Ryan Gosling, el fin del sol y una salvación estelar: El ‘Proyecto fin del mundo’ y su paso por la CDMX
Bajo la cúpula del Domodigital del Papalote Museo del Niño, el aire se sentía cargado de una expectativa que trascendía el simple estreno cinematográfico. La elección del recinto no fue fortuita; situar la presentación de una odisea espacial en un espacio consagrado a la ciencia y la curiosidad infantil subrayó la tesis central de la obra: la supervivencia como un puente generacional. Sin embargo, la sobriedad del museo contrastaba con la efervescencia pop que se vivía apenas unas horas antes en la alfombra roja de Plaza Antara.
Allí, la CDMX se desbordó en un fetiche cinéfilo: fans cargando vinilos de La La Land, juguetes de carros rosados de Barbie y jóvenes enfundados en chamarras de mezclilla al estilo Driver. En ese choque entre el rigor científico y el fervor de las masas, Ryan Gosling emergió no solo como una estrella, sino como un diplomático de la imaginación.

“¡Ryan, hermano, ya eres mexicano!”: Un diplomático de la imaginación
El protocolo se rompió apenas Gosling pisó el escenario del Papalote. Con un esfuerzo genuino por habitar nuestra lengua, soltó un “Mi esposa manda saludos” y un “¿Ok, México?” que desataron el ya icónico cántico “¡Ryan, hermano, ya eres mexicano!”.
El contraste era fascinante: por un lado, el actor que personifica la soledad absoluta en el cosmos; por el otro, un hombre conmovido por el bullicio de una ciudad que lo adoptaba como propio. Esta bienvenida, vibrante y ruidosa, sirvió como el preámbulo perfecto para una película que, en su esencia, trata sobre la búsqueda de conexión en los entornos más hostiles.

El Sol se apaga: La misión suicida de Ryland Grace en el abismo cósmico
En Proyecto Fin del Mundo, la narrativa nos arroja a la deriva junto a Ryland Grace, un profesor de ciencias que despierta de un coma en una nave espacial, rodeado de compañeros que no sobrevivieron al viaje y con una amnesia que lo despoja de su propia identidad.
Bajo el guión de Drew Goddard, la historia establece un abismo existencial: el Sol se apaga. Una sustancia misteriosa conocida como “astrófagos” —seres unicelulares que consumen energía estelar— ha sido detectada viajando entre nuestra estrella y el planeta Venus, amenazando con extinguir la vida terrestre en menos de treinta años.
Grace, a bordo de la nave Hail Mary, tiene la misión suicida de viajar hacia una estrella cercana y saludable para descubrir por qué ella no está muriendo. En este tablero de ajedrez cósmico aparece la figura de Eva Stratt, interpretada por la imponente Sandra Hüller, una agente gubernamental con un poder aparentemente infinito y un corazón gentil oculto tras una coraza de frialdad administrativa.
Lo que diferencia a esta cinta de otros relatos de ciencia ficción es su enfoque epistemológico: la ciencia no es aquí el destello de un genio solitario, sino una “tecnología de coordinación” humana frente a lo inevitable. No es la historia de un hombre que “quiere volver”, sino la de uno que debe encontrar un hogar en la vastedad del vacío.

El límite psicológico de la soledad y la llegada del alienígena Rocky
Para sostener una producción donde el protagonista habita el encuadre en soledad durante gran parte del metraje, se requería una madurez que Ryan Gosling solo encontró tras tres décadas de oficio. El actor confesó que esta interpretación lo llevó a un límite psicológico, evocando las sensaciones de aislamiento vividas durante la pandemia de COVID-19. La soledad frente a la cámara, capturada por la “cinematografía táctil” del maestro Greig Fraser, se volvió una carga real.
“He estado haciendo esto durante 30 años y no creo que hubiera podido hacerlo antes. Necesitaba toda esa experiencia y todas las películas que hice antes para poder hacer esta”, expresó Ryan Gosling.
“Había estado solo frente a la cámara durante tanto tiempo que un día fui con los directores y les dije: ‘Necesito un amigo. Necesito a alguien con quien hablar’. Entonces trajeron a alguien del equipo para pasar el día conmigo. Bailamos, reímos y lloramos. Fue un día muy difícil, pero era lo que necesitaba”, añadió.
Este aislamiento fue mitigado por la llegada de un aliado inesperado: Rocky. La relación entre Ryland y este alienígena eridiano —una criatura de forma arácnida, cuerpo pétreo, sin ojos ni boca, que se comunica a través de acordes musicales— rompe con los tropos del “primer contacto” agresivo. Gracias al trabajo del titiritero James Ortiz, quien también prestó su voz, Rocky dejó de ser un efecto digital para convertirse en un compañero de escena tangible.

Astrofísica con humor: La revolución visual de Phil Lord y Christopher Miller
Los directores, Phil Lord y Christopher Miller, buscando proteger esta química palpable, optaron por efectos prácticos y fondos LED frente a la pantalla verde tradicional, apoyados por el equipo de efectos visuales del ganador del Oscar, Paul Lambert. El resultado es una empatía que desafía la lógica de las especies. Christopher Miller reflexionó sobre este vínculo:
“Podemos imaginar que una roca tiene una personalidad y podemos enamorarnos de ella… Es un recordatorio de que tenemos mucho más en común unos con otros que nuestras diferencias”, dijo el cineasta.
Lord y Miller, arquitectos de la revolución visual de Spider-Verse, imprimen en esta adaptación de la novela de Andy Weir una “disonancia tonal” magistral. En un relato que maneja conceptos de astrofísica y supervivencia extrema, se negaron a sacrificar la ligereza. Para ellos, el drama y la comedia coexisten; el humor no resta gravedad a la extinción solar, sino que hace la ciencia accesible. Miller destacó la versatilidad de Gosling como la herramienta clave para este balance:
“Nuestras películas favoritas te hacen reír y llorar al mismo tiempo… Cuando trabajas con alguien con la versatilidad de Ryan, que puede hacerte reír y llorar al mismo tiempo en una misma frase, hubiera sido una locura no aprovecharlo”, expresó el realizador.

Una constelación para Gosling: El mensaje de esperanza rumbo al estreno
El evento en el Papalote culminó con un acto de alto valor simbólico: la entrega de un certificado que otorga a Ryan Gosling y a los directores una constelación propia, cuyas estrellas forman las siglas “R” y “G”, junto al mensaje “Save Stars”. Este gesto cerró el círculo entre la ficción de salvar una estrella y la realidad de un público que, a partir del próximo 19 de marzo, podrá ser testigo de esta odisea en las salas de cine.
Gosling, visiblemente conmovido, dedicó este trabajo a su esposa Eva Mendes y a sus hijos, elevando el filme a un legado de esperanza. Su mensaje final fue una invitación a la curiosidad:
“El futuro no es algo que temer, sino algo que hay que descubrir. Es un regalo… una historia que de alguna manera nos recordaba de lo que somos capaces como seres humanos”, dijo el reconocido actor.
Al final, la visita de Ryan Gosling a la Ciudad de México fue la crónica de un encuentro entre el abismo del cosmos y la calidez de la tierra firme, recordándonos que, incluso en la soledad más profunda del espacio, el cine sigue siendo el puente que nos permite encontrar el camino de vuelta a casa.
