Natanael Cano en el Flow Fest: Entre la prohibición y la consagración masiva
Con la explanada del escenario principal del Flow Fest completamente llena y una euforia contenida tras una larga espera, la aparición de Natanael Cano fue un acto de reafirmación para los corridos tumbados.
Al sonar los acordes de “Mi bello ángel”, el sonorense caminó sobre la tarima y lanzó su frase icónica: “Bien jalado compadre, y así suenan los corridos tumbados”.
Aquellas palabras no fueron una simple introducción, sino una poderosa declaración de principios, el sello de un pionero reclamando un territorio que él mismo trazó.
En ese instante, la multitud entendió que no estaba a punto de presenciar un concierto más, sino la celebración de un género desde su epicentro, con su creador como maestro de ceremonias, listo para consolidar su mensaje a través de un repertorio cuidadosamente seleccionado.

El guiño a Peso Pluma: “Carnal” y la unidad del movimiento
Una vez establecido su dominio, Cano desató una serie de éxitos que demostraron su versatilidad y control escénico, con temas como “Soy el diablo”, “Pacas de billetes” y “O me voy o te vas”.
Sin embargo, el movimiento más estratégico de su presentación en solitario fue la interpretación de “Carnal”, una pieza original de Peso Pluma.
Este guiño a otra figura cumbre del movimiento trascendió el simple homenaje; fue una jugada que sembró la pregunta sobre el futuro y la cohesión del género, dejando en el aire la posibilidad de una colaboración monumental.
Más que un recital de sus propias canciones, el acto se convirtió en un diálogo con su ecosistema, un reconocimiento de que el imperio de los corridos tumbados se construye tanto con afirmaciones propias como con alianzas estratégicas.
El show, en ese momento, estaba por transformarse en un acto de camaradería y una abierta declaración de principios con la llegada de un invitado clave.
“Cuerno azulado” y Gabito Ballesteros: Un manifiesto contra la censura
La tarima se convirtió en una plataforma de desafío y unidad con la aparición de Gabito Ballesteros, a quien Natanael presentó como su “invitado y amigo”.
Juntos, y sin importar las prohibiciones que pesan sobre ciertas temáticas, interpretaron “Cuerno azulado”, convirtiendo la canción en un acto de deliberada insumisión.
La declaración de Cano resonó con una fuerza particular: “Para que vayan y digan, desde la Ciudad de México completamente en vivo, los corridos tumbados”. Esta exclamación, lanzada desde el corazón cultural del país, amplificó el gesto y lo transformó en un manifiesto.
La dinámica entre ambos, marcada por abrazos, risas y cantos compartidos, no solo evidenció su química personal, sino que también proyectó una imagen de frente unido, listos para desatar la energía de sus éxitos más esperados.

Euforia en la Ciudad de México: El pulso masivo de una generación
Impulsado por su propio manifiesto, Cano continuó la demostración de fuerza con una andanada de éxitos que incluyeron “Ch y la pizza”, “Lou, Lou” y la muy esperada “Mercedes AMG”.
Este segmento fue la prueba irrefutable de su poder de convocatoria en solitario, con un público que gritaba y coreaba cada verso a todo pulmón.
La celebración alcanzó un nuevo clímax cuando Gabito se reintegró plenamente al show, desatando una respuesta catártica con su repertorio conjunto, donde brilló su reciente éxito “Perlas negras”.
La frase de Natanael: “Arriba Ciudad de México Alv, y puros corridos tumbados”, funcionó como el estandarte de la noche, una apropiación simbólica del espacio que confirmó que su sonido ya no pertenece a un nicho, sino al pulso masivo de una generación.
Tras celebrar el presente, Cano se dispuso a cerrar el círculo honrando el pasado que lo hizo posible.
El tributo a Ariel Camacho: El rey honra a sus raíces
Para finalizar su histórica presentación, el creador de los corridos tumbados ofreció el momento más revelador de su historia como artista.
Eligió “El toro encartado”, una canción de su ídolo, Ariel Camacho, para cerrar el concierto.
Este tributo no fue un mero capricho, sino una anécdota fundamental que conecta su sonido innovador con las raíces profundas del regional mexicano. Al dedicar la canción con un emotivo “se va hasta el cielo, compa Ariel”, Natanael se despojó por un instante de su corona de pionero para mostrarse como un heredero agradecido.
Así, su actuación en el Flow Fest encapsuló su viaje completo: el del joven que escuchaba a sus héroes, el del revolucionario que rompió el molde y, finalmente, el del rey indiscutible en su género que, en la cima de su éxito, recuerda perfectamente de dónde viene y a dónde va.

One Comment