Avenged Sevenfold, el fantasma de The Rev y una noche épica en el Estadio GNP
Tuvieron que pasar diez años. Una década que, para la legión de seguidores mexicanos de Avenged Sevenfold, no se mide en calendarios sino en discos, en etapas de vida y en la pérdida de un fantasma que sigue doliendo: Jimmy “The Rev” Sullivan.
El regreso de la banda de Huntington Beach no era solo la presentación de su nuevo y audaz álbum, Life is but a dream…; era un reencuentro cargado de memoria, una oportunidad para saldar una cuenta pendiente en el mismo recinto donde, en 2009, el público les dio la espalda con abucheos mientras abrían para Metallica.
La atmósfera previa al concierto era una mezcla palpable de euforia y nostalgia. Para muchos, esos diez años de ausencia se tradujeron en un viaje personal, marcado por la evolución musical de la banda y el eco persistente del legado de su baterista original.
Por ello, la noche de este l7 de enero en el Estadio GNP no fue un simple concierto; fue una catarsis colectiva, una demostración de poder, legado y la redefinición del éxito en una industria obsesionada con las cifras. Avenged Sevenfold llegó para demostrar que su grandeza se mide en decibelios y devoción, no en la cultura del sold out.

Una noche de metal y mensajes
Una jornada de esta magnitud exigía un preludio a la altura, y el cartel que precedió al acto principal fue un festival en sí mismo, diseñado para preparar el terreno y elevar la energía del público. La banda mexicana Electrify tuvo el honor de abrir el escenario, capturando la atención de los más madrugadores.
La tarde avanzó con propuestas tan eclécticas como potentes. Mr. Bungle, bajo la impredecible batuta de Mike Patton, transformó el estadio en un lienzo sonoro donde cupieron desde un cover de “Refuse/Resist” de Sepultura hasta un momento verdaderamente especial: rescataron “Retrovertigo” después de diez años sin interpretarla en vivo, y eligieron México para hacerlo.
Más tarde, la energía de A Day to Remember encendió la mecha de la euforia, provocando brincos y mosh pits que hicieron vibrar el suelo de la Magdalena Mixhuca. Sin embargo, fue Daron Malakian quien inyectó una dosis de conciencia política. Antes de desatar la furia de “Scars on Broadway”, el guitarrista de System of a Down se detuvo para ofrecer un mensaje contundente:
“Los políticos han arruinado a la gente. La izquierda empuja a la derecha y la derecha empuja a la izquierda. Esto es un símbolo del centro, del extremo centro. Mientras los políticos y los medios conspiran, son sus vidas las que arden en el fuego”, dijo.
Con el público ya en su punto máximo de efervescencia, el escenario estaba listo para el esperado regreso.

El acto de apertura
A las 21:20 horas, las luces se apagaron y la introducción de “Game Over” marcó el inicio del ritual. Avenged Sevenfold apareció en escena con una presencia imponente. M. Shadows, oculto tras su característico pasamontañas, no solo caminaba de extremo a extremo: se movía como una pantera enjaulada, su voz rasgando el aire frío de la noche mientras las luces estroboscópicas lo capturaban en destellos fantasmales.
La secuencia de apertura fue una declaración estratégica: la agresividad de “Mattel”, también de su nuevo disco, seguida de inmediato por “Afterlife”. Colocar un himno de tal calibre, un pilar de su discografía, como tercera canción fue una jugada audaz, una señal de que la noche no seguiría ninguna fórmula predecible.
Desde ese primer instante, quedó claro que la formación actual —compuesta por M. Shadows, los guitarristas Synyster Gates y Zacky Vengeance, el bajista Johnny Christ y el formidable Brooks Wackerman en la batería— posee una química y una presencia escénica dignas de los recintos más grandes del mundo. Este poderoso inicio era solo el preámbulo de una noche que se adentraría en terrenos mucho más discursivos y emocionales.

Una conversación con México: Entre clásicos y promesas
El concierto trascendió el formato de una simple presentación para convertirse en un diálogo íntimo y respetuoso entre la banda y su público. M. Shadows, actuando como maestro de ceremonias, se tomó pausas para conectar con una audiencia que lo había esperado durante una década.
Antes de desatar la potencia de “Hail to the King”, se dirigió a los miles de asistentes con una declaración que selló un pacto de lealtad: “Con todo respeto, la cultura mexicana ha sido de las mayores defensoras de Avenged Sevenfold”, dijo.
La respuesta fue una ovación ensordecedora, un mar de puños en alto que confirmó la conexión recíproca. El setlist continuó tejiendo un puente entre el pasado y el presente con la interpretación de “Gunslinger” —tocada por primera vez en México—, la épica “Buried alive” y la compleja “The stage”.
Fue entonces cuando el vocalista bajó el ritmo para compartir otra reflexión, cargada de una emotividad que mezclaba el presente con el futuro: “La vida es una y se va rápido… este no será nuestro último show en México, vendrán más. Pero esta noche es de ustedes”, expresó el cantante.
Con estas palabras, la banda preparaba el terreno para el momento más sentimental de la noche: el homenaje a la figura que, aunque ausente, sigue siendo el corazón de su sonido.

