio con “I guess that’s why they call It the blues” (Too low for zero, 1983), donde los acordes de piano recordaron aquel reencuentro de la alineación clásica de su banda que lo rescató de la mala racha comercial de los años ochenta.
El viaje cronológico continuó con “The one” (The one, 1992), un hito fundamental en la trayectoria de Sir Elton al tratarse del primer sencillo que compuso y grabó tras ingresar a rehabilitación y alcanzar la sobriedad definitiva.
La balada, interpretada con una serenidad vocal impecable, dio paso a la ligereza luminosa de “Tiny dancer” (Madman Across the Water, 1971).

El aislamiento de la fama y las narrativas crípticas de Taupin
Escrita por Taupin en honor al espíritu libre de las mujeres de California a principios de los setenta, la canción pasó de ser ignorada por las radios por sus seis minutos de duración a convertirse en un himno de la cultura pop tras su icónica aparición en la película Almost Famous (2000), momento desde el cual el británico la volvió un pilar inamovible de sus presentaciones en vivo.
El despliegue de ritmo prosiguió con el sonido funky de “Honky cat” (Honky Château, 1972), inspirado en el estilo de Nueva Orleans y grabado originalmente en el estudio del Château d’Hérouville en Francia.
La atmósfera alcanzó su primer clímax emocional con la llegada de “Rocket man (I think it’s going to be a long, long time)” (Honky Château, 1972).

Sonido virtuoso, catarsis autobiográfica y el fantasma de Marilyn
Inspirada en un cuento de Ray Bradbury sobre la soledad de un astronauta como metáfora del aislamiento que produce la fama, la interpretación incluyó un solo de piano monumental que culminó con el estadio iluminado por miles de teléfonos y a Elton festejando de pie frente a las tribunas.
La narrativa del concierto continuó explorando los matices líricos de Taupin con “Levon” (Madman Across the Water, 1971), la críptica historia sobre el choque generacional de una familia vendedora de globos cuyo nombre inspiraría décadas después el tercer nombre del primer hijo de Elton.
Tras la nostalgia de “Sorry seems to be the hardest word” (Blue Moves, 1976), tema compuesto en Los Ángeles que retrata la agonía de un amor que se desmorona por el orgullo, el escenario se tiñó de sombras dramáticas para ejecutar “Have mercy on the criminal” (Don’t Shoot Me I’m Only the Piano Player, 1973).

Despedida a la vacuidad de Hollywood y el dueto inolvidable
Este corte de culto, que narra la desesperada huida de un prisionero entre perros rastreadores, permitió a Sir Elton y a sus veteranos músicos —como el percusionista Ray Cooper y el guitarrista Davey Johnstone— desplegar un sonido virtuoso de tintes blues que provocó reverencias espontáneas entre los fanáticos de las primeras filas.
La catarsis autobiográfica regresó al recital con “Someone saved my life tonight” (Captain Fantastic and the Brown Dirt Cowboy, 1975), la pieza donde Taupin convirtió en poesía musical aquel intento de suicidio de Elton en 1969 y la salvadora intervención de Long John Baldry para librarlo de un matrimonio forzado.
Acto seguido, los acordes de piano introdujeron “Candle in the wind” (Goodbye Yellow Brick Road, 1973).

Burlas al divismo y el homenaje visual a la cultura mexicana
Originalmente escrita como un homenaje a la trágica soledad de Marilyn Monroe, la melodía reevocó en la memoria colectiva la reescritura de 1997 (“Goodbye England’s Rose”) interpretada en el funeral de su amiga la princesa Diana de Gales, un hito comercial que vendió más de 33 millones de copias y que el artista juró no volver a tocar en vivo salvo a petición explícita de los príncipes Guillermo y Enrique.
El tramo de despedida aceleró el paso con la elegía contra la vacuidad de Hollywood “Goodbye yellow brick road” (Goodbye yellow brick road, 1973), inspirada en El Mago de Oz como símbolo del deseo de abandonar el brillo falso para volver a la vida sencilla del campo.
Le siguió la potencia orquestal de “Don’t let the sun go down on me” (Caribou, 1974), la súplica contra el aislamiento que recuperó en la memoria de los presentes aquel célebre dueto con George Michael en el estadio de Wembley en 1991.

El último abrazo a México con un desfile muy mexicano
Sin dar tregua, la banda atacó el potente hard rock de “The bitch is back” (Caribou, 1974), una autoironía nacida como broma de la esposa de Taupin sobre los arranques de divismo del cantante, que hizo a Elton levantarse del banquillo para bailar e incitar a todo el estadio a ponerse de pie.
Uno de los momentos de mayor comunión cultural aconteció durante la interpretación de “Crocodile rock” (Don’t Shoot Me I’m Only the Piano Player, 1972).
Mientras el estadio entonaba el coro nostálgico del primer número uno de Elton en Estados Unidos, las pantallas gigantes proyectaron un colorido desfile visual con imágenes de trajes típicos de chiapanecas, chinas poblanas, mariachis y camisetas de la Selección Mexicana, gesto que desató una ovación cerrada.

Tendiendo puentes con Dua Lipa y el origen de ‘Your Song’
La fiesta eléctrica continuó con el rock callejero de “Saturday night’s alright for fighting” (Goodbye Yellow Brick Road, 1973), tema inspirado en las peleas de pub de la adolescencia de Taupin, seguido del himno a la resiliencia “I’m still standing” (Too Low for Zero, 1983), cuya energía bailable hizo retumbar las gradas mientras en la pista los asistentes desafiaban la llovizna.
El puente hacia las nuevas generaciones se tendió con “Cold heart” (The Lockdown Sessions, 2021), la mezcla disco-pop realizada por el trío PNAU que fusiona las voces de Elton y Dua Lipa recuperando versos de “Rocket Man” y “Sacrifice”, consolidando un éxito de más de 2,500 millones de reproducciones en plataformas digitales.
La velada alcanzó su punto de cierre definitivo con la emblemática “Your song” (Elton John, 1970).

Un adiós invulnerable al tiempo
Compuesta por Elton en tan solo veinte minutos sobre una hoja manchada de té escrita por un joven Taupin de 17 años, la balada sobre la pureza del primer amor conmovió hasta las lágrimas a miles de asistentes cuando el cantante entonó la icónica estrofa en la que expresa lo maravillosa que es la vida mientras la otra persona está en el mundo, tal como recopila la letra disponible en plataformas de música licenciadas.
Al término de la canción, Sir Elton John se puso de pie junto a su piano de cola, abrió los brazos hacia las tribunas y se despidió con ambas manos mientras un despliegue de fuegos artificiales iluminaba el cielo del sur de la Ciudad de México.
Acompañado por su equipo hasta el extremo del escenario, la figura del legendario pianista se retiró definitivamente de los escenarios mexicanos tras más de seis décadas de trayectoria, dejando tras de sí el eco de una obra que superó los excesos, las modas pasajeras y las barreras del tiempo.

