Ofrenda a cinco voces: Homenaje a los críticos de cine que perdimos en 2025
El año 2025 quedará grabado en la memoria del periodismo cultural como un período funesto, un ciclo de pérdida irreparable que ha enlutado a la cinefilia mexicana.
En apenas unos meses, hemos visto cómo se extinguían, una tras otra, voces que, para quienes hemos dedicado la vida a este oficio, eran faros y puntos de referencia ineludibles.
Este texto no es una crónica de la tragedia, sino un simple homenaje; una ofrenda que, en el marco simbólico del Día de Muertos, busca recordar a cinco figuras clave cuya partida ha dejado un silencio colectivo, un vacío inmenso en la conversación cultural de México.
A continuación, recordaremos a cada uno de ellos, no para lamentar su ausencia, sino para celebrar la permanencia de su legado, la luz que sus palabras seguirán arrojando sobre las pantallas del futuro.
Las voces que partieron: Un recuerdo individual
Aunque la pérdida es colectiva, el impacto de cada ausencia debe medirse en su propia dimensión. Cada uno de estos periodistas poseía un estilo, una pasión y una trayectoria únicos que enriquecieron de manera distinta el panorama crítico nacional.
Olvidar su individualidad sería traicionar la diversidad de pensamiento que ellos mismos defendieron. Por ello, es imperativo recordarlos uno a uno, para comprender la magnitud del mosaico de talento que hemos perdido.
Carlos Bonfil: El maestro de la crítica elegante
Carlos Bonfil fue, ante todo, un intelectual de gran peso en el ambiente cinéfilo, un hombre cuyo nombre era sinónimo de rigor y lucidez.
Su pluma, de una elegancia literaria casi victoriana, era un instrumento preciso que combinaba el análisis profundo con una defensa inquebrantable de la libertad en todas sus formas.
Fue una figura respetada y constante en el diario La Jornada, donde publicó regularmente desde 1990. Estudió literatura francesa en la Universidad de París IV y compartió su vasto conocimiento como profesor en la UNAM.
Su trabajo se distinguió por explorar las implicaciones sociales, culturales y políticas de cada obra cinematográfica, invitando al público a una reflexión más profunda.

Voz fundamental
Es autor o coautor de libros clave para la historiografía del cine nacional, como Al filo del abismo: Roberto Gavaldón y el melodrama negro y A través del espejo: el cine mexicano y su público, este último junto a Carlos Monsiváis.
El estilo de Bonfil era inconfundible: una prosa juiciosa y elegante, de carácter wildeano, evidente en su mordaz cuestionamiento a la censura y al puritanismo que enfrentaron cineastas como Gavaldón. Prefería la ironía para atacar y la sutileza para halagar.
Fue un perpetuo “aliado de la libertad”, ya fuera sexual, política o estética, y su integridad y honestidad intelectual lo convirtieron en una verdadera escuela para las nuevas generaciones de críticos.
Su partida en junio marcó el inicio de un verano funesto, que tan solo unas horas después nos arrebataría a otra figura emblemática del periodismo cultural.
Pepe Návar: La enciclopedia andante de la cultura pop
Si Bonfil representaba la alta crítica, Pepe Návar era el cronista de a pie, el apasionado coleccionista y “traficante de rocanrol y cine” cuyo conocimiento enciclopédico y humor irreverente lo convirtieron en una leyenda.
Figura sinónimo del Tianguis del Chopo, Návar era una institución en sí mismo, un puente entre la cultura popular más recóndita y el gran público.
Durante dos décadas fue un columnista indispensable en EL UNIVERSAL, donde compartía sus hallazgos y su particular visión del mundo.
Fungió como promotor de artistas de la talla de Joaquín Sabina y fue jefe de prensa en disqueras como Polygram, Warner y Universal Music.

