‘Mátate, amor’: Un filme incómodo sobre la depresión postparto
Esto es Mátate, amor (Die, my love): Tomas a tu bebé en brazos y el mundo de pronto se detiene. Acaba de salir de tu cuerpo, un cuerpo diferente, transformado por el dolor, irreconocible. Le miras a los ojos, buscas el instinto, la conexión, esperas que la biología haga lo suyo y te dé las respuestas a tus más grandes miedos. No pasa. Todo parece un abismo.
De pronto, algo despierta en ti, la naturaleza hace lo suyo y en modo piloto automático respondes a las necesidades de esa personita que parece romperse con el viento. Tu cuerpo sigue siendo un extraño, no te miras al espejo porque eres otra mujer. Ya no eres mujer, eres madre, eres alimento, eres leche. El reflejo asusta. No te encuentras. Ya no duermes. Ya no existes. Existe el bebé. Sólo el bebé. Da miedo el bebé.
Lo anterior, puede vivirse unas horas, unos días, unos meses… o años, como es el caso de nuestra protagonista en esta historia de amor, del amor más puro, del amor más sincero, pero también del amor que puede matarnos o dejarnos en una eterna depresión post parto.

Jennifer Lawrence y Robert Pattinson: Un matrimonio entre la locura y la indiferencia
Jennifer Lawrence es Grace, una mujer soñadora enamorada de Jackson, personificado por Robert Pattinson. Ella es una escritora, alegre, fugaz y extrovertida, que apuesta su mundo a una vida en una casita alejada de la ciudad donde se convierte en madre. Él es un hombre tradicional, trabajador, dispuesto a construir una familia a lado de su alma gemela.
La actuación mágica y sublime de Lawrence adentra a los espectadores a un concepto que a lo largo de la vida humana se ha distribuido como una mercancía romántica: la maternidad. El contexto real al que nos enfrenta la directora Lynne Ramsay con Mátate, amor en la pantalla grande, puede resultar nauseabundo, asfixiante, inentendible e incómodo. Tal y como lo es la maternidad.

Una crítica a la sociedad: El esposo que idolatra a la madre pero no la escucha
Grace, en la vida que idealizó inicia un viaje hacia una locura poco entendida, normalizada e ignorada. Nadie mira. Nadie está. Ya no escribe. Nadie se cuestiona del todo su conducta extraña, oscura y a veces animal.
Jackson cumple su papel de eterno proveedor, eterno ausente, sin entender lo que sucede en la mente de su esposa. La actuación tibia y la personalidad seca de Pattinson es el reflejo de la sociedad, una sociedad que ama e idolatra a las madres, pero poco las escucha.

Alucinaciones y realidad: La narrativa asfixiante de Lynne Ramsay
El recorrido de la protagonista inicia cuando nace su bebé y se despersonaliza de su ser casi por completo, lo único que queda en el mundo de los cuerdos es su instinto maternal. Constantemente juega con su vida, toma riesgos que mantienen al público en el hilo de la angustia.
La historia gira en estos sube y baja de emociones, donde Grace parece llegar al límite cada uno de los días, donde no encuentra su centro, donde parece querer morir y pide a gritos silenciosos que eso pase, hasta que vuelve a conectar con lo que la mantiene en vida de una forma instintiva y automática: su hijo.

Veredicto: Una obra incómoda que debe verse y sentirse
Eventos contradictorios y de pronto imposibles, pueden percibirse como alucinaciones, y, al mismo tiempo, parecer hechos reales. La línea narrativa confusa y cuestionable, introduce al espectador a la mente de una mujer que quiso ser madre y en el camino, por razones biológicas o mentales, se rompió.
El filme nos lleva por esos quiebres, esas grietas o heridas que duelen, confunden y atormentan. Los espectadores se acercan a la maternidad y a la depresión post parto, de una manera artística y psicodélica, donde el final queda en la mente de cada individuo, y el conflicto interno que muchas madres padecen queda expuesto para un análisis que pasa de lo teórico a lo emocional, y de lo individual a lo social. Sin duda, es una película que debe verse y sentirse.
¿Dónde ver? – Prime Video
