‘El gigante enterrado’: El nuevo sueño animado de Guillermo del Toro
Cuando un maestro como Guillermo del Toro se encuentra en la cima de su poder creativo, cada nuevo proyecto se convierte en un evento.
Tras la consagración de su Pinocho y mientras el mundo del cine disfruta de su colosal Frankenstein, el director tapatío no descansa.
El gigante enterrado, adaptación del libro de Kazuo Ishiguro, será su próximo proyecto inmediato y será en animación stop motion como lo confirmó en su paso por la premiere de Frankenstein en la CDMX.
No es una pieza más en su filmografía, sino la conquista de una cumbre largamente anhelada, una exploración de la memoria, la humanidad y el mito que cobrará vida a través del arte paciente y meticuloso del stop-motion.

Del sueño a la pantalla: La larga travesía de El gigante enterrado
La filmografía de un autor como Guillermo del Toro está marcada por proyectos personales, obsesiones que maduran durante años hasta encontrar su momento.
El gigante enterrado es un ejemplo paradigmático de esta perseverancia creativa, la culminación de una pasión que se ha negado a permanecer en el cajón de los guiones olvidados.
Un proyecto nacido de la paciencia
Este no es un proyecto improvisado, sino un fantasma que ha rondado el escritorio del director durante años.
Ya en 2018, The Buried Giant figuraba en la melancólica lista de guiones escritos pero no producidos que Del Toro compartió con sus seguidores, un cementerio de sueños cinematográficos.
Ahora, el éxito rotundo de Pinocho no solo ha fortalecido su alianza con Netflix, sino que ha servido como el conjuro necesario para resucitar uno de esos sueños perdidos.
La confianza del estudio es total, como lo demuestran las palabras de Scott Stuber, presidente de Netflix Film, quien describe a Del Toro como un “cineasta visionario y un maestro en su oficio”, subrayando el respaldo incondicional a su próxima aventura creativa.

El mundo de un premio Nobel
La película se basa en la aclamada novela homónima del escritor británico de orígen japonés y Premio Nobel de Literatura 2017, Kazuo Ishiguro.
La historia nos transporta a una Inglaterra post-artúrica, una tierra yerma donde británicos y sajones conviven entre las ruinas de un pasado legendario y la presencia de ogros. En este mundo, una misteriosa “niebla” ha borrado la memoria a largo plazo de sus habitantes.
Seguimos el viaje de Axl y Beatrice, una pareja de ancianos que, apenas recordando que alguna vez tuvieron un hijo, emprenden una búsqueda para encontrarlo y recuperar los jirones de su pasado.
La novela de Ishiguro, con su exploración de las heridas del pasado y el amor puesto a prueba por el olvido, no es solo material fértil para el cineasta; es un eco directo de las obsesiones que han definido toda su filmografía.

El arte de animar lo imposible: El stop-motion como lenguaje
La elección del stop-motion para dar vida a El gigante enterrado no es una simple decisión técnica; es una declaración de principios, un manifiesto artesanal.
Para Guillermo del Toro, se trata de un acto militante, una cruzada personal para preservar un arte eminentemente manual en una era dominada por lo digital y lo automatizado.
Un culto a lo artesanal
Del Toro ha expresado su filosofía sobre esta técnica con una mezcla de humor y devoción, definiéndola como un arte al límite de la supervivencia:
“El stop motion está perpetuamente al borde de la extinción. Y lo preservan perpetuamente personas un poco locas. Es un pequeño culto con gente muy devota”, expresó.
Su compromiso va más allá de sus propias películas. A través de colaboraciones con la prestigiosa escuela de artes visuales Gobelins en París y la propia Netflix, el director impulsa la formación de nuevos talentos, asegurando que este oficio, que considera fuera del alcance de la inteligencia artificial, perdure para las futuras generaciones.

