‘La Biblia’ en el celuloide: Más de un siglo de fe en la pantalla
La Biblia no es únicamente el cimiento de la fe judeocristiana; para la industria cinematográfica, ha operado históricamente como el “Libro de libros”, una reserva inagotable de material épico que garantiza escala, conflicto y una audiencia cautiva. Hollywood comprendió tempranamente que adaptar el Génesis o el Éxodo era una decisión estratégica de producción para cimentar su hegemonía cultural.
Más aún, La Biblia podría considerarse uno de los mayores best seller que ha existido en cuanto al número de adaptaciones que ha tenido con 487 títulos que aparecen en las plataformas de streaming y más de mil episodios en series con producciones directamente tomadas de los Evangelios, el libro de los Jueces y otros apartados del libro (aunque sería más correcto decir “los libros”, debido a su traducción literal del latín).
Es curioso decir que en el libro de record Guiness el personaje literario que más veces ha aparecido en adaptaciones sea el de Sherlock Holmes con más de 254 apariciones (hasta el 2012 que se hizo el registro del récord), sin embargo, la figura de El Diablo tiene 849 y Jesús de Nazareth tiene 354 representaciones oficiales pero no compiten porque son consideradas representaciones no humanas.

El génesis de una obsesión: El director que fue Dios
El académico Juan Orellana divide en su ensayo La fuerza de La Biblia en el cine, tres diferentes ángulos desde el cual se ha abordado: la aproximación clásica, que se refiere a las producciones con un mensaje moral apegado a las escrituras; la protestante, que se refiere al pecado y la palabra de Jesucristo como eje central; la hebrea, producida principalmente por las versiones judías respecto a su interpretación de los textos bíblicos; la agnóstica en las que se crean nuevos paradigmas en torno un tema símil de La Biblia; la paródica y, finalmente, la metafórica que cuestiona la veracidad del texto.
La postura de la Iglesia con respecto a las adaptaciones fílmicas se ha dado en varias momentos históricos, sin embargo las palabras del Papa Juan Pablo II en un congreso nacional de estudios sobre el cine en Roma, en 1999, destacan de las restantes:
“El hombre creado a imagen y semejanza de Dios, está llamado constitutivamente a la paz y la armonía con Dios, con los demás hombres, consigo mismo y con toda la creación. El cine puede hacerse intérprete de ésta inclinación natural, y transformarse en ámbito de reflexión, de promoción de valores y de invitación al diálogo y a la comunión”, expresó.
Adán y Eva, Noé, Moisés, David y Goliat, Sansón y Dalila… y por supuesto la historia de Jesús han sido ampliamente representadas en la gran pantalla. A continuación se presentan algunos de los títulos más emblemáticos que cambiaron la historia de la cinematografía mundial.

El “Libro de libros”: El best seller que cimentó la hegemonía de Hollywood
Los primeros relatos inspirados en La Biblia se dieron con las representaciones de la vida de Jesucristo de Louis Lumiére con Vida y Pasión de Jesucristo y La Passion du Christ, del cinematógrafo Albert Kirchner, ambas en 1897. Posteriormente, en 1903 llegó a las pantallas la primera versión de Sansón y Dalila, dirigida por Ferdinand Zecca, rodada en Francia con seis minutos de duración.
El pionero del cine David Wark Griffith rodó Judith de Béthulie (1913) y más adelante su monumental filme Intolerancia (La lucha del amor a través de los tiempos) (1916), antes de que llegara Cecil B. DeMille quien inició su importante legado fílmico sobre el género con la primera versión de Los diez mandamientos (1923) al mismo tiempo que el estadunidense Charles Bryant estrenó Salomé.
Hacía los últimos años del cine mudo y la transición hacia el sonoro se exhibieron obras como El arca de Noé (1929), de Michael Curtiz y Lot en Sodoma (1933), de James Sibley Watson y Melville Webber, que destacaron en medio de la oleada de filmes bíblicos que surgieron después de Rey de reyes, del mismo Cecil B. DeMille desde 1926, mismo autor que repuntó las grandes producciones de Hollywood con Sanson y Dalila hasta 1949.
Fue después del filme David y Betsabé (1951), de Henry King, que llegó una cinta que pasó a la historia como la primera en proyectarse en el sistema Cinemascope que hoy en día conocemos como pantalla ancha con la aparición de El manto sagrado (1953), de Henry Koster.

