‘El vocho del averno’: el corto cumbiero y chilango que prendió fuego al Festival Macabro
Esta semana se vivió la 24° edición del Festival Macabro en la CDMX y una de sus partes integrales es, sin duda, la selección de cortometrajes que dan voz a todo tipo de voces en el género, dándoles la oportunidad a varios cineastas a dar sus primeros pasos en el mundo del cine de terror.
Este año, la comedia, lo chilango y el horror se unen en un corto en particular: El vocho del averno, dirigido y actuado por Gerardo Oñate (Tekenchu), con quien Clímax en Medio platicó en medio de las llamas del infierno.

La anécdota que inspiró El vocho del averno
Uno nunca pensaría que un viaje en Uber podría provocar cierta inspiración pero para Oñate ese fue el primer paso para este ingenioso relato.
“Era mayo de 2021, habían empezado las lluvias fuertes en la ciudad, estábamos en pandemia y mi esposa y yo teníamos que salir a un compromiso”, rememoró.
“Tomamos el transporte y el chofer traía death metal a todo volumen mientras nos platicaba que se había certificado como vampiro y satanista en Transilvania con todo y diplomado, lo cual me pareció chingón”, siguió.
De la cumbia al cine de terror chilango
La música fue importante en ese momento: “En ese entonces, escuchaba muchas cumbias mientras exploraba otros géneros que no había escuchado con calma ni detenimiento y mucho menos en cuestión fiesta. Entonces, cuando me bajé le dije al chofer: ‘entonces tú eres el Uber del Averno’ y me contestó que sí, se arrancó y se fue”, recordó.
“Se me quedó eso en la cabeza, me fui a Morelia y decidí hacer una cumbia con ese tema y ahí se quedó un buen rato hasta que decidí hacer el corto que se llamara El vocho del averno. Entonces reconvertimos la rola y así fue que nació este proyecto”, continuó Gerardo.

El pacto con el diablo y la víctima de la historia
De esa anécdota es que surge la premisa del filme: “Me preguntaba entonces qué sería de un conductor que fuera el diablo y anduviera por las calles de la CDMX cazando almas con esta cadencia musical, este sabor humeante de cabaret, desmadre y de chelas”, contó.
“Así llegué a lo que es la víctima, Bartolo, un chavo que se sube al vocho taxi y envuelto en ese ambiente termina por sellar su destino, siendo arrastrado al abrasador e infernal destino que merece. Es un mensaje de karma instantáneo, de cuidado con lo que deseas con un terror cumbiero muy chilango”, explicó.

Kickstarter, estética y raíces del cine de explotación mexicano
La estética de El vocho del averno era algo que su director y protagonista tenía muy claro desde el inicio de la campaña Kickstarter que le ayudó a concretar el corto. “Mucho es culpa de la cumbia”, enfatizó Oñate.
“Eso nos remitía a un tipo de cine que en México se dejó de hacer, esta serie B de explotación, que luego sí hemos visto, pero no traída a contextos nuevos. Entonces, quería utilizar el subtexto del pacto con el diablo, tomar el humor que a mí y a mis amigos nos gusta, que es muy irónico pero utilizar el cine de ficheras”, explicó.
Es por eso que las influencias se fueron derivando solas: “De ahí que usemos el color rojo e incluso tratar de filmar en espacios reducidos con lo que pudiéramos. Entonces, este cine hecho a partir de lo que hay habla también un poco de lo que había en ese entonces, en los ochentas y finales de los setentas que hasta Robert Rodríguez ha intentado hacer”, comentó.

