‘El callejón de los milagros’ y sus primeros 30 años: “La única forma de vencer a la muerte es el cine”
Hace unas cuantas semanas, se reestrenó en salas Amores perros (Alejandro González Iñárritu, 2000) con motivo de su 25° aniversario.
El festejo no solo vino acompañado de una versión restaurada, sino de una serie de desprecios y ninguneos hacia la película: de ser considerada un parteaguas para el cine mexicano, ahora resulta que siempre estuvo sobrevalorada, que nunca estuvo bien hecha, que desde su aparición no dejaba de ser un muestrario de historias tremendistas, etcétera.
La dinámica diaria en las redes sociales, con sus hipérboles y sentencias lapidarias, hicieron lo suyo.
Ahora, recientemente regresó a cartelera, igualmente en su versión restaurada y más novedosa luego de haberse visto en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), un título representativo de una década turbulenta y complicada para el cine nacional como fue la de los noventa: El callejón de los milagros (1994), séptimo y penúltimo largometraje de Jorge Fons.

La restauración: un trabajo de amor y paciencia
La adaptación de la novela del autor egipcio Naguib Mahfouz, originalmente titulada Zuqâq al-Midaq y editada en 1947, cumple 30 años de haber sido presentada ante sociedad (5 de mayo de 1995) y de haber permanecido treinta semanas en corrida comercial, un récord histórico para nuestro contexto.
A propósito de la celebración, se realizó en Cineteca Nacional México un encuentro entre la prensa, parte del elenco –Juan Manuel Bernal, Margarita Sanz, Tiaré Escanda, Esteban Soberanes y María Rojo–, el coordinador de producción Daniel Birman Ripstein, así como la compositora Lucía Álvarez.
“Ha sido un camino maravilloso a lo largo de estos treinta años. Existe un gran cariño por esta película, tanto del público como de todos los que formamos parte de ella. Yo comencé con Jorge Fons el proceso de restauración de la película”, inició así la conversación Daniel Birman Ripstein.
“Desde hace muchísimo tiempo le platiqué que quería restaurar la película para poderla volver a exhibir en algún momento. Generalmente, no se sabe cuánto tiempo van a tardar estos procesos; en este caso, fueron casi cuatro años lo que nos llevó a tenerla lista”, añadió.

El legado de Jorge Fons, director de actores
La ocasión fue el pretexto perfecto para evocar la manera en que Jorge Fons se relacionaba con sus actores y cómo se involucraba en la caracterización de cada uno de los personajes.
“La experiencia de El callejón de los milagros es una de las más hermosas que he tenido como actriz. En ese momento, yo apenas comenzaba en el cine y llegar a cada llamado era como tomar clases magistrales con mis compañeros”, dijo Margarita Sanz.
“Conocer a Jorge Fons fue fundamental. Recuerdo que él y yo fuimos con un técnico dental para que hiciera una prótesis de dientes chuecos, podridos y llenos de sarro, pensada para Susanita, mi personaje. El pobre hombre no entendía nada; nos veía como pensando: ‘¿Quiénes son estos locos?’”, continuó.
“Posteriormente, Jorge le pidió hacer otra prótesis de dientes sanos, pero de baja calidad, con las encías de un color rosa mexicano. Jorge regresó con una cámara para probar cómo se veían en pantalla, y el técnico tuvo que dañarlos para que se vieran aún más chafas porque la cámara los hacía ver ‘demasiado limpios’”, complementó.
Para la actriz esta historia tiene un significado especial: “Fue un proceso artesanal, donde Jorge estuvo a mi lado en cada paso de la caracterización. Y no solo conmigo: si observan bien la película, cada personaje tiene una transformación”, dijo.
“Lamentablemente, ya no volví a trabajar con él, pero le aprendí muchísimo; ha sido uno de los directores más sensibles que ha tenido el cine mexicano”, rememoró Margarita Sanz.

La magia detrás de los personajes
Por su parte, las palabras de Esteban Soberanes y Tiaré Scanda hicieron entender mejor el motivo por el cual los personajes de la película ganadora de 11 premios Ariel, siguen insertados, de uno u otro modo, en el imaginario colectivo.
“Jorge Fons no te dirigía con órdenes, te decía ciertos detalles, ciertas precisiones, nada más y dejaba al actor construir”, comenzó Soberanes.
“Cuando iba a hacer mi primera escena con Ernesto Gómez Cruz, donde su personaje, Don Ru, conoce a Jimmy, mi personaje, yo le propuse a Jorge: ‘¿Y si cada vez que se ven, Don Ru le da un regalo a Jimmy? ¿Si esas atenciones que ya no le da a Eusebia, su esposa, se las da a él?’”, siguió.
“Jorge gritó a su equipo: ‘¡Traigan un regalo para Soberanes!’. Y así, con el detalle del regalo de unos calcetines, construimos una relación que no estaba escrita en el guión, pero que se podía sentir”, recordó.
Por su parte Scanda también destacó el sentimiento de empatía como creadores que hubo en el set: “Jorge Fons nos hacía sentir co-creadores, no solo actores. Tus ideas enriquecían el proyecto. Hacer a Maru, mi personaje, fue muy divertido. Yo le propuse a Jorge: ‘¿Y si Maru habla siempre en tono de broma con los demás… y luego remata con la verdad?’”, comentó.
“Le encantó la idea y jugamos con eso todo el tiempo. Pocos directores se atreven a que los actores inventen a sus personajes”, sumó.
“Muchos directores preferirían no tener que comunicarse con nosotros, porque no saben qué decirnos, como si nos tuvieran miedo, pero Jorge no le tenía miedo a los actores; les tenía amor. Sabía hablar nuestro idioma”, remembró Scanda.

