Lenny Tavárez en el Flow Fest: La evolución del “arquitecto urbano”
El rugido de miles de almas y un bajo que retumbaba en el pecho anunciaron la llegada de la noche del sábado a la Curva 4 del Autódromo Hermanos Rodríguez al Coca-Cola Flow Fest.
En medio de esa marea humana, las luces del Coca-Cola Stage se apagaron y una sola figura irrumpió en escena, no como una promesa, sino como una autoridad del género: Lenny Tavárez.
Sin preámbulos, detonó su presentación con “Bellakita”, un golpe certero que encendió de inmediato a la multitud, y continuó tejiendo una conexión instantánea con temas como “En tu cuerpo”.
Desde el primer momento, quedó claro que su show en el festival más grande del género sería una cátedra de dominio escénico.

La vida después de Dyland & Lenny: El abismo de reinventarse solo
Y mientras el beat retumbaba en la Curva 4, la solidez de su presencia invitaba a una pregunta inevitable: ¿cómo se construye un dominio así? La respuesta no está en este escenario, sino una década atrás.
En aquella etapa con el dúo Dyland & Lenny, se gestaron himnos generacionales como “Quiere pa’ que te quieran”, melodías incrustadas en la memoria colectiva. Sin embargo, tras la disolución del grupo en 2013, Tavárez enfrentó el abismo de reinventarse en solitario.
Él mismo ha descrito ese periodo de giras y promoción radial como una “época sabrosa de bodo”, un crisol que, aunque demandante, forjó la resiliencia necesaria para edificar la carrera que hoy defiende sobre los escenarios más importantes.
“Brillar”: Paternidad, salsa y la madurez de un artista versátil
Ese desafío de consolidarse por su cuenta se convirtió en su “reto más grande”, uno que superó adoptando una filosofía de versatilidad musical.
Tavárez escogió el reguetón, según sus propias palabras, por su capacidad para “mutar”, permitiéndole explorar otros ritmos sin traicionar su esencia urbana.
Esta visión se materializa en su más reciente álbum, Brillar, una obra que refleja una madurez forjada en la introspección de su primera etapa como padre, un periodo que dota al concepto de “brillar” de un significado más profundo y personal.
En este disco, no solo reafirma su dominio del género, sino que se aventura con maestría en la salsa con “El yate” y en la bachata, demostrando que su identidad reside en la autenticidad con la que aborda cada proyecto.

El “baile sexy” y la conexión final: Un manifiesto de movimiento
De vuelta en el Flow Fest, esta evolución se tradujo en un espectáculo completo. En un momento álgido de la noche, Tavárez sorprendió a los miles de asistentes con un “baile sexy”, un despliegue de habilidad que no fue un simple adorno, sino una declaración de principios.
Era una manifestación física de su versatilidad, recordando al público que su arte es integral, un dominio del movimiento que complementa su destreza vocal y lírica.
A lo largo de un repertorio de más de 13 temas, navegó por los matices de su carrera, culminando con la fuerza de “La pared” y “Toda”.
Su conexión quedó sellada con un agradecimiento sincero: “les doy gracias por todo el amor y cariño”, palabras que resonaron como el cierre de una entrega mutua.

El arquitecto del reggaetón moderno: Una carrera de estructura impecable
Así, la presentación de Lenny Tavárez trascendió el concepto de un simple concierto para convertirse en el manifiesto de una carrera definida por la perseverancia.
Sobre el escenario no solo se vio a un cantante, sino al “versátil arquitecto del reggaetón moderno” en pleno dominio de su arte.
Aquel joven que formó parte de un dúo exitoso ha evolucionado hasta ser una figura indispensable de la escena, proyectando desde el corazón del Flow Fest el plano de una carrera sólidamente construida, cuyo brillo no es un destello fugaz, sino el reflejo de una estructura impecable.

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