Lunay: De Corozal al Flow Fest, la evolución de la promesa del género urbano
Durante 48 horas, el asfalto del Autódromo Hermanos Rodríguez deja de pertenecer a los monoplazas para convertirse en la indiscutible capital mundial del perreo.
Eran las 18:36 horas del sábado y el Coca-Cola Stage, el corazón palpitante del Flow Fest, ya estaba casi a reventar.
La multitud, una marea de energía y anticipación, esperaba a una de las promesas que definieron el sonido urbano de los últimos años. Fue entonces cuando apareció Lunay, un joven artista con la tarea de defender su lugar en un cartel histórico, flanqueado por leyendas como Wisin y Don Omar.
Su presencia en ese escenario no era una presentación más; era una declaración, un recordatorio de por qué su nombre resonó con tanta fuerza en la industria.

El momento Andrea: Cuando “Soltera” se volvió personal
Con una seguridad que desmentía su juventud, Lunay desató una seguidilla de éxitos que la audiencia coreó sin tregua.
Temas como “Mi favorita”, “En mi habitación”, “La boca” y “Fantasías” confirmaron que su conexión con el público mexicano seguía intacta. Sin embargo, el momento que definió su actuación llegó cuando detuvo el show y buscó un rostro entre miles. Invitó a una fan llamada Andrea a subir con él.
En la inmensidad del escenario, la figura solitaria de la fan, bañada por el mismo reflector que la estrella, contrastaba con la oscuridad de la masa anónima a sus espaldas. Bailaron, brindaron y, mirándola directamente, Lunay le dedicó su himno global, “Soltera”.
En ese gesto, una presentación masiva se transformó en un momento íntimo, una anécdota imborrable que demostró su habilidad no solo para llenar escenarios, sino para conectar de una manera genuina y personal.
De Corozal a la fama: El “niño soñador” que nació en Facebook
Esa capacidad para cautivar a las masas tiene su origen lejos de los reflectores, en el municipio de Corozal, Puerto Rico.
Antes de ser Lunay, Jefnier Osorio Moreno era un “niño soñador” cuya primera pasión fue el fútbol.
Sin embargo, a los 12 años, su camino cambió de rumbo. Armado únicamente con su teléfono, comenzó a grabar videos de freestyle y a subirlos a Facebook. En esa apuesta humilde y digital, sin más estrategia que su talento innato, se gestó el fenómeno.
Sus rimas y su voz fresca no tardaron en viajar por las redes hasta captar la atención de dos figuras clave de la industria, los productores Chris Jeday y Gaby Music, quienes vieron en ese adolescente el futuro del género.

El efecto “Épico”: El ascenso meteórico junto a Daddy Yankee y Bad Bunny
El ascenso fue meteórico. El remix de “Soltera”, una colaboración monumental con Daddy Yankee y Bad Bunny, lo catapultó al estrellato global en 2019. Su álbum debut, “Épico”, lanzado ese mismo año, consolidó su estatus con una lista de invitados que incluía a los nombres más pesados del reggaetón, desde Anuel AA hasta Ozuna.
Rápidamente fue coronado como el “niño bonito del reggaetón”, la gran promesa de su generación. Sin embargo, tras ese éxito arrollador, Lunay ha enfrentado el desafío que define a tantas carreras: replicar un hit de esa magnitud.
La ironía profesional es que, mientras su cadencia de hits parecía entrar en un compás de espera, uno de sus propios colaboradores en “Épico”, Myke Towers, alcanzaba la sostenida dominancia en las listas que él ahora busca recapturar.
Aunque sigue siendo un artista relevante, su carrera se encuentra en una encrucijada, un punto donde la industria aguarda su siguiente gran movimiento.

El “joven veterano” reclama su trono en la capital del perreo
De vuelta en el escenario del Flow Fest, con miles de personas coreando su nombre bajo el cielo de la Ciudad de México, la historia de Lunay completaba un círculo. El joven que subía videos a redes sociales es el mismo que ahora domina el festival de reggaetón más grande del mundo, creando momentos únicos como el que compartió con Andrea.
Su presentación no se sintió como el clímax de una carrera, sino como una poderosa reafirmación de su talento y un capítulo más en una narrativa que, con sus picos y valles, sigue escribiéndose.
En la capital del perreo, Lunay no ofreció un final, sino un recordatorio: es el joven veterano del género, un nombre grabado en el pasado reciente cuyo próximo capítulo sigue siendo una página en blanco.

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