La voz de Vicente Leñero: un guion perfecto
Como es sabido, la adaptación realizada por Vicente Leñero, traslada las acciones que ocurren en un barrio de El Cairo durante las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial a las bulliciosas calles del Centro Histórico del otrora Distrito Federal, como Leandro Valle, Alhóndiga, República de Chile y República de Venezuela, haciendo confluir la relación clandestina que sostienen el dueño de una cantina decadente y el empleado de una tienda de camisas y calcetines.
El malogrado compromiso matrimonial entre un envejecido anticuario y la joven hija de una lectora de tarot, la cual terminará siendo seducida por cierto padrote que la merodea; el idilio al cual desea aferrarse la poco agraciada casera de una vecindad con un pobrediablesco mesero, entre otras historias. Sitios, ambientes y narraciones populares que parecen no seguir vigentes.
“Uno de mis recuerdos más vívidos de hacer El callejón de los milagros es cuando Tiaré (Scanda) y yo, antes de empezar el rodaje, nos aventuramos a recorrer las calles y buscar locaciones en el centro de la Ciudad de México. Claro, después en producción nos regañaron (risas); no teníamos permitido hacer eso”, dijo Juan Manuel Bernal.
“Curiosamente, yo crecí en el Centro Histórico, así que caminar por esas calles fue como volver a casa. Incluso hoy, aunque ya no vivo ahí, sigo recorriendo esos lugares, y cada vez me transportan a nuestra película”, continuó.
“Es un espejo, un retrato poderoso de ese México que aún persiste. Recuerdo que regresé alguna vez a la vecindad donde filmamos. La fachada estaba en el centro, pero los interiores los grabamos en Tlalpan, al sur de la ciudad. Entrar de nuevo a ese lugar fue como revivir la magia del rodaje”, complementó Bernal.

La nostalgia se hace presente
Para Margarita Sanz es importante que el público conecte con el cine mexicano que ha hecho historia, por eso es importante recuperar más títulos como el de la película de Fons.
“Me llena de alegría que esta producción haya logrado restaurar El callejón de los milagros, porque hay generaciones que ni siquiera habían nacido cuando se estrenó”, dijo Sanz.
“Ahora podrán descubrir una película impecable: dramáticamente sólida, con un guión magistral de Vicente Leñero —quien lo reescribió siete veces hasta que quedara perfecto–, una adaptación brillante de una sociedad como la egipcia que, en el fondo, tiene mucho parecido con la nuestra, los defectos y virtudes, las bajas pasiones con las que uno dice aquello que mejor debió haberse callado o se guardó eso que debió haber dicho”, siguió.
“Me siento nostálgica por los que ya no están, pero profundamente feliz de recordarlos con su inteligencia, su plenitud creativa y su inmenso talento”, manifestó Margarita Sanz.
Un retrato del México que fue… y que sigue siendo
En una alicaída segunda mitad de los años noventa, que comenzaba con una nueva devaluación y en la cual la producción sería exigua, El callejón de los milagros consiguió conjuntar a un nutrido y llamativo elenco integrado por actores y actrices de distintas generaciones y significó el punto de inflexión para las carreras de la más joven.
“Juan Manuel (Bernal), Bruno (Bichir), Tiaré (Scanda), Salma (Hayek) y yo, éramos los chamaquitos del set, estábamos empezando nuestras respectivas carreras. Yo tenía 23 años; mi primera película había sido La tarea prohibida, de Jaime Humberto Hermosillo, con María Rojo, dos años atrás”, dijo Esteban Soberanes.
“Y de pronto, estaba al lado de monstruos sagrados del cine y el teatro como Ernesto Gómez Cruz, Delia Casanova, Margarita Sanz y tenía la oportunidad de coincidir nuevamente con María Rojo. Era impactante”, continuó.
“Recuerdo que cuando no nos tocaba filmar, estábamos pegados a Jorge, viendo cómo dirigía, cómo hablaba con Vicente Leñero, cómo contagiaba su pasión. Hay fotografías donde estamos todos alrededor de él, aprendiendo”, mencionó Soberanes.

