Germinal Roaux y cómo hacer las paces con la muerte a través del cine
En la quietud de un pueblo de Yucatán, Lena, viuda sexagenaria que enfrenta la enfermedad, y León, guardián maya amenazado por el despojo de su hogar en pos de una prometida modernidad, cruzan caminos cuando el tiempo ya ha dejado huella en sus cuerpos y en el territorio que los rodea.
Lo que en apariencia podría ser un encuentro improbable —dos mundos que avanzan en direcciones distintas— adquiere una dimensión inesperada, como si la tierra misma lo hubiera dispuesto mucho antes de que ellos lo imaginaran. Entre silencios, diferencias y pérdidas compartidas, se teje una complicidad discreta que les permite hallar, en medio de la fragilidad, una forma de sentido.
Se trata de Cosmos, tercer largometraje del director y fotógrafo suizo Germinal Roaux. A propósito del reciente estreno de la película —tras su paso por los festivales de Tesalónica, Ginebra y Guanajuato—, compartimos la entrevista que hicimos en Clímax en Medio con el director, quien habló acerca de la inspiración que encontró en el paisaje y en la comunidad que lo habita, y de cómo ese vínculo terminó por definir el pulso íntimo del filme.

El misterio del origen: Una carta de amor y sanación en Yucatán
Clímax en Medio: Quisiera comenzar por el origen de Cosmos. ¿En qué momento nace la idea de filmar esta historia en la península de Yucatán?
Germinal Roaux: Siempre es un poco misterioso para un cineasta saber exactamente cómo va a comenzar una historia. Durante quince años trabajé como fotoperiodista para revistas en Suiza y Francia. En 2009 viajé mucho por México y llegué a Yucatán, donde realicé una serie fotográfica sobre una comunidad maya.
Ahí encontré a personas extraordinarias con quienes mantuve conversaciones profundas. Pero también hubo algo muy fuerte en la energía del lugar: la selva, la luz, esa geografía tan particular y ese cielo inabarcable. Todo eso despertó en mí la necesidad de hacer una película, en cierto modo para intentar hacer las paces con mi miedo a la muerte. La primera línea del guión la escribí en 2009; ha sido, por tanto, un proyecto con un proceso muy largo.
Clímax en Medio: Mencionaste tu miedo a la muerte. Es una presencia que ronda el pasado y el presente de los personajes y del lugar: la enfermedad de Lena, el fallecimiento del hermano de León años atrás, la destrucción de la selva. Platícame acerca de esta preocupación.
Germinal Roaux: Yo siempre hago películas muy personales, ligadas a reflexiones filosóficas y existenciales, a preguntas reales que me hago frente a un mundo que siento cada vez más desritualizado y desespiritualizado. Hoy resulta muy difícil mirar a la muerte de frente: siempre la mantenemos a distancia.
Me parecía importante intentar hacer una película que funcionara como un bálsamo para el corazón, que fuera también una carta de amor a México, pero sobre todo un mensaje de esperanza: un recordatorio de que, a pesar de nuestras diferencias, podemos tomarnos de la mano, sostenernos, vivir y morir juntos.

El despojo invisible: Muros de concreto y barreras sociales
Clímax en Medio: Uno de los temas de la película es el despojo de tierras y propiedades. En el contexto mexicano es una realidad frecuente que suele dejar a las personas en una situación de indefensión. ¿Cómo surge tu interés en abordar esta problemática dentro de la historia?
Germinal Roaux: Esta cuestión de ser expulsado de tu propia casa ocurre mucho en Yucatán, no solo ahora con la construcción del Tren Maya, sino desde muchos años antes: con proyectos inmobiliarios, construcción de fábricas y distintos tipos de “desarrollo”. Hay pueblos enteros donde los más pobres no han podido hacer nada para resistir, para conservar sus tierras.
Es algo que me toca profundamente. Hablando con Andrés Catzín, el actor que interpreta a León, este tema cobró aún más fuerza para mí; lo sentí y entendí mejor. Muchas cosas de la película se construyeron a partir de nuestras conversaciones. Él me decía, por ejemplo, que antes la tierra pertenecía a quienes la cultivaban: una relación simple y lógica. Pero en el capitalismo en el que vivimos, en este mundo de la posesión, hemos construido barreras.
Como europeo, algo que me impactó mucho la primera vez que vine a México —y particularmente a la Ciudad de México— fue la cantidad de muros. Estaba alojándome con una familia en San Ángel y todas las casas tenían bardas de tres o cuatro metros, alambres metálicos, sistemas de protección. La gente se encierra y esa arquitectura termina marcando la propiedad.
Pero también percibí otra barrera, más invisible: la que existe entre los blancos o los ricos y las poblaciones indígenas, que no tienen el mismo derecho a la palabra. Cuando conocí a Andrés, supe de inmediato que tenía que ser el protagonista de la película.
Él tiene una luz especial, un saber profundo de la naturaleza —las estrellas, los pájaros, los insectos, el viento—. Eso no lo fabriqué para su personaje; él realmente es así. Y aunque en la película se habla poco de ello, se percibe que ese conocimiento está ahí.
Un año después regresé con un equipo muy pequeño para filmar algunas escenas con Andrés y grabar las voces en off. Ahí mi intención fue darle la palabra para que pudiera compartir su cosmovisión. Siempre busqué no traicionar su confianza. Sentí que ese proceso fue importante para él, y todos entendimos que lo que tenía que decir era en sí mismo un regalo.

