‘Las voces del despeñadero’: La conquista de los clavadistas de Acapulco en Doha
Del 20 al 28 de noviembre del 2025 tuvimos la oportunidad de disfrutar del Doha Film Festival (DFF), consolidado como uno de los espacios cinematográficos emergentes más influyentes en Medio Oriente, y que reunió proyectos de múltiples países, enfocados en nuevas narrativas y propuestas autorales.
Dentro de esta selección internacional se proyectó el cortometraje mexicano Las voces del despeñadero, dirigido por Víctor Rejón Cruz e Irving Serrano López, que retrata la vida de los clavadistas de La Quebrada, en Acapulco.
El filme observa un rito que ha persistido durante más de noventa años. Acapulco ha cambiado profundamente, pero el acto de lanzarse desde el acantilado continúa como una forma de trabajo, espectáculo y herencia familiar.

Filmar entre escombros: El reto de rodar en La Quebrada tras el huracán Otis
La pieza no se concentra en el turismo ni en la postal clásica: lo que le interesa es la intimidad de quienes dependen de ese salto cotidiano. Rejón recuerda que su primera visita al sitio fue un impacto emocional: “Entendí que detrás de cada clavado había una historia que nadie estaba contando”, dijo el cineasta en entrevista con Clímax en Medio en Doha.
El rodaje comenzó en un contexto particularmente difícil. Apenas semanas después del huracán Otis, la infraestructura local se encontraba dañada y el ánimo de los clavadistas era incierto. El equipo tuvo que acercarse con delicadeza.
Serrano explica que las primeras conversaciones no fueron sencillas: “Era un momento sensible; muchos no querían cámaras cerca porque la prioridad era reconstruir su entorno inmediato”. Con el tiempo, la confianza permitió que el proyecto avanzara.
Las limitaciones presupuestarias obligaron a decisiones creativas arriesgadas. La ubicación extrema del acantilado imponía una logística mínima. “Había días en los que instalábamos la cámara a centímetros del borde y solo podíamos esperar que el viento no cambiara”, comenta Serrano.

Sin color y con Vivaldi: Una apuesta estética contra el cliché turístico
La filmación submarina añadía una dificultad adicional: los directores debían anticipar el punto exacto donde un clavadista irrumpiría en el agua, sin margen de error.
En lo estético, la película destaca por su fotografía en blanco y negro, un intento por alejar la representación de Acapulco de sus clichés turísticos. Según Rejón, esta decisión tenía un fin específico: “Queríamos despojar a La Quebrada de todo color reconocible para que el espectador se concentrara en los cuerpos, en su tensión y en su silencio”, dijo.
Esta neutralidad visual se combina con una selección musical poco habitual en el contexto: piezas de Vivaldi, cuya energía barroca define el ritmo de los saltos. Para los directores, esta música no es un adorno, sino una estructura emocional: “El contraste entre los violines y el mar nos permitía revelar la dureza del oficio”, señala Serrano.

El relevo generacional: Las mujeres y niñas que mantienen la tradición
Uno de los elementos más importantes del filme es la presencia de nuevas generaciones. La escuela infantil de clavados muestra un futuro inesperado para la tradición. En ella participan niñas, adolescentes y jóvenes que aprenden técnicas transmitidas desde hace décadas.
Rejón lo explica así: “Lo que vimos allí es que el relevo ya no es solo masculino; la tradición está cambiando desde adentro”. La película refleja ese proceso sin solemnidad, como una continuidad natural.
La llegada del corto al DFF forma parte de su sólida trayectoria internacional. Ha participado en festivales estadounidenses, mexicanos y europeos, y su presencia en Doha subraya la capacidad del proyecto para dialogar con audiencias muy distintas.

Rumbo a los premios: La trayectoria internacional de Las voces del despeñadero
El festival catarí, que apuesta por voces independientes, ofreció un espacio donde la historia de La Quebrada encontró resonancia inesperada. Serrano considera especial esa recepción para Las voces del despeñadero: “Ver que una tradición tan nuestra podía conmover a un público árabe fue una sorpresa que no imaginábamos”.
Con la temporada de premios en marcha, el equipo continúa su camino hacia posibles reconocimientos mayores. No se trata solo del impacto profesional: el proyecto busca visibilizar la disciplina de los clavadistas, sus riesgos y su vigencia.
Rejón resume lo que significaría avanzar en ese recorrido internacional: “Si este corto llega más lejos, será una forma de agradecerles a quienes mantienen viva esta práctica a pesar de todo”, concluyó.