El coleccionista
Su amor por el Cine B, la lucha libre y la música lo llevó a co-escribir el libro fundamental ¡Quiero ver sangre!. Historia ilustrada del cine de luchadores.
Se ganó a pulso la reputación de ser una “enciclopedia caminante”, capaz de encontrar joyas descontinuadas en los mercados más recónditos para luego compartirlas generosamente con sus lectores.
A diferencia de otros críticos de su generación, Pepe fue un mentor, un guía para periodistas jóvenes que aprendieron de él a abordar la cultura sin solemnidad. Su escritura estaba marcada por el humor; era capaz de “irse a la yugular con una sonora carcajada”.
Anécdotas como la broma en la que estrelló una copia del disco de Sarita Montiel contra la pared frente a un ejecutivo, solo para después entregarle el original intacto, pintan de cuerpo entero a un hombre que se negaba a tomarse la vida demasiado en serio.
Su mayor contribución fue, quizás, traer al presente todo lo que sucedió en el cine de los 60 a los 80, rescatando del olvido una era fundamental de nuestra cinematografía popular.
Con su partida, el verano luctuoso se consolidó, preparando el terreno para el siguiente golpe que la comunidad cultural recibiría unos meses después.
Huemanzin Rodríguez: El cronista carismático de la cultura
Huemanzin Rodríguez fue una de las voces más destacadas y reconocibles del periodismo cultural en televisión. Un profesional cuya elocuencia, carisma y profunda sensibilidad crearon un puente sólido y necesario entre el quehacer artístico y las grandes audiencias, demostrando que la cultura podía y debía ser un espacio de encuentro para todos.
Falleció a los 51 años en Noruega, a causa del cáncer. Su carrera comenzó a los 9 años, como conductor del programa Pequeños viajeros de la entonces Imevisión.
Estudió periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Durante 25 años fue una figura fundamental de la televisora cultural, donde se desempeñó como reportero, guionista y conductor de espacios emblemáticos como Noticias 22 y Semanario N22.

Pilar de Canal 22
Su labor como documentalista lo llevó a realizar coberturas culturales en numerosos países y en eventos de primer orden, como los Juegos Olímpicos.
Su legado es el de un periodismo accesible y riguroso. La UNAM lo describió acertadamente como alguien que “hizo del periodismo cultural en televisión una travesía gozosa”, mientras que el Cenart destacó su “sensibilidad, talento y profesionalismo”.
La despedida de Canal 22, citando un poema de Fernando Pessoa, reflejó la profunda apreciación que Huemanzin tenía por el arte: “Circúndate de rosas, ama, bebe, y calla. El resto es nada”.
Su partida en agosto nos advertía que la racha de pérdidas continuaría de forma dolorosa durante el otoño de ese mismo año.
Irving Torres Yllán: El apasionado defensor del cine mexicano
Irving Torres Yllán fue, por encima de todo, un cinéfilo incansable y un crítico comprometido hasta la médula.
Fundador de un espacio tan necesario como CineNT, fue un periodista de trinchera cuya pasión abarcaba todo el espectro cinematográfico, desde el cortometraje más experimental hasta la denostada sexycomedia mexicana, género que defendía con fervor.
Falleció el 22 de octubre de 2025. Fue fundador y director de CineNT, un medio nacido con el firme compromiso de realizar crítica “sin venderla bajo ningún precio”.
Se formó en Ciencias de la Comunicación en la UNAM y colaboró en el fundamental Diccionario de Directores del Cine Mexicano de la Cineteca Nacional.