La era de oro y el Cinemascope: El auge de la épica monumental
Las mayores producciones sobre las adaptaciones bíblicas se dieron a partir de la década de los 50 junto con la cinta de Koster. Filmes como la mexicana El martir del calvario (1952), de Miguel Morayta; Salomé (1953), de Willaim Dieterle; la ficción de Ben-Hur (1959), de William Wyler; Salomón y la reina de Saba (1959), de King Vidor; Esther y el Rey (1960), de Raoul Walsh; La historia de Rut (1961), de Henry Koster; Barrabás (1961), de Richard Fleischer y Sodoma y Gomorra (1962), de Robert Aldrich encabezaron la oleada perfeccionando cada vez más las técnicas fílmicas hasta encumbrarse con Los diez mandamientos de DeMille en 1956.
Conforme la crítica fue más fuerte y los espectadores se hicieron más exigentes, las adaptaciones dejaron de seguir la fidelidad de las escrituras y surgieron obras que figuraron por hacer interpretaciones personales sobre los relatos bíblicos como la versión de Nicholas Ray de Rey de reyes (1961); La más grande historia jamás contada (1965) y posteriormente La Biblia (1966) de John Huston.
También aparecieron filmes como David y Goliat (1960) de Richard Pottier, Ferdinando Baldi y Orson Welles; Esther y el rey (1960), de Raoul Walsh y Mario Bava; La historia de David (1960), de Bob McNaught; Los jueces de la Biblia (1966), de los españoles Marcello Baldi y Francisco Pérez Dolz y El pecado de Adán y Eva (1973), del mexicano Miguel Zacarías; Jesús de Nazaret (1977), de Franco Zeffirelli y Rey David (1984), de Bruce Beresford, por mencionar algunas.

Visiones de autor y herejías fílmicas: De Pasolini a Martin Scorsese
Algunos años antes, en 1962, el escritor y director de cine Pier Paolo Pasolini asistió a una especie de congreso en Asís. Allí se reunía la Pro Civitate Christiana, una suerte de organización laica pero basada en los valores del catolicismo tan arraigados en Italia. Cuenta la revista Fotograma de El evangelio según San Mateo que en la habitación en la que se hospedaba fue a parar un evangelio de Mateo y que la lectura de Pasolini lo cautivo por la relación entre cristianos y marxistas.
Pasolini, quien decidió llevar adelante el proyecto, reconoció que era algo “irracional” para él en su carrera: “no creo que Cristo sea hijo de Dios, porque no soy creyente. Pero creo que Cristo es divino: es decir, creo que en él la humanidad es elevada, rigurosa, ideal…”. De esta forma, el que también fue apresado por su homosexualidad y que apareció asesinado años más tarde, filmó una de las películas más fieles y bellas al texto sagrado.
En esos tiempos también se ofrecieron versiones irreverentes y polémicas sobre la vida de Cristo como Jesucristo Superstar (1973), de Norman Jewison; el musical Godspell (1973), de David Greene; La vida de Brian (1979), de los Monty Pyton y La última tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese.