El corazón de la noche: El legado inmortal de “The rev”
El núcleo emocional del evento llegó con el recuerdo de Jimmy “The Rev” Sullivan. Él no fue solo el baterista original; fue uno de los arquitectos de su sonido más ambicioso, el genio creativo que impulsó a la banda a explorar más allá de los confines del metalcore. Su trágico fallecimiento en 2009, a causa de una sobredosis accidental, dejó un vacío imborrable, pero también un legado que define la identidad del grupo.
M. Shadows, con una mezcla de humor y orgullo, relató su experiencia en ese mismo recinto en 2009, recordando los abucheos y las pintas con el dedo medio que recibieron abriendo para Metallica. “Nos dieron la espalda esa vez”, dijo, pero en su voz no había rencor, sino el preludio de una historia de redención.
Fue entonces cuando compartió la profecía de The Rev, quien en aquel entonces le había asegurado que algún día Avenged Sevenfold regresaría a ese mismo lugar para ser el acto principal.
La promesa se había cumplido. M. Shadows contó que, un día antes del show, recorrió la arena vacía y le envió un video a Lars Ulrich con un mensaje claro: “Ahora es nuestro turno de tocar aquí”. No era una bravuconada, sino el cierre de un círculo, la prueba de que la fe de The Rev no había sido en vano.
La dedicatoria que precedió a “So far away” resonó en cada rincón del estadio: “Esta canción fue escrita para The Rev. Él sigue muy presente aquí”, comentó.
Mientras sonaban los primeros acordes, el público se unió en un tributo silencioso y conmovedor. Hubo sonrisas, lágrimas y miles de brazos en alto, con las luces de los teléfonos iluminando la noche en honor a su memoria.
El legado de The Rev trascendió su ausencia física, manifestándose en la música, en la ejecución magistral de sus composiciones y en el corazón colectivo de una comunidad que se niega a olvidarlo.

De la euforia a la serenata: Un regalo inesperado para México
Tras la catarsis emocional, Avenged Sevenfold elevó de nuevo la energía con la ejecución impecable de dos de sus más grandes clásicos: “Bat country” y la monumental “Nightmare”. Pero fue después de esta explosión de adrenalina cuando ocurrió el momento más inesperado de la noche. Uno de los guitarristas comenzó a tocar, a manera de broma, los acordes de “Malagueña Salerosa”.
M. Shadows, entre risas, preguntó al público si querían escucharla, mostrando una aparente duda sobre cómo sería percibido el gesto: “¿Se imaginan cuántos tipos blancos la deben tocar?”. La respuesta del público fue una aprobación inmediata y rotunda.
Aunque el vocalista olvidó parte de la letra, la audiencia tomó el relevo y cantó junto a él, transformando un momento de espontaneidad en un acto de comunión. Este cover no fue un simple guiño cultural, sino un símbolo de humildad, humor y una conexión genuina y recíproca que pocas bandas logran establecer con sus fans en México.

La frontera experimental: Más allá de los límites del metal
Si algo define a Avenged Sevenfold en su etapa actual es su valiente negativa a estancarse. Como M. Shadows afirmó en una entrevista reciente, la intención es “no hacer un loop de lo que siempre han hecho”. Esta faceta audaz se desplegó con una potencia sobrecogedora. Primero con “Nobody”, que introdujo una atmósfera sombría con un riff mecánico y gélido que rechinaba como maquinaria pesada, arrastrando al público a un paisaje sonoro industrial.
Sin embargo, fue “Cosmic” la pieza que encapsuló su asombrosa inventiva. La canción es una odisea sonora que comienza con la sensibilidad de una balada de los Guns N’ Roses de los 90, para luego transformarse en una explosión de space rock psicodélico, impulsada por sintetizadores y efectos de voz que recuerdan a Daft Punk.
Esta audacia sónica es una apuesta arriesgada en un género a menudo reacio al cambio, pero es precisamente esta negativa a la autocomplacencia lo que solidifica el legado de Avenged Sevenfold no como una reliquia del pasado, sino como una fuerza evolutiva en el metal del siglo XXI.

El gran final: Un himno a la ambición creativa
El cierre del concierto fue un remate contundente y lleno de significado. La atmósfera de anticipación era palpable mientras la banda preparaba su asalto final. “Unholy confessions” resonó con una fuerza descomunal; la banda se dio tiempo para improvisar antes de culminar en un outro de batería que dejó mudo a todo el estadio, un momento donde el virtuosismo de Brooks Wackerman honró a la perfección el espíritu que The Rev imprimió en cada compás.
Tras la intensidad de “Save me”, llegó el clímax perfecto: “A little piece of heaven”. Esta obra maestra de casi ocho minutos, también escrita por The Rev, no es solo el himno operístico que los catapultó al estrellato, sino el testamento definitivo de la ambición creativa de la banda: la prueba irrefutable de “las miles de formas que Avenged Sevenfold le puede dar a una canción de heavy metal”.
Con el público coreando “Otra, otra”, la banda desapareció del escenario. En un último gesto, Brooks Wackerman se acercó al borde para regalar sus baquetas, cerrando el círculo de una noche inolvidable.

La música por encima de los números
El regreso de Avenged Sevenfold a México fue una noche de redención, un tributo al legado y una audaz declaración de evolución musical. Fue un evento que demostró que la verdadera medida del éxito no reside en las cifras.
Es hora de que “dejemos atrás esa cultura del sold out y de pensar que si una banda no agota los boletos… es un fracaso”. La horda de fans que llenó el Estadio GNP con su energía y devoción fue la prueba irrefutable de que el concierto fue un éxito rotundo.
Avenged Sevenfold demostró ser lo que siempre han sido: una “banda absolutamente de estadio”, cuya relevancia se mide no en tickets vendidos, sino en la potencia de su música y en el impacto emocional que genera en quienes la escuchan.
La noche en que saldaron su deuda con la Ciudad de México también dejó la promesa de M. Shadows de no dejar pasar tanto tiempo para volver. Sus fans, sin duda, los estarán esperando.