La misión creativa
La visión del director para este proyecto es clara y ambiciosa. En sus propias palabras, la película es una continuación de su búsqueda artística:
“The Buried Giant continúa mi asociación de animación con Netflix y nuestra búsqueda del stop-motion como medio para contar historias complejas y construir mundos ilimitados…”, comentó.
Los desafíos de la fantasía
Dar forma a un mundo de fantasía medieval con esta técnica presenta retos monumentales. La productora Melanie Coombs, colaboradora en Pinocho, adelantó algunas de las complejidades que enfrentarán, como la animación de “un dragón y caballos”, figuras cuyo movimiento natural es notoriamente difícil de replicar cuadro a cuadro.
Con ingenio, Coombs bromeó sobre cómo la omnipresente niebla de la historia podría ser un aliado creativo para resolver algunos de estos desafíos visuales, una solución poética que encaja perfectamente en el universo del director.
Así, esta técnica, que exige paciencia y devoción casi monacal, se convierte en el único lenguaje capaz de dar forma física a los frágiles y nebulosos paisajes de la memoria que Del Toro se propone explorar.

La huella del autor: ¿Qué gigante veremos en realidad?
El verdadero cine de autor se define por la capacidad de un cineasta para tomar un material original y transformarlo en una expresión profundamente personal, emotiva y visualmente distintiva.
La obra de Guillermo del Toro es el mejor ejemplo de este proceso, y todo apunta a que El gigante enterrado seguirá este camino, donde cada elección es una pincelada deliberada de su visión.
Ecos de monstruos y humanidad
Es imposible no trazar paralelismos temáticos entre este proyecto y su esperada Frankenstein.
Las reflexiones del cineasta sobre la criatura de Mary Shelley —la pregunta fundamental de “qué significa ser humano”, la defensa de los personajes imperfectos, y la exploración de la paternidad y la memoria— ofrecen un marco perfecto para anticipar su aproximación a la historia de Axl y Beatrice.
Su viaje a través de un paisaje de recuerdos borrados es, en esencia, una búsqueda de identidad y una confrontación con los “monstruos” que el pasado puede generar.

Una obra “Hecha suya”
La productora Melanie Coombs lo confirma: la adaptación será una reinvención. Su afirmación es contundente y define el método del director: “La novela es una cosa y luego Guillermo la convierte en un guión, la hace suya”.
Al igual que hizo con Pinocho, situándolo en la Italia fascista, podemos esperar que Del Toro encuentre un nuevo contexto o un giro personal que dote a la historia de Ishiguro de una resonancia única.
Una colaboración sugerente
El guión está siendo coescrito con Dennis Kelly, el aclamado guionista de Matilda the Musical.
Se trata de una elección que sugiere una búsqueda del equilibrio entre la melancolía existencial de Ishiguro y la emotividad casi operística que Del Toro imprimió, por ejemplo, en los momentos más conmovedores de La forma del agua.
La colaboración apunta a una fusión de fantasía oscura y corazón palpable, una fórmula que el cineasta ha perfeccionado a lo largo de su carrera.
La expectativa, por tanto, no es la de una transcripción literal, sino la de una reinterpretación que pasará la profunda y compleja novela de Ishiguro por el inconfundible filtro estético y emocional del cineasta.
Un legado de memoria y fantasía
El gigante enterrado no es solo la próxima película de Guillermo del Toro; es una pieza destinada a encajar de manera coherente en su legado cinematográfico.
Un legado que consistentemente ha utilizado la fantasía, el mito y los monstruos como vehículos para explorar las facetas más profundas, dolorosas y hermosas de la condición humana.
La suma de las pasiones
Este proyecto es la confluencia de todas las pasiones del director: la adaptación de una obra literaria magistral de un Premio Nobel, un cineasta en la cima de su poder creativo, la defensa apasionada de una técnica de animación casi extinta y una alianza estratégica con un estudio que le otorga libertad.
La película está destinada a ser una profunda reflexión sobre la memoria, tanto individual como colectiva, y sobre esos “gigantes enterrados” que habitan en el pasado de las personas y de las naciones, esas verdades incómodas que a veces preferimos olvidar.
La promesa de un mundo ilimitado
En manos del maestro tapatío, la niebla que borra recuerdos en la novela de Ishiguro se convertirá en una poderosa metáfora visual y narrativa.
La promesa es un viaje a “mundos ilimitados” a través de una historia compleja, un relato que, como los mejores cuentos de hadas, buscará conmovernos, maravillarnos y, sobre todo, perdurar en nuestra memoria mucho después de que las luces del cine se enciendan.

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