El nuevo milenio: Violencia, oscuridad y el fenómeno del streaming
Durante la década de los 90 surgieron nuevos títulos y un nuevo auge del cine bíblico aunque con menor impacto en los espectadores. Decenas de filmes desde entonces se han producido de las cuales solo han prosperado El Génesis (1994), del italiano Ermanno Olmi; Abraham, el primer Patriarca y Abraham, el sacrificio de Isaac (1994), de Joseph Sargent y El Príncipe de Egipto (1998), de Brenda Chapman, Steve Hickner y Simon Wells.
Con la llegada del nuevo milenio, algunos cineastas retomaron la percepción personal que en los 80 se había dado respecto al Peplum con interpretaciones más libres y no alejadas de la polémica. Sobre todo destaca el caso de La pasión de Cristo (2002), de Mel Gibson, que arriesgó en el nivel de violencia, mientras que años después otros cineastas como Darren Aronofsky y Ridley Scott apostaron por darle un tono más oscuro y espectacular a sus versiones de Noah (2014) y Exodus: Dioses y reyes (2014).
En el año 2014 también se estrenó Son of God (El Hijo de Dios). Es la versión cinematográfica sacada de la miniserie La Biblia que se centra en la vida de Jesús que triunfó en televisión en el 2013 en History Channel. Para el 2015 llegó a las salas de cine Los últimos días en el desierto, protagonizada por Ewan McGregor, bajo la dirección del colombiano Rodrigo García.

Los últimos trabajos a destacar
En el 2016 hubo otras propuestas que llegaron a la pantalla como La resurrección de Cristo que protagonizó Joseph Fiennes y El Mesías con la participación de Sean Bean, aunque el título más esperado de ese año fue una nueva versión de Ben-Hur, de la mano del cineasta Timur Bekmambetov, protagonizada por Jack Hudson y Morgan Freeman, que pasó sin pena ni gloria.
Para el 2018 llegó el título de María Magdalena con protagonistas como Rooney Mara, Joaquin Phoenix y Chiwetel Ejiofor bajo la dirección de Garth Davis. Luego de esos años no ha habido producciones destacadas en el ámbito de las adaptaciones de la Biblia al cine. Al menos ninguna que haya resonado en la memoria colectiva. Sin embargo, sí ha ocurrido un fenómeno especial.

‘The Chosen’ y el espejo de la humanidad: La nueva épica de la cercanía radical
El siglo XXI ha marcado un cambio de paradigma: de la grandilocuencia del mármol al sudor de la intimidad. The Chosen (Los Elegidos), creada por Dallas Jenkins, ha revolucionado la industria al desafiar el modelo tradicional de producción televisiva. Al financiarse mediante un crowdfunding histórico de más de 40 millones de dólares, la serie se saltó a los grandes estudios, otorgando a los creadores una independencia que se traduce en una narrativa de cercanía radical.
La serie logra conectar mediante la humanización de sus personajes: un Simón Pedro impulsivo, un Mateo marginado y una María Magdalena cuya redención es profundamente emocional. Esta “desacusmatización” del Mesías alcanza su cumbre en la interpretación de Jonathan Roumie, quien ofrece un Jesús que rompe con la rigidez litúrgica:
Aunque aclamada por su calidad técnica y cinematografía impresionante, la serie enfrenta críticas de sectores tradicionales por sus libertades creativas y la posible “mercantilización de la fe”. Sin embargo, esta humanización parece ser la respuesta artística a los previos fracasos del cine de laboratorio.

Conclusión del espejo de la creación
Al concluir esta disección de la Biblia en el celuloide, emerge una verdad ineludible: el cine, en su ambición por retratar lo inefable, termina inevitablemente retratando la condición humana. Cada elección técnica —desde el grano de la voz de Huston hasta la sonrisa de Jonathan Roumie— es una respuesta a nuestras propias necesidades estéticas y emocionales de cada época.
Si el dogma sostiene que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, el séptimo arte ha invertido la figura: hemos reinventado a la divinidad según nuestras angustias, representando lo sagrado en el altar de la luz y el sonido. El cine no es solo un proyector de mitos; es el espejo donde la humanidad sacrifica lo divino para intentar comprender su propia fragilidad a través de la palabra adaptada al lenguaje eterno del arte.

