‘Memoria de los olvidados’: Buñuel sigue hablando a los jóvenes desde Venecia
En la 82 edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, un documental español-mexicano-estadounidense vuelve a poner a Luis Buñuel en el centro del debate cinematográfico.
Memoria de los olvidados, dirigido por Javier Espada y producido por Izrael Moreno, explora la vigencia del cine de Buñuel a través de Los olvidados (1950), obra clave que cambió para siempre la forma de entender el séptimo arte en Hispanoamérica.
El documental, seleccionado junto con otros ocho trabajos de todo el mundo en la sección Venice Classics, parte de una premisa sencilla pero poderosa: volver a los escenarios originales de la película, mostrar material restaurado e inédito, y dar voz a cineastas contemporáneos que reconocen su deuda con Buñuel.
Entre ellos, Alejandro González Iñárritu, quien confiesa que Los olvidados fue una inspiración directa para Amores perros.
Javier Espada, director: “Que un director como Iñárritu te cuente que se inspira en Los olvidados para hacer Amores perros… eso a cualquier joven le puede interesar. El documental no es solo memoria, también es presente y futuro”, dijo el cineasta en entrevista con Clímax en Medio, desde Venecia.

Buñuel y los cimientos del cine latinoamericano
La película de Buñuel provocó escándalo en México en 1950. El gobierno intentó bloquear su exhibición, al considerarla una denuncia demasiado cruda de la pobreza y la violencia urbana.
Sin embargo, Cannes la rescató y le otorgó el premio a Mejor Director, catapultándola como referente mundial.
Izrael Moreno, productor también habló: “Imagínate: que te caiga el peso del Estado (México) para que no se exhiba tu trabajo. Eso le pasó a Buñuel. Pero esa misma censura demostró lo poderoso que puede ser el cine. Los olvidados no solo fue arte: fue un movimiento social”, dijo.
Moreno recuerda que incluso películas populares recientes, como Nosotros los Nobles, beben de Buñuel:
“Esa cinta está prácticamente inspirada en El gran calavera. Muchos jóvenes no lo saben, creen que el cine empezó en los 2000. Pero Buñuel ya estaba abriendo puertas desde los años 50”, expresó.

La vigencia del mensaje
Espada recorre, cámara en mano, los mismos lugares que Buñuel fotografió hace más de 70 años. Descubre qué poco ha cambiado: la marginación y la violencia siguen presentes.
“Filmamos en una zona de Ciudad de México donde hay chabolas y viejos raíles del tren. Encontramos un coche abandonado con impactos de bala. Eso demuestra que la historia de Los olvidados sigue siendo actual”, señala Espada.
El documental insiste en que Buñuel rompió esquemas al demostrar que el cine podía ser un arma ética, no solo entretenimiento. “Buñuel pega un puñetazo en la mesa y dice: ‘el cine también sirve para denunciar injusticias’. Con Los olvidados abre la puerta al Nuevo Cine Latinoamericano”, afirma Espada.
“Buñuel hace una película en 21 días, con muy poco dinero, pero con enorme respeto y ética. Sus películas siguen vivas porque no se vendía, era fiel a sí mismo. Eso es lo que los jóvenes deben descubrir: que el cine puede ser real, incluso más real que un documental”, añadió.

Un puente entre generaciones y países
La producción es una colaboración entre España, México y Estados Unidos. La Filmoteca de la UNAM, el Instituto Buñuel de Los Ángeles y la productora de Espada se unieron para rendir homenaje al maestro aragonés.
“Con la voluntad de todos los coproductores, el papeleo fue sencillo. Lo difícil siempre es hacer la película”, dice Moreno entre risas.
Más allá del homenaje, el proyecto lanza un mensaje de unidad cultural. “Hay intentos de separarnos, pero el cine hispano comparte idioma, historias y público. Tenemos un mercado enorme y plural, y eso asusta a algunos”, reflexiona Espada.
“En Venecia, la noticia es la presencia de Latinoamérica y España: Del Toro, Almodóvar, nuestra película… Eso demuestra que estamos contando historias nuestras, con voz propia”, sumó.
Javier Espada también profundizó sobre el impacto de la obra del icónico cineasta: “Buñuel entendió algo esencial: el cine es arte, pero también es voz. Nos comunica, nos une, nos permite aprender de nuestros errores y contar historias que otros no contarán por nosotros”, dijo.

De Buñuel a Del Toro: una herencia viva
El documental comparte espacio en Venecia con otro homenaje: Sangre del toro, sobre Guillermo del Toro, confesó admirador de Buñuel.
“Ya tengo boletos para ver Frankenstein”, dice Espada sonriendo, “porque Del Toro ha estudiado el cine de Buñuel como pocos. Esa es la cadena: Buñuel inspira a Del Toro, Del Toro inspira a otros, y así sigue viva esta tradición cinematográfica”, enfatizó.
Moreno añade que este tipo de obras son fundamentales para que los jóvenes vean el cine clásico como algo vivo, no como museo.
“Muchos piensan: ‘¿una película de 1950? ¡Qué aburrido!’. Pero este documental es entretenido, tiene imágenes inéditas, sorpresas, testimonios de artistas contemporáneos y un ritmo que atrapa. No es un repaso académico: es un viaje para descubrir por qué Buñuel sigue siendo moderno”, comentó.
Cine como ética y memoria
Para Espada, el cine de Buñuel no envejece porque tiene una base ética. “No se trata solo de estilo, sino de respeto por la realidad. Buñuel no se vendía ni traicionaba su mirada, incluso reconocía sus errores como parte de su identidad. Por eso sus películas siguen pareciendo actuales”, comenta.

Moreno coincide: “Cuando platiqué con Javier, hablamos de la textura, de los colores, de la obsesión artística, no del dinero ni de dónde se iba a estrenar. Hacemos cine porque nos da la gana, porque es una forma de vivir. Y si además podemos rendir homenaje a un artista que cambió la historia, ¿cómo no involucrarnos?”, dijo.
El productor recuerda que Los olvidados no solo impactó a críticos, sino también a cineastas que después definieron el panorama latinoamericano. “Desde Amores perros hasta directores más jóvenes, todos hemos sido influenciados por Buñuel. Y eso debe saberse: el cine latino actual no nació de la nada”.
Una invitación a la nueva generación
El objetivo final de Memoria de los olvidados es atraer a los jóvenes. “Queremos que descubran que el cine no es solo consumo rápido. Que vean cómo un director puede cambiar la sociedad con una película hecha en tres semanas”, dice Espada.
“Buñuel demuestra que el cine no se usa y se tira. Es arte cinematográfico. Y el reto es que los jóvenes compartan nuestras historias, que sientan que el cine habla de ellos”, añadió el documentalista.
Moreno concluye con entusiasmo: “El público se va a sorprender muchísimo. Este documental no es un ejercicio de nostalgia”, comentó.
“Es una obra viva, llena de energía, que muestra cómo Buñuel sigue influyendo en artistas contemporáneos y cómo su cine sigue siendo un referente ético y creativo. En pocas palabras: Buñuel sigue hablando a los jóvenes, aunque hayan pasado más de 70 años”, cerró.
