Don Omar en el Flow Fest: Una cátedra de reggaetón que hizo retumbar
La noche en el Coca-Cola Flow Fest ya tenía la densidad de un evento histórico para la música urbana mucho antes de que su primer protagonista apareciera. Con un recinto en lleno total, miles de fanáticos aguardaron por horas, acumulando una expectación que se sentía en el aire.
Cuando Don Omar finalmente tomó el escenario, bastaron tres palabras: “Buenas noches México”, para desatar el estruendo.
El primer tono de “Dale don dale” no fue solo el inicio de un concierto; fue la detonación de un fervor colectivo, la reafirmación instantánea de que el público no estaba frente a un artista, sino frente a una leyenda viviente que reclamaba su territorio.
La energía inicial de la multitud fue una ofrenda masiva, y el rey del reggaetón estaba listo para aceptarla y corresponder con una devoción similar.

Un diálogo de gratitud y pertenencia
Lo que siguió no fue un monólogo de éxitos, sino un íntimo y poderoso intercambio de lealtad. Tras una ráfaga inicial que incluyó “Hasta abajo”, “Shorty me salió picuda” y “Cuentale”, Don Omar se inclinó para agradecer, un gesto que hablaba más que cualquier discurso.
Pidiendo que lo ayudaran a cantar, transformó la presentación en una conversación. “Mis hermanos mexicanos, el coro, México la canta conmigo”, exclamó antes de lanzar los acordes de “Pobre diabla”.
Su repetida declaración, “México, te la debo de por vida”, no fue solo una frase de cortesía; fue el combustible que alimentaría la explosiva respuesta de la audiencia.
Al revelar que este era su último concierto del año, añadió una capa de exclusividad, asegurando a los presentes que estaban siendo testigos de un cierre de ciclo. Esa lealtad compartida se convirtió en el permiso para emprender juntos un viaje a través de la historia viva del reggaetón.
Un recorrido por la historia viva del reggaetón
Con la conexión establecida, el repertorio se convirtió en una antología desplegada en tiempo real, una lección sobre la evolución del género narrada por uno de sus arquitectos fundamentales.
Clásicos indelebles como los ya mencionados convirtieron el concierto en mucho más que un set de hits; fue una clase magistral sobre las raíces y el desarrollo de la música urbana, impartida con la autoridad de quien no solo vio nacer el movimiento, sino que le dio forma y dirección.
Cada canción era una página de ese canon viviente, un recordatorio de que su influencia no es un eco del pasado, sino una fuerza presente y definitoria.

El apogeo sonoro: Cuando el festival retumbó
Esa lealtad sembrada en la primera parte del show fue cosechada en un clímax de euforia desbordante. Fue el momento en que el público llegó a su “100% de energía”, una fuerza tan abrumadora que “se sentía retumbar los pisos del lugar”.
Este terremoto sonoro fue provocado por una ráfaga implacable de himnos como “Salio el sol”, “Ojitos chiquititos”, “Virtual diva” y “Sexy robótica”, cada uno un golpe de energía que probaba su dominio absoluto del presente.
En medio de este apogeo, a la 1:30 de la mañana, llegó un golpe maestro de nostalgia: “Ella y yo”, su colaboración de 2005 con Aventura, un himno que resonó como si el tiempo no hubiera pasado.
La apoteosis final de este segmento llegó con “Conteo” y su legendario conteo “1,2,3,4”, que hizo estallar a la multitud en una última catarsis colectiva.

La firma del “Bandolero”: Un cierre de leyenda
Para un artista de su calibre, el cierre de una noche tan significativa no podía ser casual. La elección de “Danza kuduro” y “Bandolero” como temas finales fue una declaración de legado de Don Omar.
Con la primera, celebró al fenómeno global, al creador de un himno mundial que trascendió idiomas y fronteras. Con la segunda, se reafirmó como el “bandolero” original, el narrador de la calle que definió la actitud y la lírica del reggaetón en sus inicios.
Juntas, estas dos canciones encapsularon las facetas de su carrera. La actuación en el Coca-Cola Flow Fest fue un acto de consolidación, la firma de un rey que, ante un público devoto, demostró por qué su posición en el panteón de la música urbana es, y seguirá siendo, indiscutible.