Un periodista todo terreno
Cubrió incansablemente una vasta cantidad de festivales de cine en México, desde el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM ) o el Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF) hasta Macabro, Mórbido y Feratum y otros festivales emergentes siempre con el mismo rigor y entusiasmo.
Su trabajo fue reconocido internacionalmente al ser invitado a formar parte del comité de votantes para los Golden Globes desde 2022.
Como crítico, Irving era “agudo sin importar amistades o compromisos”, un defensor del cine de género y un entrevistador excepcional. Además fue una pieza fundamental como colaborador de Clímax en Medio.
Su habilidad para dialogar con los cineastas no buscaba la nota fácil, sino revelar los procesos creativos detrás de las obras, mostrando así su profundo amor y respeto por la industria.
El fallecimiento de Irving fue un golpe certero al corazón del periodismo de a pie, pero la crueldad de octubre aún reservaba una última estocada, una que apuntaba directamente al futuro de la crítica.
Sergio Huidobro: La mirada lúcida de una nueva generación
La partida de Sergio Huidobro representó uno de los golpes más devastadores, pues con él se fue una de las voces críticas más brillantes y prometedoras de su generación.
Era un intelectual cuya inteligencia y lucidez enriquecían el cine mexicano con una mirada fresca, rigurosa y profundamente analítica.
Su fallecimiento, a la temprana edad de 37 años según algunas fuentes, o 38 según otras, significó la pérdida no solo de un gran crítico, sino de un futuro entero para el pensamiento cinematográfico en México.
Falleció el 27 de octubre de 2025, a causa de una cardiopatía congénita. Cursó una maestría en Letras Latinoamericanas en la UNAM, lo que dotó a su crítica de una notable profundidad teórica.

Pluma prolífica
Participó como jurado joven en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes (2014) y en la Berlinale (2016). Fue colaborador constante en medios de enorme prestigio como La Tempestad, Cine Premiere, La Jornada Semanal y Reforma.
Fue fundador de la Escuela de Cine Comunitario y Fotografía Pohualizcalli, donde compartió su saber con nuevas generaciones.
El impacto de su trabajo fue inmenso. Erick Estrada encontró en él “el poder de quien quiere hacer algo valioso en su vida y en su profesión”, mientras que el IMCINE afirmó que “su mirada crítica enriquecía nuestra mirada”.
La publicación CorreCamara, al despedirlo, lo recordó como “un talento brillante, de gran humor y agudeza”, rasgos que complementaban su rigor intelectual.
Con su muerte, el ciclo de pérdidas de 2025 cerró de la forma más cruel, dejándonos una reflexión ineludible sobre el vacío que estas cinco ausencias dejan en conjunto.
El eco de su ausencia: Un legado colectivo
La muerte de estas cinco figuras no representa únicamente la pérdida de plumas individuales; significa el colapso de un ecosistema crítico completo. Su partida ha derribado los pilares que sostenían la diversidad del discurso cinematográfico en México.
Perdimos al establecimiento académico en la figura de Carlos Bonfil, cuya prosa elegante y rigor intelectual marcaban el estándar de la alta crítica. Se fue el archivista populista, Pepe Návar, un historiador de la cultura B que rescataba del olvido la memoria popular.
Nos quedamos sin el gran comunicador público, Huemanzin Rodríguez, el rostro carismático que tendía puentes entre el arte y las masas a través de la televisión.
Desapareció el corresponsal infatigable, Irving Torres Yllán, el periodista de trinchera cuya pasión documentó la vida de nuestros festivales. Y, finalmente, perdimos al heredero intelectual, Sergio Huidobro, la mente joven y brillante destinada a guiar el futuro de la crítica.
Juntos, representaban un espectro completo de voces que no se superponían, sino que se complementaban. Su ausencia colectiva crea un vacío que ninguna voz por sí sola puede llenar, amenazando la amplitud y profundidad de la conversación sobre el cine en nuestro país.

La ofrenda permanece
Sus asientos en las salas de cine y sus firmas en las publicaciones ahora están vacíos, pero su trabajo perdura.
En este tiempo de recuerdo, sus textos, sus análisis, sus entrevistas y la pasión que despertaron en miles de lectores y espectadores son la mejor ofrenda que podemos colocar en el altar de la memoria del cine mexicano.
Aunque el dolor de su ausencia es profundo, nos aferramos a la certeza de que su labor no fue en vano. Sus voces no se han silenciado; ahora resuenan con más fuerza, integradas para siempre en la historia de nuestra cultura cinematográfica.
