Nueve directoras de cine de todos los tiempos que resultan imperdibles
Este texto es una actualización de un artículo publicado originalmente en la revista en línea CineNT, donde me pidieron que enumerara a las directoras que admiro y cuyo trabajo considero fundamental para la historia del cine. Este domingo es el Día de la Mujer y nos parece apropiado poner en su mapa a estas grandes cineastas de la historia.
El ejercicio se convirtió en un reencuentro gozoso con las propuestas de estas mujeres brillantes y combativas, que utilizan las imágenes en movimiento para contar historias. Historias que, más allá de abordar temas de género —aunque en muchos casos así lo hacen—, destacan por su capacidad narrativa para transportarnos de un lugar a otro, ya sea mediante la complejidad de sus relatos o desde la pura y radiante alegría de vivir. Y en esto último, sí creo que la mirada femenina marca una diferencia, y lo celebro.
Como es habitual en mí al presentar listados personales, el orden será alfabético, ya que la importancia que asigno a cada una de estas cineastas es horizontal. No obstante, en los dos primeros casos haré una excepción, pues las considero pilares fundamentales del arte cinematográfico.

ALICE GUY-BLACHÉ (1873-1968)
Alice Guy-Blaché es reconocida como la «pionera olvidada del cine», un título que refleja cómo su legado fue opacado por el hecho de ser mujer en una industria entonces dominada por figuras masculinas como los hermanos Lumière y «el mago» Georges Méliès. Entre 1896 y 1913, escribió, produjo y dirigió más de mil películas —cortometrajes, mediometrajes y largometrajes— a lo largo de su prolífica carrera.
Sin embargo, murió a los 95 años, el 24 de marzo de 1968, en el olvido, víctima de la misoginia de una industria que borró su nombre y se apropió de sus contribuciones.
Para redescubrir su importancia no sólo como cineasta, sino como una innovadora clave, es esencial ver el documental Be natural: The untold story of Alice Guy-Blaché (2019), dirigido por Pamela B. Green y narrado por Jodie Foster: un testimonio fundamental para reivindicar su lugar en la historia del cine.

LOIS WEBER (1879-1939)
Lois Weber, la cineasta estadounidense, estudió las artes de la dirección y emprendió una prolífica carrera en la que —he aquí lo más destacado— sus historias se centraron en el contexto femenino y social de principios del siglo XX. Temas como el aborto, el tráfico de niños, la drogadicción, la pena de muerte y la desigualdad social fueron recurrentes en su filmografía.
Además, hizo historia al convertirse en la primera mujer en dirigir un largometraje, El mercader de Venecia (1914), y en mostrar el primer desnudo femenino integral en pantalla en Hypocrites (1915).
Sin embargo, murió a los 58 años, en soledad y en la más absoluta pobreza, porque otros se apropiaron de su legado sin reconocerla. Aun así, Lois Weber sigue siendo un ejemplo imbatible de cineasta comprometida, cuya obra mantiene una vigencia admirable.
El resto de estas admirables realizadoras viene en orden alfabético:
KATHRYN BIGELOW (1951)

Los años ochenta consolidaron el arquetipo del vampiro cinematográfico como figura de belleza hipnótica y estética glamurosa. Estas criaturas inmortales oscilaban entre dos polos: seductores peligrosos que despertaban fascinación y aristócratas de modales impecables.
Frente a estos estereotipos irrumpió Near Dark (1987), la obra de la entonces emergente californiana Kathryn Bigelow, que presentaba a los vampiros bajo una luz radicalmente distinta: no solo más violentos, sino también andrajosos y arrogantes seres que recorrían los pueblos del desierto en busca de víctimas, transportándose en una destartalada camioneta.
Se trata de una de las mejores películas de vampiros de finales del siglo XX, tanto por su temática como por la brillante dirección de Bigelow. Y, por si fuera poco, ocho años después, la directora afianzó mi admiración hacia su trabajo al llevar a la pantalla la historia futurista Strange Days (1995), relacionada con un apocalipsis tecnológico y social.
JANE CAMPION (1954)

Aunque Jane Campion ha mantenido una carrera sólida dentro del Olimpo cinematográfico femenino, fue en 2021 cuando logró impactarme profundamente con The Power of the Dog. Esta obra no sólo reafirma su excelencia como directora, sino también como guionista, al presentar un singular western psicológico donde cada personaje —a pesar de su construcción psicológica definida— revela progresivamente sus extremos emocionales.
El filme gira en torno a la carismática figura de Phil Burbank, interpretado por un deslumbrante Benedict Cumberbatch, quien encarna a un ranchero que oculta su vulnerabilidad tras una máscara de intolerancia, producto del duelo por la pérdida de su mentor y amor secreto.
Lo más notable es cómo Campion ejerce un control absoluto sobre los códigos del western, sembrando señales casi imperceptibles que culminan en la más pura y cruel venganza.
SOFIA COPPOLA (1971)