La influencia del Cabaret Barba Azul
“No queríamos hacer un corto que hable de las cosas serias, que está muy bien y que ya hay mucha gente muy buena haciéndolo. Nosotros queríamos festejar quiénes somos, qué colores tenemos, cómo hablamos, pisteamos y un poco qué pensamos. Simplemente remitirnos a esa naturaleza del chilango”, apuntó.
Y qué mejor forma de hacerlo que tomar como base un lugar clásico de la urbe mexicana: el Cabaret Barba Azul: “Si ese no es el cabaret del averno, no me imagino un mejor lugar para serlo”, afirmó Gerardo.
“Finalmente uno cuando va ahí, se da cuenta que de verdad entras a una especie de inframundo. Al pensar en cómo sería el bar al que terminan yendo, donde el diablo está muy bien parado”, comentó.
El cineasta, actor y guionista michoacano resaltó la importancia de este lugar para El vocho del averno.
“El Barba Azul es uno de los aliados más importantes que tiene el cortometraje. Las personas que están detrás del bar estuvieron siempre muy abiertos a que platicáramos”, mencionó.
El simbolismo del color en el corto
“Es una locación cotizadísima, solicitadísima, que la gente, cuando lo ve, lo ubica perfectamente. Lo más importante es que ellos estuvieron siempre a bordo del vocho, desde antes del Kickstarter”, dijo.
“Fuimos con ellos, platicamos esto y nos dijeron que creían que valía mucho la pena hacerlo, que lo mostraríamos muy bien, con mucha dignidad y sobre todo en un entorno que no lo denigra de ninguna manera”, continuó.
“Es un cabaret, forma parte de nuestra historia y eso hay que aceptarlo también como una parte de nuestra realidad y contexto. Siempre estuvieron muy abiertos. Lo más chingón del Barba Azul es que, para los que hacemos cine, llegar ahí es como estar ya en un set con todo montado”, aseveró.
Hablando del azul, ese color existe en uno de los momentos más determinantes del relato. “Todo el cortometraje es rojo, excepto cuando no debe serlo, que es cuando entramos a este mundo desconocido en donde la cosa deja de ser un desmadre y se convierte en lo que realmente es: un pacto con el diablo y la caída al infierno”, explicó.
“Tratamos de utilizar los elementos que teníamos, que eran básicamente lámparas de colores y creamos este ambiente. Y nos gustó mucho pero siempre había de dos, o rojo o azul”, añadió.
Retos técnicos de filmar en un vocho
Uno de los desafíos para Gerardo Oñate fue grabar, justamente, en un vochito la mayor parte del relato: “Eso dependió mucho del equipo que queríamos utilizar, pero sobre todo entendimos que la cabina, el habitáculo de un vocho es pequeñito”, externó.
“Montar una cámara en el soporte que sea tiene complejidad y más porque somos dos personas y uno de ellos viene medio dirigiendo, el otro viene operando y alguien está haciendo foco desde un auto que viene siguiéndonos”, confesó.
“Todo lo que tiene que ver con cine independiente mexicano, sobre todo producciones de este tipo, tienen un reto técnico que busca hacer que suceda en vez de decir ‘no tenemos el dinero’ o ‘no lo vamos a lograr’”, enfatizó.
Para resolver los límites contó con un equipo creativo interesante: “Teníamos a Roberto Chávez, el director de foto, y en su mayoría operador de la cámara que utilizamos, Teníamos un poquito de libertad además de que si soy yo manejando y es real que lo que están viendo es una conversación mientras alguien maneja y el otro güey viene ahí sentado”, dijo.
“Hubo mucho ensayo también, para que a la hora de que nos subiéramos, cada tiro pudiera funcionar y así nada más dimos dos o tres vueltas con la cámara en diferentes posiciones”, sumó.
“La verdad, es mucha planeación detrás, sabiendo que nuestros recursos están limitados pero también entendiendo que se puede hacer cine de la mejor manera y que no fuera un corto donde el director es el que sale y presume y gana los premios”, reveló.
“Quería que se convirtiera en algo de lo que todos pudieran sentirse parte”, complementó el también actor.
El cine independiente como resistencia creativa
Asimismo, el michoacano se mostró agradecido por el apoyo de la gente que decidió subirse a El Vocho del Averno: “Estoy muy agradecido por todo el apoyo que recibimos. Hay cortos que afortunadamente tienen todo para suceder, que bajan recursos y que qué chingón que lo hagan”, comentó.
“De verdad, los admiro porque esa es una montaña que todavía no aprendo a escalar o no he podido ni siquiera comprarme las botas para hacerlo. Pero creo que esto es el cine que me gusta”, declaró.
Es aquí que se exalta también la fuerza del cine independiente mexicano, donde proyectos como éste o No quiero ser polvo de Ivan Lowenberg salen adelante a pesar de tener pocos recursos.
“Guillermo del Toro dice algo que me parece muy chingón: ‘hacer cine es un acto antinatural, las películas desean no vivir, desean no suceder. En el caso del cine independiente mexicano de género y que no va acorde a la agenda, creo que más que antinatural es hasta invocatorio. Tenemos que traer del inframundo estas historias a base de muchísima pasión”, meditó.
“Soy el primero en vender el proyecto, en contagiar a la gente de esto. Lowenberg tenía a su mamá, ¿quién más iba a creer tanto en el proyecto de su propio hijo? En mi caso, invitamos a la gente con la idea de que sabemos hacer cine, sabemos escribirlo y aunque sea por el puro prestigio o nuestra trayectoria, si les llama la atención, atrapa a la gente adecuada”, continuó.
“Entonces primero es crear algo de lo que uno quiera ser parte, de algo que necesita suceder. Esto necesita manifestarse y la gente necesita verlo. Y si hay lana, pues qué chingón”, añadió.
“Hay cosas que valen la pena que existan. Creo que hay posturas respecto al cine, lo que somos y lo que tenemos y las historias que queremos contar que valen la pena que se cuenten. Y en eso estamos tratando de desarrollar nuestra propia voz y de compartirla con la gente”, complementó.
El diablo chilango como alter ego de Gerardo Oñate
Oñate es el mismísimo chamuco en versión chilanga cumbianchera, por lo que el histrión habló de qué tanto hay en este embaucador de su persona.
“El arquetipo del charlatán no tiene mejor representante que el diablo latinoamericano, que no es específicamente malo ni el religioso”, mencionó.
“Este güey está haciendo su chamba que es agarrar a la gente que es mala. Es como un vengador, un superhéroe que está buscando a los culeros, los infieles, los traidores, los mentirosos y a todos esos que vienen a robarnos la papa, como dice Molotov”, agregó.
“Ese güey hace una chamba que tiene que hacer para que suceda lo que él está hecho para hacer. Además, traté de meterle chilanguismos. Pero también pensé que el diablo puede adoptar la forma que él quiera”, expresó.
“Lo más curioso es que no sea el taxista típico pero ¿qué es eso? Tú te subes a un Uber y la gente es de mil colores, hombres, mujeres, lo que decidan ser. Pero creo que lo más chingón es que es una manifestación de esta justicia instantánea y que vale la pena que llegue a aquellos que la merecen”, siguió.
“Hay un montón de mí en él”, se sinceró Gerardo. “Desde el guión, la campaña, la ejecución, tiene todo lo que me gusta”.
“Hay cosas que uno ya las trae un poco adentro o se manifiestan a lo largo de la vida y uno solo imprime mucho eso en su trabajo. En este caso, alguien tenía que salir a decir ‘este es mi proyecto, güey, si quieren creer en él, chingón, yo estoy poniendo la cara’ y esperemos que este cortito nos depare otras historias”, expresó.

