‘Predator: Badlands’: El audaz giro que transforma al Depredador de villano a protagonista
Tras casi cuatro décadas de acechar en las sombras de la pantalla grande, el Depredador, ese implacable cazador intergaláctico, finalmente dio un paso hacia la luz.
Con Predator: Badlands, la saga se atrevió a romper su propio molde, a invertir su fórmula sagrada, transformando a su icónico villano en un protagonista complejo, vulnerable y, por primera vez, digno de empatía.
Esta no busca ser una simple secuela; es una reinvención audaz, un riesgo calculado orquestado por el director Dan Trachtenberg, quien apostó por otorgarle emociones a una de las criaturas más clásicas del cine.
La decisión de despojar al monstruo de su misterio para explorar su alma representa uno de los giros más valientes en la historia de las franquicias modernas. Pero, ¿cómo se logra humanizar a un monstruo sin traicionar la esencia letal que lo convirtió en leyenda?

La visión de Trachtenberg: Anatomía de una cultura depredadora
Revitalizar una franquicia establecida exige más que efectos especiales de vanguardia o secuencias de acción trepidantes; requiere una visión estratégica que honre el pasado mientras forja un nuevo camino.
Para Predator: Badlands, esa visión recayó en Dan Trachtenberg, quien ya había demostrado su pericia en el universo Yautja con la bien recibida Prey. Su enfoque no fue simplemente contar otra historia de caza, sino deconstruir al cazador mismo.
Trachtenberg tomó la decisión consciente de abandonar el “misterio y la mística” que tradicionalmente rodeaban al villano. Su objetivo era más profundo: explorar la cultura Yautja desde dentro.
En lugar de ofrecer una historia de orígenes que explicara el pasado, buscó sumergir a la audiencia en el presente de una sociedad guerrera con sus propios códigos y conflictos.

Un personaje con cultura
En una entrevista con EFE, el director explicó su filosofía para llevar al Depredador al centro de la narrativa, enfocándose en la riqueza cultural que siempre estuvo implícita en el personaje:
“Siempre he pensado que lo genial del Depredador es que cuando veías su capa, veías que tenía una cultura y un código de honor que contaban una historia de fondo”, expresó el realizador.
“No quería una historia de orígenes, quería que la película fuera una exposición exhaustiva de la cultura Depredadora, y simplemente abrir un poco la puerta para comprender lo suficiente de la cultura Yautja y así entender los sentimientos del protagonista antes de lanzarlo a una prueba de fuego”, añadió.
La inspiración para esta audaz deconstrucción provino, irónicamente, del primer filme de la saga. Trachtenberg no vio esta exploración como una traición al original, sino como una consecuencia lógica de las acciones del primer cazador.
Encontró en el comportamiento del Depredador de 1987 la justificación perfecta para profundizar en su psique. Como señaló en una entrevista con Black Girl Nerds, fue el código de honor de aquel ser el que legitimó la idea de un protagonista Yautja.
“Ninguno de esos otros monstruos de película se habría desarmado para intentar luchar contra su enemigo con honor (…) Las acciones que ese ser tomó en el primer Depredador es lo que realmente abrió la puerta para abrazar más de esa cultura y código”, comentó.
Con esta base, Trachtenberg no solo justificó su visión, sino que la ancló en el ADN de la franquicia. Su misión estaba clara, pero ahora enfrentaba un desafío monumental: encontrar al actor capaz de encarnar a este nuevo tipo de cazador y llevar el peso emocional de la historia sobre sus hombros.

