Twenty One Pilots: Introducción a su novelística forma de hacer música – Primera Parte
“Su misión está al filo de la navaja, si se desvían un poco, fracasará”, advierte Galadriel en el filme El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (2001). Una de las películas favoritas de Tyler Joseph, quien durante el primer episodio del detrás de escena del Takeøver Tour (2021) de Twenty One Pilots, explica lo significante que es esa frase para él.
Aunque en aquellos días Tyler se refirió al complejo proceso por el que la banda y su staff tuvieron que atravesar para volver a los escenarios luego de la pandemia por COVID; es verdad que esa misma frase define el viaje que ha emprendido junto a Josh Dun desde 2011.
Aventura musical con su grado de épica
Así que, del mismo modo que Frodo emprende la aventura junto a su mejor amigo Sam, a quien veremos confrontarlo por sus miedos y dudas en la ficción, Josh se convertiría en el Torchbearer (el portador de la antorcha) para Joseph, la persona que metafórica y literalmente lo ayudaría a sacar el proyecto avante y se convertiría en pieza fundamental tanto arriba como abajo de los escenarios.
Pese a que en 2009 Joseph ya nos dejaba ver ese peculiar predicamento emocional entre la oscuridad y la luz con temas como “Implicit demand for proof” o “Fall away” en el primer álbum homónimo de Twenty One Pilots, entre melodías melancólicas y una voz más dramática –en un álbum más cercano a la sonoridad de “Cancer” o “Sleep” del The Black Parade (2006) de My Chemical Romance–; fue tras la inclusión de Dun que para Regional at best (2011) cambió el ritmo de todo, pues no solo la batería obtuvo mayor protagonismo sino que el tempo comenzó a variar yendo de la balada al rock con guiños de punk, electrónica y hip hop, como si Josh le hubiera impregnado una energía peculiar al proyecto.

Y es que el salto que dieron de la independencia a las ligas mayores, sucedió luego de firmar contrato con Fueled by Ramen –propiedad de Warner Music Group que, para entonces, ya había grabado a proyectos como Jimmy Eat World, Panic! At The Disco y Paramore–, que les valió el perder los derechos sobre Regional at best, provocando su salida del mercado; afortunadamente lograron rescatar cinco canciones del álbum que fueron regrabadas para Vessel (2013): “Guns for hands”, “Holding on to you”, “Ode to sleep”, “Car radio” y “Trees”.
A un paso del siguiene show
Regional at best fue “el primer disco que Josh y yo lanzamos de forma independiente. 14 canciones en tu estudio casero y eso es todo. Pagamos a una empresa para que imprimiera los CD’s y estuvieran listos para que la gente los pudiera comprar en los shows”, explica Tyler durante la transmisión que realizaron en colaboración con la fundación Make A Wish, para recaudar fondos en apoyo a niños que padecen enfermedades terminales, a propósito del décimo aniversario del lanzamiento de Vessel.
“El objetivo de sacar uno de esos discos era tener música para tocar en vivo. Así que no era como un disco grabado profesionalmente, sino que realmente solo era material…” añade Josh a la vez que es interrumpido por Joseph: “algo que la gente podía comprar para tener dinero suficiente para pagar la gasolina para llegar al siguiente show.”
Sin embargo, transcurrió el tiempo y tras firmar con la discográfica, Tyler admite que nuevas canciones habían encontrado su propio lugar: “en el tiempo cuando lanzamos Regional at best y cuando estuvimos listos para lanzar oficialmente nuestro primer disco profesionalmente, hecho con un sello importante, ya habíamos escrito más canciones; es por eso que ‘Semi-automatic’, ‘Fake you out’, ‘Truce’ y ‘House of gold’ no están en el disco antiguo que técnicamente no existe”, dijo.
Salir del purgatøriø
“El sello dijo: ‘¡oye! ¿quieres lanzar el disco tal como está y tal vez podamos remasterizarlo o algo así?’”. A lo que Tyler respondió: “No, tenemos nuevas canciones que queremos grabar en un disco nuevo, pero sacaremos algunas canciones del Regional at best y haremos que sean parte de Vessel”.
“Así que, técnicamente Regional at best no existe porque cae en esa especie de purgatorio del derecho, como estábamos lanzando música de forma independiente y justo cuando firmamos y pudimos sacar música profesionalmente. Sé que a algunas personas puede que no les guste, pero considero a Vessel como nuestro primer disco”, concluyó.