Identidad, folclore y un multiverso del inframundo capitalino
Esa idea es algo que le parece muy llamativo al actor, guionista y director de El vocho del averno.
“Estando en el Barba Azul pensé que ahí podrían convivir la Mujer Ajolote, el Hombre Cacomixtle y más. Empecé a pensar en ese multiverso de criaturas infrahumanas pero también del subsuelo de la Ciudad de México que está relacionado con nuestras leyendas, nuestra identidad”, comentó.
“En una de esas, ese es el bar al que van después de hacer sus maldades, o lo que sea que hagan. Creo que es nuestro momento para compartir quiénes somos y qué mejor que con nuestro folclore, música chida y nuestra forma de hablar. A nosotros, eso nos sabe diferente”, añadió.
El futuro del vocho y la carrera de Gerardo Oñate
Finalmente, Gerardo nos habló de cómo va la ruta de este vochito y qué más hay de frente en su carrera.
“Apostamos mucho por una ruta grande dentro de nuestras capacidades. Tratamos de buscar los festivales que creemos que pueden creer en él y hemos encontrado que queda en comedia, terror, entre otros. Me parece que ha encontrado su lugar en la gente, que lo aprecia, valora y entiende”, mencionó.
“Además, ya está listo Tekenchu, el Guardián del Bosque, ópera prima de Carlos Matienzo, película que desarrollamos a partir de un corto que hicimos en el primer rally de cortometrajes del Festival Feratum”, continuó.
“Nos sentamos a escribirlo, lo convertimos en largometraje tratando de tomar lo que mejor funcionaba del corto. Fue escrita por mí y Roberto. Y aparte estoy escribiendo algo que todavía no sé en qué se convertirá, si en libro o guión, pero traemos proyectos que se están moviendo sobre todo en convocatorias de pitch, mucho de género”, concluyó.

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