‘Familia a la deriva’: Humor para sanar los vínculos rotos
Detrás del tono cómico con el que se presenta Familia a la deriva se esconde una historia sobre heridas familiares y vínculos que intentan recomponerse cuando ya parecen perdidos.
Dirigida por Alfonso Pineda Ulloa, Familia a la deriva es una comedia familiar mexicana que sigue a Gonzalo, un padre ausente que, tras una serie de errores, emprende un viaje en yate con sus hijos con la intención de recuperar el tiempo perdido. Lo que inicia como unas vacaciones improvisadas pronto se transforma en una experiencia caótica que obliga a todos los integrantes de la familia a confrontar sus heridas.
Aunque la película apuesta por el humor como eje narrativo, el relato toca temas más profundos como la paternidad ausente.

Irán Castillo y la conexión inmediata: “Me divertí, pero tocó fibras sensibles”
En entrevista con Clímax en Medio, las actrices Irán Castillo, Ana González Bello y Farah Justiniani compartieron su experiencia al formar parte de una película que, aunque apuesta por la comedia, no esquiva los temas incómodos.
Desde el primer acercamiento al guión, la mezcla de humor y emotividad fue lo que las impulsó a formar parte del proyecto. Irán Castillo recuerda que la lectura inicial la sorprendió por lo mucho que la hizo reír, pero también por la conexión emocional que logró establecer casi de inmediato:
“Me divertí muchísimo leyéndola, pero también conecté mucho con el tema. Me pareció muy bonito que abordaran la reconexión familiar y los vínculos con los hijos, ya sea desde la maternidad o, en este caso, desde la figura paterna”, expresó.
Esa sensación de cercanía se reforzó al descubrir la historia completa. Al terminar el guión, la actriz entendió que se trataba de una película honesta, sensible y, sobre todo, necesaria.

Ana González Bello y la sorpresa emotiva: “Fue muy fuerte ver las escenas terminadas”
Para Ana González Bello, el proceso fue distinto y más intuitivo. La confianza en el productor y el director —con quienes ya había trabajado anteriormente— fue suficiente para aceptar el proyecto incluso sin conocer a fondo el personaje que interpretaría.
“Cuando mi agente me dijo ‘quieren ver si puedes’, les dije que sí a lo que fuera. Ni siquiera sabía qué personaje era”, recuerda entre risas.
Conforme avanzó el proceso y se fue revelando el resto del elenco, el entusiasmo creció. La posibilidad de compartir pantalla y formar dupla con Irán Castillo terminó de acomodar las piezas. “Todo se fue dando de una manera muy hermosa”, señala.

Farah Justiniani es Maya: El reto de interpretar la ausencia paterna
Por su parte, Farah Justiniani, llegó al proyecto a través del casting y el callback, conociendo poco a poco el universo de la película. Haber trabajado previamente con el director, Alfonso Pineda Ulloa, facilitó la comprensión del tono y de su personaje, Maya, una joven atravesada por la ausencia paterna.
“Es un personaje con el que muchas personas se pueden identificar. Esta falta de paternidad es algo que se repite mucho”, explica.
Aunque Familia a la deriva se presenta como una comedia, las actrices coinciden en que varias escenas terminan cargándose de mucha emotividad. González Bello confiesa que al ver la película terminada —ya fuera de la sala de cine— se encontró con momentos que no había dimensionado del todo durante el rodaje.
“No había visto lo que habían hecho Mauricio, Memo y los niños. Había escenas que ya había leído, pero verlas fue muy fuerte”.
Entre las más significativas, destaca una en la que los hijos hablan de Gonzalo sin saber que él los escucha, y otra donde Maya confronta directamente al personaje del padre, pidiéndole que no repita con sus hermanos el abandono que ella vivió. “Ahí fue cuando dije: ‘híjole’”, confiesa.

Un viaje en yate para recuperar el tiempo perdido
Maya es uno de los personajes más complejos de la historia: una joven que carga con la ausencia paterna, pero que al mismo tiempo asume el rol de protectora de sus hermanos. Para construirla, Justiniani pasó por un proceso de coaching y convivencia con los niños y con Mauricio Ochmann.
“El convivir fue clave. Yo soy la hermana menor en la vida real, pero aquí tenía que sentirme la hermana mayor. Eso me ayudó a abrazar a Maya y entender por qué es tan dura, pero también tan tierna”.
Esa dualidad —la rudeza frente a la vulnerabilidad— se convirtió en uno de los ejes emocionales del personaje.
Familia a la deriva navega por diversas emociones: el miedo, el silencio, el enojo y la esperanza de volver a encontrarse. Una película que apuesta por la comedia como punto de entrada, pero que termina hablando de la ausencia, del perdón y de lo difícil —y necesario— que es intentar reconstruir una familia cuando todo parece haberse detenido.