La forja de Dek: Un héroe inesperado con alma de guerrero
Interpretar a un Depredador siempre ha sido un reto físico extremo, pero convertirse en el primer protagonista Yautja de la saga implicaba una carga completamente nueva.
El actor neozelandés Dimitrius Schuster-Koloamatangi no solo debía habitar un traje, sino también un conflicto interno que definiría el corazón de la película. Su viaje para convertirse en Dek, un joven exiliado de su clan, comenzó con un misterio.
Su audición fue a ciegas, sin saber la magnitud del papel para el que se presentaba. La descripción era tan minimalista como intrigante. Como relató a Los Angeles Times:
“Es gracioso porque en las primeras audiciones iniciales no sabía que estaba audicionando para el Depredador (…) Me habían dicho que era solo un personaje como una criatura alienígena y que tenías que inventarlo. Tu propia interpretación”, expresó.
Una vez elegido, Koloamatangi se enfrentó a los rigurosos desafíos físicos del papel. El calor sofocante dentro del traje prostético, las lentes de contacto que nublaban su visión y la restricción de movimiento no fueron obstáculos, sino herramientas.
El actor canalizó esa incomodidad para alimentar la furia inicial de su personaje, un paria resentido. En sus propias palabras a Geeks Of Color:
“Es un poco rabioso al principio. Así que esa sensación de incomodidad en el traje fue útil porque, ya sabes, simplemente te mantiene tenso, te mantiene listo. Y esa es la mentalidad Yautja de todos modos”, dijo.

Un auténtico espíritu de lucha
Más allá de lo físico, Koloamatangi infundió al personaje con su propia herencia polinesia, encontrando un poderoso paralelismo entre la cultura guerrera de sus raíces samoanas y tonganas y la del linaje cazador de los Yautja.
Esta conexión le permitió dotar a Dek de un espíritu de lucha auténtico y profundo. Como explicó a Geeks Of Color:
“En la cultura polinesia, somos conocidos como guerreros (…) Estamos integrados en quiénes somos. Sabes, somos luchadores al final del día, y eso encaja muy bien en la cultura Yautja, porque provienen de un linaje de cazadores”, comentó.
Esta fusión de culturas dio como resultado una de las evoluciones de personaje más significativas de la saga.
Dek comienza su viaje buscando la aprobación de su clan, pero a medida que avanza, su propósito cambia. Su lucha se transforma en una prueba de valía personal, un tema con el que Koloamatangi espera que el público conecte a un nivel universal. Su reflexión en la misma entrevista revela el núcleo emocional de Dek:
“Está demostrando su valía, pero en lugar de demostrársela a su clan, ahora comienza a demostrársela a sí mismo. Así que eso es algo que espero que el público pueda llevarse, solo tener esa resiliencia y la mentalidad para salir de lo que sea que estés pasando”, enfatizó.
Dek, el guerrero roto, no emprendería este viaje en solitario. Su camino se cruzaría con el de una improbable aliada, un fantasma en la máquina que se convertiría en su ancla emocional.

El fantasma en la máquina: La alianza robótica de Elle Fanning
El personaje de Thia no es solo la coprotagonista de Predator: Badlands; es el catalizador del cambio en Dek y el puente narrativo que conecta de forma explícita dos de los universos más icónicos de la ciencia ficción.
Interpretada con una notable dualidad por Elle Fanning, Thia es una androide de la corporación Weyland-Yutani que, junto a su hermana Tessa, establece un vínculo directo y canónico con la saga Alien.
Para Fanning, unirse a una franquicia de esta magnitud representaba la oportunidad de hacer algo completamente inédito. Su entusiasmo era palpable al describir su papel en una entrevista con EFE:
“Creo que lo logramos, un Depredador como protagonista con una sintética como mochila, creo que sí”, destacó.
El desafío físico para Fanning fue único. Pasó gran parte del rodaje con “muy elegantes medias azules”, aprendiendo a caminar sobre sus manos de una manera robótica y sobrehumana.
Además, aportó talentos físicos inesperados que fascinaron al director, como contó a Entertainment Weekly: “Tengo codos de doble articulación, lo cual se muestra en un par de escenas, de lo cual estoy orgullosa. A Dan (Trachtenberg) le encantó eso”.
Sin embargo, el verdadero significado de su personaje reside en la relación que forja con Dek. Su improbable amistad subvierte el credo fundamental de los Yautja.

