Midnight Generation y la metamorfosis del electro-funk mexicano
En la víspera del 14 de febrero de 2026, la atmósfera en el Centro Memorial ESIME del Centro Histórico no sugería una simple comparecencia promocional, sino la culminación de un proceso de maduración alquímica.
Tras una extenuante gira mundial por más de 30 ciudades en Europa y Norteamérica —con paradas en templos como el Paradiso de Ámsterdam—, Midnight Generation regresó a la Ciudad de México para cerrar el círculo de sus primeros diez años de trayectoria.
Este encuentro con los medios funcionó como un ritual de paso: la transición definitiva de aquel proyecto que nació bajo el “éxito superlativo” e inesperado de “Young girl” en 2019, hacia una entidad escénica robusta y consciente de su peso en la genealogía del pop global.
El quinteto, integrado por Fernando Mares (voz), Luis Carlos “Bica” Valderrama (teclados), Samuel Márquez (batería), Carlos Amaya (bajo) y Diego Bustillos (percusión), proyecta hoy una seguridad que solo otorga el kilometraje internacional.
Mares, líder y arquitecto del proyecto, fue enfático sobre la carga emocional de este retorno: tras dos años de ausencia en los escenarios capitalinos como acto principal, la presentación en el Pepsi Center se percibe como el examen final de una década de aprendizaje.
“Es momento de demostrar toda esa experiencia”, afirmó, subrayando que este no es solo un show más, sino la validación de una estética que ha sabido maridar el rigor técnico con la calidez del directo.

La paradoja de la identidad: “Mexicaneidad” sin acordeones
Para un cronista de la música contemporánea, Midnight Generation representa una anomalía fascinante: una banda chihuahuense que canta en inglés, domina el french touch y el funk de herencia estadounidense, pero cuya alma es indiscutiblemente nacional.
Defender su “ecosistema mexicano” en una industria que suele exigir el estereotipo del acordeón o la trompeta es una declaración de principios. Su sonido es el resultado de un contexto geográfico específico: las noches de Monterrey, la influencia fronteriza y la crianza en el norte del país, donde el intercambio cultural es orgánico y carece de imposturas.
La banda sostiene que la “mexicaneidad” reside en la honestidad del pulso y no en el idioma. Para ellos, el swing de sus rítmicas posee un arraigo que les impide sonar como un calco australiano o francés; hay una calidez en el groove que proviene directamente de sus raíces.

Identidad Fronteriza: ¿Por qué Midnight Generation es “muy mexicano” cantando en inglés?
Durante la conferencia, desglosaron los pilares de su ADN artístico. El contexto geográfico: La formación en Chihuahua y el entorno fronterizo dictan un diálogo estético donde lo global y lo local se funden sin fricciones.
“Nosotros crecimos al norte del país, todo nuestro ecosistema fue mexicano y eso es lo que brindamos, si bien nuestra música está inspirada en la de artistas ingleses, estadounidenses o incluso franceses”, comentó Fernando Mares en conferencia de prensa.
Valores fundacionales: Una estructura cimentada en la lealtad grupal y el apoyo familiar, manteniendo los pies firmes allí donde están sus padres.
Honestidad rítmica: El rechazo al pastiche cultural; la música es “Hecho en México” porque el sentimiento que la impulsa nace de una vivencia mexicana.
La banda luce un estilo deportivo en los carteles de su presentación para el Pepsi Center, algo informal a comparación de la música que tocan, sin embargo, Mares comentó, que ese look se eligió para una sesión de fotos en Colombia, donde querían hacer algo más divertido y que el vestuario fue seleccionado por el equipo de fotografía.
“Nos tomamos muy en serio nuestra música, pero al mismo tiempo tenemos una imagen divertida, lo que queremos es que se la pasen bien”, expresó.

