‘GOAT: La cabra que cambió el juego’: El triunfo del equipo sobre el ego
Las películas sobre deportes suelen apostar por narrativas individualistas, en las que un jugador se convierte en la estrella del espectáculo y, tras superar diversas adversidades, conquista sus sueños. GOAT: La cabra que cambió el juego no va por ese camino. En ese sentido, su título tiene algo de verdad: la cinta se atreve a cambiar esa fórmula y opta por centrarse en el verdadero espíritu deportivo, el del trabajo en equipo.
Producida por Sony Pictures, la película cuenta la historia de Will, una pequeña cabra que sueña con jugar roarball —una especie de basquetbol practicado en canchas mucho más peligrosas y demandantes— a nivel profesional.

La pantera Jett Fillmore: El verdadero arco dramático sobre el ego y la gloria
Cuando recibe la oportunidad de integrarse al equipo favorito de su ciudad natal, liderado por su ídola, la pantera negra Jett Fillmore, pronto se enfrenta a una cruda realidad: nadie parece confiar en su talento. Así, la pequeña cabra no solo deberá ganarse un lugar en la alineación, sino demostrar dentro de la cancha que su tamaño no define su capacidad.
La película destaca porque no se centra únicamente en el crecimiento de Will; de hecho, él llega al equipo siendo ya un prodigio del deporte. Más bien, la historia profundiza en Jett y en el declive de una figura que ya vivió sus momentos de gloria. Mientras Will busca demostrar su valía dentro de la cancha, Jett intenta desesperadamente conquistar el único logro que aún se le escapa: alzarse con “La Garra”, el trofeo del torneo, pese a haber roto prácticamente todos los récords.
Ambos personajes se complementan y sostienen el punto más fuerte de la película. No se trata de narrar la gloria individual, sino de reivindicar el valor del equipo. Cada integrante aporta una cualidad específica que, en conjunto, los impulsa hacia la cima.

Equidad en la cancha: Un universo sin jerarquías de género
En ese sentido, Jett es quizá el personaje mejor desarrollado, pues se ve obligada a transformar su estilo de juego: aprende a reconocer el talento de sus compañeros y a dejar atrás los celos y el ego para construir algo más grande junto a los demás.
Un elemento que sí aporta frescura es que los personajes masculinos y femeninos comparten el terreno de juego sin distinciones. No existen ligas separadas ni jerarquías marcadas por género: compiten bajo las mismas reglas y en igualdad de condiciones.
Incluso es la pantera quien domina la cancha como la mejor jugadora del torneo, un detalle que no se subraya como discurso y que, precisamente por eso, se siente natural dentro del universo de la película.

Una final predecible rescatada por un excelente doblaje al español
Si bien la cinta parte de una premisa que busca sentirse novedosa, termina por tropezar al reciclar fórmulas ya conocidas. En varios momentos se vuelve predecible y su resolución carece del impacto que promete. El partido final, que debería llevar la tensión al límite, no alcanza a generar una emoción verdaderamente profunda ni ese clímax memorable que el relato parece preparar.
No obstante, vale la pena destacar que el doblaje al español vuelve la experiencia más ligera y divertida. Se arriesga a incorporar expresiones y giros propios de los jóvenes, y aunque podría haber resultado forzado, en la mayoría de los casos funciona y aporta un tono cómico que se disfruta bastante.
Si bien no se trata de una de las mejores películas animadas del año, la propuesta resulta lo suficientemente entretenida como para sostenerse por sí misma. Además, su mensaje fluye con naturalidad, lo que la convierte en una opción ideal para compartir con las infancias y abrir conversación sobre el trabajo en equipo, la equidad y la importancia de confiar en los demás.
Este texto fue realizado en colaboración con Acotación Itinerante.