No obstante, es con dicho material que se marca un antes y un después para Twenty One Pilots, pues aunque el sonido y calidad que se aprecia en Vessel es evidentemente mejor, el estilo de la banda que escuchamos en los discos subsecuentes proviene de la evolución que tuvieron en Regional at best, el álbum con el que captarían la suficiente atención para firmar con un sello reconocido dentro de la escena inde y que los sacaría de las sombras para colocarlos bajo los reflectores de la industria.
El hømbre en busca de sentidø
Como si Tyler hubiera coescrito junto al psiquiatra austriaco Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido (1946), carga de reflexiones existenciales cada detalle de su obra que, si bien tienen impacto para él en lo privado, logran trascender a su audiencia; un púbico cautivo que se siente representado a través de su filosofía.
“Siento que los humanos siempre luchan por encontrar un propósito, tratando de descubrir cuál es, justificando su propia existencia… El significado de un propósito para mí es crear algo, ya sea escribiendo letras, pintando un cuadro, expresándome a través del arte, ya sea fotografía, música, teatro o lo que sea…
El propósito de la creación
“No tiene que ser artístico, pero si creas algo y solo tú conoces su significado, ese es el comienzo de tu propósito. Cuando estás solo en la habitación, decidiendo si seguir vivo, puedes decirte: ‘probablemente debería seguir vivo porque soy el único que conoce el significado de eso’. Así que el logo [TØP] anima a la gente a crear. Eso es lo que significa”, asegura el cantante y multiinstrumentista durante una entrevista publicada por el portal Sound Scene Press en 2012, sobre el diseño y significado del løgøtipø de Twenty One Pilots.
Y es precisamente en “Trees” –una de las canciones ‘rescatadas’– en la que recae ese mismo sentido para el fandom: “Canónicamente, es la última canción, la más importante y la más emotiva para mí. Hay una razón por la que es la canción de cierre, es la representación perfecta de finalmente encontrarle propósito y sentido a tu vida”, asevera un fanático a través de Reddit en el canal r/twentyonepilots
Entre conversaciones con Dios
“Para mí, hablando desde la perspectiva de Tyler cuando la escribió, ‘Trees’ no es más que una conversación con Dios. Está dicha desde la perspectiva de alguien que está solo, asustado y cobarde, preguntándole a Dios por qué parece no mirarlo directamente, o por qué parece ausente de su vida en particular. Es una crisis de significado. Quiere conocer a Dios, saludarlo. Pero entonces, al final, cuando Tyler simplemente dice ‘I know, I know, I KNOW’, ese es el momento exacto en que lo hace. Lo encontró”, agrega el usuario.
Por otro lado, la discusión sobre sus letras entre lo poético, lo ficticio y/o religioso es algo que ha impregnado al proyecto de un aire peculiar que logra homologar diferentes pensamientos entre sus seguidores.

“¿Una canción de alabanza? No. Para nada. Un grito de auxilio. Definitivamente sí. Cuando estoy en mi peor momento, me aíslo. Incluso, a veces, literalmente, en silencio entre los árboles. Eso es porque soy un cobarde y no pido ayuda, aunque sé que debería. Creo que alguien va a estar ahí, pero nunca hay nadie. Siempre está en silencio ahí afuera, porque literalmente no hay nadie más que yo…
“Y en esos momentos, cantarla con gente que también ha estado ahí es mágico, incluso si hay quienes se la gritan a su dios también. Lo entiendo. Yo solía hacer eso. Cada quien con lo suyo. He derramado tantas lágrimas con esta canción, y eso es algo poderoso. Y por eso, como ateo, amo a Twenty One Pilots… su música es poderosa y une. Especialmente ‘Trees’”, acota otro usuario en la misma plataforma.
Mundo de emociones
Es en esa ambivalencia interpretativa que el dúo originario de Columbus, Ohio, se apoya para crear un mundo simbólico, algo lo suficientemente sugerente para que el fandom le proporcione sentido propio a sus líricas, haciéndolas igual o más relevantes para el público que para ellos.
De modo que, al igual que la novela de J.R.R. Tolkien, Joseph y Dun recurren a crear un mundo distópico que, con el pasar de cada álbum, fue tomando su propia narrativa en torno a las emociones, haciendo paralelismos con conflictos de una sociedad totalitaria.


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