La salsa inmortal: Fania Sinfónico en Auditorio Nacional
La historia reclama su lugar. Y sus exponentes, los que aún quedan, están para contárnoslo. O mejor que eso, cantárnosla.
El formato sinfónico tal vez se ha vuelto algo trillado, rebuscado, pero sigue creando expectativas altas. Porque sí, sigue causando una experiencia gratificante. Y en este caso, no fue la excepción.
Fania Sinfónico, un show de casi tres horas en el que la salsa reclama su lugar en el mundo, que se presentó el 14 de agosto en el Auditorio Nacional.

La lluvia no detuvo la fiesta
Lluvia cayendo por doquier en la Ciudad de México. Los cuadros del suelo a las afueras del Coloso de Reforma eran pequeños ríos que cubrían el calzado elegante de un público ávido de bailar y cantar canciones del legendario sello neoyorquino fundado por Jerry Masucci y Johnny Pacheco en 1964.
La orquesta mexicana La Soulucion aperturó la fiesta con música de su autoría. Y realmente lo hicieron muy bien, pero la gente estaba ansiosa por escuchar salsa dura, descargas y pregones contestatarios.
Hasta que así fue, nuevos exponentes y legendarios músicos de la Fania se fueron posicionando y presentándose de a uno. Un desfile de talento sobre el escenario del Auditorio Nacional. A esto, se sumó también por supuesto la orquesta filarmónica compuesta por jóvenes músicos mexicanos.

Tributos que pusieron la piel chinita
Luis Perico Ortiz tomó el escenario, su trompeta lista, mientras la orquesta sinfónica afinaba cuerdas y metales. ¡Qué arranque! Los acordes de “Quimbara” explotaron, fusionando la salsa cruda de Fania All-Stars con un toque elegante de sinfonía.
La cubana Lucrecia se encargó de desatar las emociones con un set tributo a Celia Cruz, en la que también se incluyó “Usted abusó”.
Moncho Rivera, sobrino del “Sonero Mayor” Ismael Rivera, dio cátedra con su estilo y voz muy allegado al de su difunto familiar e interpretó “El Nazareno” y más clásicos del que fuera una de los rostros más representativos de La Fania Records.

Entre generaciones y memorias vivas
Tito Allen y Herman Olivera trajeron el alma de los barrios neoyorquinos, mientras los solos de Alfredo de la Fe en el violín dejaron boquiabiertos a los fans. El Auditorio, aunque no estuvo lleno hasta el tope, no paró de cantar y moverse en casi tres horas de pura magia con Fania Sinfónico.
Ligu Texidor a sus 90 años y trajeado todo de blanco, a pesar de ya olvidar algunas letras y coros de sus canciones, el público reconoció su alta trayectoria dentro de la industria, no solo como compositor, sino también como intérprete y productor con la Sonora Ponceña.
Y para rematar una noche con muchas descargas salseras, fue el turno de Joseph Amado, el músico venezolano también conocido por sus grandes tributos a “El Cantante” Héctor Lavoe.

El cierre con Héctor Lavoe en la memoria
Con esto, el público evidentemente no paró de cantar y bailar al ritmo de “Periódico de ayer” y “El Cantante”, canciones que además obtuvieron los arreglos a la medida en sus partes de metales y cuerdas en sinfónico.
Una acto final que además obtuvo la presencia de Nicky Marrero, uno de los más grandes timbaleros en la historia de la salsa, para darle vida a “Mi gente”.
Fania Sinfónico fue más que un concierto: fue un puente entre generaciones, con la salsa viva y latiendo fuerte en cada fan que tomó su lugar en el Auditorio Nacional.

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