El filme que le cambió la vida a Tiaré Scanda
Por su parte, Tiaré Scanda destacó la forma en que el filme cambió su carrera para siempre: “Para mí, El callejón de los milagros fue un cambio de dirección en mi carrera: yo, desde que empecé a estudiar actuación, anhelaba entrar al ambiente del cine”, expresó.
“En ese entonces yo venía de hacer una telenovela muy popular como lo fue Muchachitas, pero estábamos en tiempos en donde todavía había mucho prejuicio hacia los actores de la televisión”, siguió.
La actriz se emocionó al evocar el proceso: “De repente, mediante un casting, tuve la oportunidad de entrar al cine ¡y qué cine! Además, la película me permitió compartir un par de escenas con mi güero adorado (Juan Manuel Bernal); ya éramos amigos, pero en la filmación nos hermanamos”, expresó.
“Esa es otra de las cosas que le debemos a El callejón de los milagros: los vínculos personales que hicimos y que conservamos a lo largo de los años”, afirmó Tiaré Scanda.

La música que suena a barrio y a vida
La película, que mereció una mención especial en el festival de Berlín dentro de su competencia oficial, significó un desafío para la compositora Lucía Álvarez, quien tuvo que crear y mantener una atmósfera arrabalera que resultara verosímil, esto a través de géneros musicales con los cuales nunca había trabajado.
“Esta fue mi primera colaboración con Jorge Fons; posteriormente vendría El atentado (2010). Debo decir que el 100% de la música que se escucha en la película es original”, expresó Lucía Álvarez.
“Todo lo que suena en la radio, en la calle, en la taberna fue compuesto, lo cual a mí me representó un gran reto, porque yo provengo de una formación académica y aquí tuve que abordar géneros como el bolero, el danzón y el son”, siguió.
El proceso, para la compositora, fue muy memorable: “Yo agradecí mucho a la producción que pudiera estar presente en el set desde el inicio del rodaje. Veía los ensayos, comía con los actores, escuchaba a Jorge”, comentó.
“Una ocasión, Salma (Hayek) me dijo: ‘¿Qué haces aquí? ¡Vete a tu casa a escribir la música!’. Le contesté: ‘Tranquila Salma, yo ya estoy trabajando’. No escribí la música en mi casa, sino en el set”, confesó Lucía Álvarez.

María Rojo y el poder del cine como eternidad
El filme producido por Alameda Films, llegó a su trigésimo aniversario con varias ausencias mortales: Jorge Fons, Vicente Leñero, su productor Alfredo Ripstein Jr., su editor Carlos Savage y sus actores Ernesto Gómez Cruz, Abel Woolrich, Claudio Obregón y Óscar Yoldi.
“Cuando me ofrecieron participar en El callejón de los milagros, consideré que era una oportunidad única. Trabajar con grandes actores, fue algo que me llenó de emoción desde el principio. Jorge Fons, con quien ya había actuado en Rojo amanecer (1989), creó un ambiente en el set donde todos nos sentíamos queridos”, destacó María Rojo.
“Su manera de trabajar, su cariño por los personajes y por el cine, era especial; recuerdo cómo me hablaba de la novela, y de su visión para esta historia. Para mí, esta película es perfecta: las locaciones, la narrativa, el trabajo de Jorge y de todos los involucrados la convierten en una obra maestra”, continuó.
“Me siento profundamente orgullosa de haber formado parte de ella, especialmente por mis escenas con Margarita Sanz y Claudio Obregón, así como por el trato con compañeros como Ernesto Gómez Cruz o Delia Casanova. Ojalá el público la vea y la redescubra”, aseveró.
Reconocimiento a los que restauraron El callejón de los milagros
Finalmente, el elenco mostró su admiración a los responsables de la restauración del filme: “Es un atrevimiento hermoso que Sony y Daniel Birman Ripstein hayan apostado por la restauración y el reestreno de la película”, expresó Juan Manuel Bernal.
“Recuerdo que en el 15 aniversario de la película, Daniel nos mandó una edición especial en DVD; la volví a ver y pensé que había envejecido muy bien. Los temas de hoy —migración, deseo, traición, familia— son los mismos de ese entonces”, siguió.
“En tiempos de tanto cine desechable, reconectar con una obra que nos recuerda quiénes somos es un acto de resistencia. El callejón de los milagros estuvo 30 semanas en cartelera. ¡30! ¿Cuál otra lo ha hecho?”, declaró Juan Manuel Bernal.

Redescubrir El callejón de los milagros
Para cerrar la charla, Esteban Soberanes reflexionó sobre el impacto del séptimo arte al recordar una anécdota:
“María Rojo me dijo en una ocasión: ‘La única forma de vencer a la muerte es el cine’. Porque ahí estamos todos, eternos. Los que ya no están con nosotros, siguen vivos en cada fotograma”, dijo.
“Por eso, que vuelva a los cines El callejón de los milagros es una bendición: no solo para nosotros, sino para las nuevas generaciones que van a descubrir una película perfectamente construida, y que, treinta años después, sigue hablando de quiénes somos”, concluyó Esteban Soberanes.
Ahora toca ver si las nuevas lecturas de la película que surjan en redes sociales, están de acuerdo.

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