Arquitectura de “Tender love”: De la nostalgia al mañana
Su álbum Tender Love (2025) se erige como un manifiesto contra la vacuidad lírica de la era del algoritmo. Bajo la premisa de “querer bien y bonito”, la banda explora el amor con una delicadeza que evoca la pureza de los clásicos de Barry White o Prince.
“Existe esa creencia que para sonar mexicano hay que usar instrumentos tradicionales como el acordeón, la realidad es que nuestra música tiene una esencia mexicana por más influencias que tengamos de Michael Jackson o Prince”, señaló Fernando.
Técnicamente, el álbum es un prodigio de texturas analógicas donde el talk box —ese dispositivo que modula la voz a través de un tubo plástico— deja de ser un truco retro para convertirse en un puente orgánico entre lo robótico y lo humano, dotando a la voz de una fragilidad biológica inexistente en el pop sintético convencional.
Esta sofisticación actual se forjó en el fuego de la adversidad. Es imperativo recordar el robo de su equipo en 2019, durante la producción de Calling You. Aquel incidente, lejos de ser una anécdota trágica, se convirtió en un trauma fundacional que los obligó a reconstruir su sonido desde cero, fortaleciendo su ética de trabajo y otorgándoles la resiliencia que hoy exhiben en Tender Love.

El ritual del 14 de Febrero: Una pista de baile en el Pepsi Center
La elección estratégica del Día de San Valentín trasciende el marketing. Es una respuesta a la naturaleza dual de su música: composiciones melancólicas que, paradójicamente, obligan al cuerpo a moverse. El concierto en el Pepsi Center WTC marca un salto de escala en su producción, un “nuevo nivel” que busca trasladar la intimidad de sus virales sesiones de estudio a un recinto masivo.
La experiencia sensorial del show integrará elementos únicos:
El soporte de Mezerg: El artista francés, maestro del theremin y los sintetizadores, aportará una apertura vanguardista que refuerza la conexión de la banda con la escena electrónica europea. Esta gira, cabe destacar, no se limita a la capital, sino que se expande hacia León y Guadalajara, consolidando su dominio territorial.
El “Teléfono del Amortz”: Una herramienta de interacción lúdica diseñada para que el público “la pase bien” y conecte emocionalmente, mitigando la soledad o potenciando el romance a través de la experiencia colectiva.
La puesta en escena: La recreación del ecosistema creativo de la banda, incluyendo el tapete característico que se ha vuelto una firma visual en sus redes sociales.
En cuanto al repertorio, piezas como “Afterlife” se perfilan como un gancho sonoro, mientras que “Don’t wait up” y la colaboración internacional “Teacher” (con Zimmer90) garantizan una progresión energética ascendente. El cierre con himnos como “Young girl” y la frescura de “Energy” promete transformar el Pepsi Center en una celebración de la resiliencia del funk nacional.
Trascendencia: Más allá del “Daft Punk mexicano”
Es una tentación crítica fácil etiquetarlos como los “Daft Punk mexicanos” o los herederos de Phoenix. Sin embargo, tal comparación es limitada. Mientras que los robots de Versalles buscaron la perfección en la frialdad de los circuitos, Midnight Generation apuesta por el pulso humano. No se ocultan tras cascos; se exponen a través de un funk que suena vivo, sudoroso y emocional.
Su capacidad para conectar con públicos transgeneracionales es su mayor activo. La anécdota de Fernando Mares sobre su hijo de cinco años, quien ya resuena con las frecuencias del talk box, es una metáfora de su propuesta: una música que nace de valores familiares y raíces profundas (los pies donde están los padres), pero que posee la ambición de conquistar Glastonbury o Lollapalooza Berlín.
Midnight Generation es un proyecto en el que se debe creer, no por su éxito métrico en Spotify, sino por su defensa sagrada del instrumento real en la era de la inteligencia artificial. Tras el 14 de febrero de 2026, la banda no solo habrá cumplido una década de vida; habrá reclamado su lugar como los arquitectos de una nueva era del groove, demostrando que el futuro de la música bailable global se escribe con acento del norte de México.
