David Pablos lleva ‘En el camino’ a Venecia: un retrato homoerótico de los traileros mexicanos
El director mexicano David Pablos vuelve a situarse en el radar internacional con En el camino, su nuevo largometraje que compite en la Mostra y que confirma su vocación por explorar territorios incómodos, realidades invisibles y tensiones entre identidad, deseo y violencia.
La cinta, ambientada en el universo de los traileros del norte de México, se adentra en un relato homoerótico en medio de un entorno marcado por el machismo, la dureza de la carretera y la fragilidad de los vínculos humanos.
Los orígenes del director
Nacido en México pero criado en Tijuana, Pablos reconoce que fue esa frontera norte la que moldeó su identidad y sensibilidad artística. “Siempre digo que esa ciudad me forjó”, confiesa.
Tras dejar Baja California a los 18 años para estudiar en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) en la Ciudad de México, inició un camino que lo llevó a consolidarse como una de las voces más singulares del cine mexicano contemporáneo.
Su primera gran irrupción fue con Las elegidas (2015), producida por Canana, la compañía que en ese entonces compartían Diego Luna y Gael García Bernal.
Aquella colaboración marcaría el inicio de una relación que años más tarde facilitaría la entrada de Luna como coproductor de En el camino, a través de La Corriente del Golfo.

Una fascinación con el mundo de los traileros
La idea de la película comenzó hace más de una década, cuando Pablos se subió por primera vez a un tráiler y descubrió la cabina, el camarote y la dimensión de esos vehículos.
“Me sedujo primero en términos visuales”, recuerda, “pero pronto me atrapó la vida de los traileros: sus códigos, su jerga, las cachimbas, sus propias reglas de sociabilidad”, añadió Pablos en entrevista desde Venecia donde Clímax en Medio estuvo presente.
De esa fascinación plástica y antropológica emergió la posibilidad de contar una historia de amor entre hombres en un contexto hipermasculino y machista.
“Quería hablar de masculinidad y machismo desde un lugar distinto, confrontando dos mundos: la dureza del camino y la vulnerabilidad del deseo”, explicó.
Entre la ficción y la realidad
El filme construye a dos protagonistas: Muñeco, un trailero endurecido por la violencia, la inseguridad y las adicciones que rondan la carretera; y Veneno, un joven gay que busca en esos hombres la huella de un padre ausente.
Ambos personajes, cuenta el director, nacen de testimonios, anécdotas e historias reales que fue recogiendo durante años de investigación de campo.
“Muchos traileros han vivido asaltos, secuestros, situaciones de violencia extrema. Y también recurren a sustancias para mantenerse despiertos en jornadas interminables. Quería que Muñeco fuera el vehículo para mostrar esos riesgos”, dijo el cineasta.
Veneno, en cambio, surge inspirado por un fotógrafo oaxaqueño fascinado por el mundo de los camioneros, cuya mirada le reveló a Pablos la posibilidad de un personaje que explora su deseo como una forma de búsqueda emocional.

Una historia LGBT en territorio hostil
La cinta no esconde su ambición de situar una historia LGBT en un entorno donde la hombría y la rudeza parecen incompatibles con la ternura y el deseo.
“La película nace más de la necesidad de contar una historia LGBT en este contexto que de querer hablar de violencia”, afirma el director.
Para ello, fue clave el trabajo con los actores, en su mayoría no profesionales. Las escenas íntimas se prepararon con una coach de intimidad, Patricia Ortiz, que acompañó tanto a intérpretes naturales como a los protagonistas.
Pablos subraya la importancia de crear confianza: “Desde el principio hablamos claro de las necesidades de los personajes, de las escenas de sexo, de cómo se filmarían. No hubo sorpresas, todo se trabajó con transparencia y cuidado”, expresó.
El peso del contexto y los paisajes del norte
Rodada principalmente en Ciudad Juárez y sus alrededores, En el camino está impregnada de los paisajes áridos del desierto y del tono fronterizo que define a esa región.
“Podría haber sido más económico filmar en el sur, pero tenía claro que el muro, los deshuesaderos, los talleres y, sobre todo, los rostros del norte le darían a la película un tono único”, aseguró.
El cineasta destaca la participación de la comunidad local: “Ninguno de los intérpretes secundarios es profesional. Me emociona mucho ver sus rostros en pantalla, porque aportan autenticidad y elevan lo que yo escribí. Ellos le dieron vida al guión”, expresó.

Un cineasta sin miedo
A diferencia de otras figuras de Tijuana, como el escritor Luis Alberto Urrea que evita hablar del narcotráfico por seguridad, Pablos no teme que la cinta le genere problemas: “No estoy señalando a nadie, ni menciono nombres o bandas. El tema del narco es secundario en la película”, comentó.
Más allá de la polémica, el director espera que la cinta encuentre eco tanto en festivales de cine LGBT como en públicos más amplios:
“Me gustaría que la película conecte con cualquiera, no sólo con un nicho. En el fondo habla de encuentros improbables y de la fragilidad humana en medio de la adversidad”, concluyó.
Con En el camino, David Pablos no sólo regresa a Venecia —festival que ya ha acogido su obra en el pasado—, sino que reafirma una mirada que incomoda y seduce por igual.
Una mirada que convierte el polvo de la carretera y la crudeza del norte en escenario para un relato íntimo, profundo y radicalmente humano.


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