Un casting dictado por el cielo: El hallazgo de Andrés Catzín
Clímax en Medio: ¿Cómo ocurrió tu encuentro con Andrés Catzín?
Germinal Roaux: El casting fue una etapa muy complicada. Durante más de siete meses recorrimos todo Yucatán. Fuimos pueblo por pueblo, conocimos familias, nos deteníamos y hablábamos con la gente en el camino.
Teníamos un equipo dedicado exclusivamente a encontrar a la persona que pudiera interpretar a León. Había personas interesantes, pero ninguna tenía esa luz que tiene Andrés. Dos semanas antes de filmar todavía no tenía actor. Aquello fue muy angustiante para la producción y para mí.
Ángela Molina, quien interpreta a Lena, me llamaba constantemente preguntándome si ya lo había encontrado, y yo le respondía que no. Finalmente, el cielo nos ayudó. Una mujer me invitó a una ceremonia chamánica maya muy importante. Ahí conocí a varias personas, una cosa llevó a la otra y de pronto apareció Andrés.
Después vino otra pregunta: ¿lo íbamos a lograr? Andrés nunca había visto una película en su vida y no sabía lo que significaba actuar. Tuvimos apenas unos días para conocernos, para explicarle lo que quería hacer, hasta que aceptó participar. Estoy muy agradecido por esta relación, que continúa hasta hoy.
Desde el momento en que entendí quién era Andrés, supe que tendría que sacrificar cosas del guión. Yo había escrito un guión muy detallado y con muchos diálogos. Al final, reescribí toda la película durante el rodaje. Ángela, todo el equipo y yo tuvimos que adaptarnos a Andrés, porque él iba a dictar el ritmo de la película. Todo terminó organizándose a partir de su presencia y su forma de estar en el mundo.

La poesía del blanco y negro: Esculpiendo la luz en la selva maya
Clímax en Medio: Tú también eres el director de fotografía de la película. ¿Cómo fuiste pensando la estética de Cosmos?
Germinal Roaux: El blanco y negro es mi vida. Todas mis películas están filmadas así; creo que es el medio más adecuado para la clase de historias que me interesa contar. Suelo decir que escribo directamente para el blanco y negro. Trabajo mucho con la luz y la sombra, con el yin y el yang, lo interior y lo exterior, lo pequeño y lo grande, los contrarios.
Mi verdadero trabajo —casi como de poeta— consiste en encontrar un espacio lo suficientemente alejado del mundo. Muchas veces me voy solo a la montaña en Suiza o a Grecia. Tengo la sensación de que las mejores ideas no vienen de mí, sino que caen del cielo. El trabajo es estar lo suficientemente presente y atento para poder recibirlas.
Después tuve que pensar en el scouting. Durante más de cuatro años estuve en Yucatán buscando los lugares que tuvieran más cosas que decir para mi historia. Era como armar un rompecabezas: la iglesia en medio de la selva, la vieja hacienda donde vive Lena, la pequeña casa de León, los trayectos. Todo tenía que estar en el lugar justo para que la historia se contara sola.
Finalmente, llegó el rodaje. Pero puedo decir que una parte importante del montaje ya estaba hecha desde el scouting. Por último, vino el extraordinario proceso de corrección de color con Yov Moor, con quien he trabajado en todas mis películas. Él se tomó un tiempo enorme para trabajar con delicadeza las sombras y las luces. Fue uno de los últimos procesos, y uno de los más importantes para mí.