Ser hija de un director de artes escénicas nunca es fácil; pero ser la hija del creador de la mejor película de tu país —reconocida por institutos cinematográficos de todo el mundo— es aún más complicado. Y si, además, la niña decide seguir los pasos de su padre… Como decía el grupo español Radio Futura: «hace falta valor». Y Sofía Coppola lo tuvo en abundancia.
Su primer largometraje, The Virgin Suicides (1999), captó la atención del mundo entero —incluida la mía—, marcando el inicio de una carrera con un sello autoral inconfundible. Alejada de la narrativa de su padre, Coppola desarrolló un estilo donde destacan las luchas internas, las vulnerabilidades y la superación personal de sus personajes, tanto femeninos como masculinos.
Entre sus obras imprescindibles, que recomiendo ver como ejemplos magistrales de dirección, se encuentran: The Bling Ring (2013, producida por A24), The Beguiled (2017), Priscilla (2023) y el especial navideño de Netflix, A very Murray Christmas (2015).
MIMI DERBÁ (1893-1953)

Tras una destacada trayectoria en el teatro de revista de principios del siglo XX y su encuentro con el camarógrafo Enrique Rosas, Mimi Derba fundó la productora Azteca Films. Allí no solo escribió y produjo, sino que también dirigió y protagonizó La tigresa (1917), cinta que la consagró como la primera mujer directora en la historia del cine mexicano.
En 1919 abandonó la dirección para dedicarse al teatro, aunque posteriormente retomaría la actuación cinematográfica con un papel memorable en Santa (1931) —la primera película sonora del cine mexicano, dirigida por Antonio Moreno—. Durante la Época de Oro del cine nacional, participó en más de treinta producciones, manteniendo una presencia constante hasta su fallecimiento en 1953, a los sesenta años de edad.
JENNIFER KENT (1969)

La australiana Jennifer Kent inició su carrera cinematográfica como asistente de dirección de Lars von Trier en Dogville (2003). Tras continuar su trayectoria como actriz, debutó tras las cámaras en 2014 con The Babadook, largometraje que obtuvo reconocimiento inmediato tras su estreno en el Festival Sundance. Este éxito le permitió realizar un exitoso recorrido internacional, culminando en el prestigioso Festival de Sitges en 2017.
Sin embargo, fue en 2022 cuando alcanzó nueva notoriedad al ser invitada por Guillermo del Toro para dirigir el episodio The Murmuring —protagonizado por Essie Davis (su actriz de The Babadook) y Andrew Lincoln (conocido por su papel de Rick Grimes)— de su serie El gabinete de curiosidades.
A pesar de su breve filmografía como directora, considero que su magistral trabajo en The Babadook basta para consolidarla como una cineasta imprescindible en el género y en esta lista personal.
NADINE LABAKI (1974)

La libanesa Nadine Labaki inició su carrera al ganar un concurso de nuevos talentos en dirección de videoclips, premio que le abrió las puertas de la industria musical y del entretenimiento en su país. En 2007 irrumpió en la escena cinematográfica internacional con su ópera prima Sukkar Banat (conocida internacionalmente como Caramel), filme que fue aclamado tanto en festivales como en circuitos comerciales.
Labaki consolidó su reputación en 2011 con Et maintenant on va où? (titulada ¿A dónde vamos ahora? en México), demostrando que, cada vez que asume el rol de directora, se convierte en una cineasta indispensable a seguir. Su capacidad para retratar con sensibilidad la realidad libanesa, combinando humor y drama, la ha posicionado como una de las voces más originales del cine contemporáneo árabe.
Y cerrando con broche de oro:
LENI RIEFENSTAHL (1902-2003)

Más allá del innegable contexto histórico que rodea su obra —y de la utilización propagandística de sus filmes para exaltar uno de los regímenes más abominables de la historia—, Leni Riefenstahl se erige como una de las directoras más influyentes de todos los tiempos.
Su legado no se limita únicamente a la narrativa, sujeta siempre a debate, sino a una realización técnica meticulosa y una manufactura apasionada que marcó un antes y un después en el cine documental y de ficción.
El triunfo de la voluntad (1935) es una obra deslumbrante en su grandilocuencia visual, donde el espectador queda atrapado en un bombardeo de imágenes llevadas al paroxismo del culto al líder. Paradójicamente, aunque su estilo fue creado al servicio de la maquinaria nazi, su influencia persiste hoy en día: numerosos documentalistas y creadores de contenido, consciente o inconscientemente, replican la «fórmula Riefenstahl», especialmente en una era de resurgimiento del populismo a nivel global.
Sin embargo, su cine de ficción —menos conocido, pero igualmente relevante— demuestra una capacidad narrativa libre de ataduras ideológicas. La luz azul (1932) y Tiefland (1954) son sólidas muestras de una cineasta capaz de explorar dramas humanos universales con una mano firme, sin caer en manipulaciones ni panfletos.
A pesar de la condena histórica que pesa sobre su figura, Riefenstahl trascendió el vilipendio y la asociación con el nazismo a través de una obsesión inquebrantable por el arte, al que consagró su vida por encima de cualquier etiqueta política.
