‘Exterminio: El templo de los huesos’: Sacrificios, cultos y la normalización de la barbarie
Apenas comienza 2026 y enero ya nos sorprendió con probablemente una de las mejores películas del año. Exterminio: El templo de los huesos, dirigida por Nia DaCosta y escrita por Alex Garland no es una película sencilla. Sí, es una continuación directa de su antecesora, Exterminio: La evolución, pero no se siente como una secuela convencional, sino como una pieza más dentro de un engranaje mayor que, aún sin un gran conflicto central, nos permite conocer con mayor profundidad el universo creado por Danny Boyle y abre el camino a futuras entregas.
Lejos de apostar por una narrativa clásica de infectados y supervivencia, esta nueva entrega opta por un recorrido más introspectivo, enfocado en quiénes habitan ese mundo hostil y despiadado, donde la violencia, la fe —o la ausencia de algo en qué creer— y la desesperación forman parte de la vida cotidiana.

El horror no son los infectados: Sectas, pelucas amarillas y “El Viejo Nick”
La película inicia justo donde concluyó su antecesora. Spike (Alfie Williams) debe luchar por ganarse un lugar dentro del culto de Sir Jimmy de Cristal (Jack O’Connell), integrado por otros niños conocidos como los Dedos, quienes visten pelucas amarillas y rinden culto a una figura llamada “El Viejo Nick” a través de sádicos sacrificios.
De forma paralela, también seguimos la historia del doctor Ian Kelson (Ralph Fiennes), quien continúa viviendo en el templo de huesos que ya habíamos visto en Exterminio: La evolución y mantiene su investigación sobre Samsón (Chi Lewis-Parry), un líder alfa adicto a la morfina.
A diferencia de muchas películas apocalípticas y en total coherencia con la línea que esta saga ha mantenido desde sus inicios, Exterminio: El templo de los huesos desplaza el miedo de los monstruos hacia algo mucho más atroz: la completa deshumanización de las personas. Aquí, el horror no proviene de los infectados, sino de una sociedad que ha normalizado la violencia y el fanatismo.

La paradoja de Samsón y Kelson: Cuando el monstruo recupera la humanidad
Lo más torcido es que sean niños quienes crean ciegamente en un culto y asesinen en su nombre; que una figura como Jimmy no solo los lidere, sino que busque expandir su influencia y convenza a las personas de que Satanás es su padre biológico.
Incluso la película propone un juego paradójico interesante: mientras los niños se vuelven cada vez más violentos y fanáticos, Samsón comienza, poco a poco, a recuperar rasgos de humanidad a través del tratamiento que le brinda Kelson.
Esta inversión de roles refuerza una de las ideas centrales del filme: en un mundo devastado, la línea entre lo humano y lo monstruoso ya no la define la infección, sino las decisiones morales de quienes aún sobreviven.

Iron Maiden rompe la tensión: Humor negro y “The Number of the Beast”
Exterminio: El templo de los huesos es una película en la que apenas puedes estar tranquilo. Los momentos de calma son breves, casi accidentales. La violencia, la tensión y la desesperanza dominan cada rincón de este mundo, sin embargo, en medio de la decadencia, la película encuentra un inesperado instante de humor.
Una increíble secuencia dentro del templo de huesos, acompañada por “The number of the beast” de Iron Maiden, irrumpe como un momento tan extraño como gracioso. No se trata de un alivio, sino de un humor negro que acentúa el absurdo del fanatismo y la teatralidad de la fe en un mundo que apenas tiene sentido de la moral y carece completamente de fe.
Exterminio: El templo de los huesos funciona como una pieza de transición que, lejos de avanzar la historia de manera tradicional, se dedica a expandir su universo y profundizar en sus heridas. Su mayor acierto está en entender que, después de tantos años de destrucción, el verdadero terror ya no vive en los monstruos, sino en las personas que aprendieron a convivir con la barbarie.
**Este texto está hecho en una colaboración con https://acotacionitinerante.com/
