‘Boku no hero Academia’: El Ícaro del shonen moderno
Aquellas obras que despuntaron como piezas de impacto mundial en la industria del anime, y que posteriormente serían nombradas por la comunidad como ‘los 3 grandes del shonen’ (One Piece, Naruto y Bleach) sirvieron como pilares de inspiración para los mangakas de nueva generación como Koyoharu Gotouge (Kimetsu no Yaiba), Gege Akutami (Jujutsu Kaisen), Tatsuki Fujimoto (Chainsaw Man) o el propio Kohei Horikoshi, autor de Boku no Hero Academia.
Las llamas de historias tan influyentes como Naruto y Bleach estaban cerca de extinguirse – hablando exclusivamente de sus mangas – entrando en sus rectas finales en 2014, dejando un vacío inconmensurable en sus fieles seguidores, quienes se encontraban ávidos de historias equiparables en epicidad.
Shingeki no Kyojin (Attack on Titan) y Haikyū!! entraban en dichos terrenos de majestuosidad narrativa, posicionándose casi de inmediato en la palestra sobre los nuevos estandartes del mundo de la animación japonesa; sin embargo, aún quedaban espacios difíciles de ocupar para cualquier trama que se aventurara a la vorágine del consumo japonés.

La llegada del héroe No. 1
El apogeo del cine de superhéroes era evidente; el mundo se encargó de endiosar a las figuras de cómics encarnadas en la pantalla grande, y volverlas parte de la cultura pop.
Con una constelación de personajes presentados en el cine por parte de Marvel, la audiencia siempre espero la presencia del que quizás es uno de los superhéroes más amados de la historia, Spiderman, quien fungirá como una de las raíces de inspiración de Horikoshi para la creación de My Hero Academia.
Brotar del mundo de la cotidianeidad, explotar tu potencial, y erigirte como un símbolo de autoridad y liderazgo en una sociedad necesitada de esperanza y valor desinteresado, fue uno de los puntos medulares que el oriundo de la prefectura de Aichi, Japón, tomó de historias como El Hombre araña, X-Men o el mismo Naruto, para crear a Izuku Midoriya ‘Deku’, un chico envuelto en un mundo de superpoderes cuyo único fin era el de parecerse al héroe No. 1 de su nación, y el mundo, un sueño que evolucionaría junto a sus prioridades.
El momento llegó en 2014, en el último intento de Kohei por sobresalir en la Shonen Jump, tras varias obras sin éxito publicadas en esta editorial, parecía inminente la fractura de su carrera como mangaka.
Sin embargo, usando la fuerza de voluntad de su próximo protagonista, arrojó todo su corazón en una historia de superhéroes, que si bien puede caer en el cliché del personaje superando adversidades a través de su fuerza con power-ups regalados, la verdadera esencia de esta obra recae en la unión de fortalezas, habilidades y crecimiento tanto espiritual como personal, convirtiéndose en un punto de inflexión para su creador.
Las alas de cera derretidas con el sol de la expectativa
La fama llegó casi de inmediato, con una fórmula comprobada en muchos mangas/animes donde el protagonista surge como un humano común y crece paulatinamente gracias a su esfuerzo motivado por el sueño de ser el mejor héroe.
Las expectativas crecían temporada a temporada, observando peleas dignas de un shonen de primera categoría, con personajes entrañables y totalmente comercializables, y un sueño que todos queríamos ver realizado, ya que nos sentíamos parte del propio esfuerzo de Izuku Midoriya.
Las voces exponían al mundo la llegada del nuevo grande, uno que tomaría la estafeta de Naruto y acompañaría a propuestas como One Piece o Shingeki no Kyojin a potencializar a la industria.
Por desgracia, la aparición de un oponente no calculado, así como la promesa de un objetivo inflado por el mismísimo fandom, creó un cohete lleno de decepciones dirigido al sol que quemó las alas creadas por la ilusión de transformarse en producto de niveles globales.
Kimetsu no Yaiba apareció como una historia que acercó al mundo entero a la cultura del anime, eclipsando cualquier intentó de los mangakas por atraer un poco de la atención de la audiencia; una espada de doble filo para la industria que conocerían con el paso de los años.

El final del manga después de 10 años
Entre altibajos muy marcados en la adaptación del anime, con arcos de poca aceptación como el Festival Cultural de la U.A. hasta momentos de suma notoriedad como la saga del Héroe oscuro, construyendo un arco dramático poderoso para el protagonista, Boku no Hero Academia finalizó su publicación de manga el 5 de agosto de 2024, con sentimientos encontrados para sus fieles lectores.
El final generó una guerra de opiniones gracias a el concepto básico de la trama el cuál parece no haberse cumplido. ¿Es verdad que Deku se transformó en el héroe más grande? ¿o el heroísmo verdadero son los amigos que hicimos en el camino?
Trabajando dos finales publicados en la Shonen Jump, podemos decir que la esencia de la historia se cumplió, quizás no con la soltura que se esperaba, pero nos demostró que todos tenemos la capacidad de conectar con el mundo a través del valor, la amistad y la empatía genuina, algo que en la vida real nos hace falta demasiado.

El final del anime potencializó la calidad de la obra
Llegó el momento de decir adiós al anime de My Hero Academia el pasado 13 de diciembre, entregándonos en su última temporada episodios que parecen haber rescatado parcialmente a su versión impresa, desarrollando con mayor detalle ciertos momentos que generaban duda en la audiencia y creciendo la aceptación de un público que parecía haber abandonado la obra.
¿My Hero Academia logró ser un punto de inflexión en la industria del anime? Por supuesto que no. Aún así, el mantenerse por más de 10 años vigente, cerrando dignamente en su versión animada, y recordándonos que con esfuerzo, entrega y un corazón llenó de empuje, podemos transformas nuestras vidas, hace que la obra de Kohei Horikoshi sea un digno representante de aquel que intentó volar a la par de los más grandes, y regresó con la cabeza en alto con el objetivo de vincular corazones en el mundo a través de un ¡PLUS ULTRA!