La historia de una amistad improbable
A través de su conexión, la película explora temas de comunidad y lealtad, desafiando la idea de que la fuerza reside en la soledad. Fanning articuló perfectamente este tema central en su conversación con EFE:
“Se trata de la conexión, porque no puedes hacer nada sin la ayuda de otros. El lema de los depredadores siempre ha sido ‘cazamos solos’ y Dek de algún modo desaprende lo que su familia le enseñó”, dijo.
“Así que creo que en un mundo donde la tecnología puede desconectarnos, necesitamos la conexión humana y eso lo aprendes a través de una criatura y un robot”, destacó.
La profundidad de este nuevo mundo no se detuvo en sus personajes. Se extendió hasta la creación de un lenguaje propio, consolidando la mitología Yautja como nunca antes.

Un nuevo mito para una nueva era: Conexiones y el futuro de la caza
Predator: Badlands no se limita a contar una historia contenida; expande deliberadamente la mitología de la franquicia, sentando las bases para un futuro rico en posibilidades. La película culmina con revelaciones que redefinen el canon y abren la puerta a nuevas y emocionantes direcciones narrativas.
El final introduce un momento de gran peso para la saga: la aparición en acción real de una Depredadora hembra, la madre de Dek.
Esta figura, hasta ahora confinada a los cómics y novelas del universo expandido, llega a Yautja Prime liderando una flota de naves. Dan Trachtenberg explicó a Variety el doble propósito de esta impactante revelación:
“Lo que me encanta de ese final es que funciona como un giro final a la historia que acabamos de ver, pero también crea una expectativa para algo que me parece genial. Sería un elemento muy interesante para incluir”, comentó.
Además, la película confirma de manera inequívoca que los universos de Predator y Alien están canónicamente conectados. La presencia de las androides de la corporación Weyland-Yutani no es un simple guiño.
Esto marca la primera vez que Predator establece un vínculo narrativo explícito con Alien, más allá de los encuentros entre especies vistos en Alien vs. Predator y Aliens vs. Predator: Requiem.
Según el propio Trachtenberg, Predator: Badlands se sitúa en el punto más lejano del futuro de ambas líneas temporales, consolidando una mitología compartida que va más allá de los crossovers anteriores.

La conexión con otras películas
Trachtenberg confirmó que la película se sitúa incluso más allá de Alien: Resurrection, que estaba ambientada en el año 2381.
Para el futuro de la saga, Trachtenberg adopta un enfoque paciente y metódico, comparándolo con las primeras fases del Universo Cinematográfico de Marvel, donde cada película funcionaba como una entidad propia antes de la gran convergencia.
Su objetivo es construir un universo sólido a partir de historias individuales y potentes. En una entrevista con Tomatazos, detalló esta estrategia:
“Cada película es una idea completa, algo parecido a las primeras películas de Marvel antes de la primera de los Vengadores, donde pensábamos: ‘Son películas geniales’, y de repente, ¡sorpresa!, estábamos preparando el terreno para que todo encajara de una forma deliciosa”, expresó.
La familia que se elige en el planeta más letal
Debajo de criaturas salvajes, combates y sangre verde, Predator: Badlands late por un tema muy simple y universal: la familia que eliges.
El verdadero triunfo de la película no reside en sus espectaculares secuencias de caza ni en la expansión de su mitología, sino en su corazón emocional.
A través de Dek, Thia y el pequeño Bud, tres seres rotos, rechazados o huérfanos, la cinta demuestra que la fuerza no reside en la crueldad. Su evolución invierte el lema del “depredador solitario” para convertirlo en líder de manada.
Es en este nuevo “clan”, forjado en la adversidad del planeta más letal, donde el Depredador encuentra un nuevo propósito basado en la conexión, la lealtad y la protección mutua. Predator: Badlands no solo ha revitalizado una franquicia; le ha otorgado un alma inesperada.
