‘A House of Dynamite’: Kathryn Bigelow enciende el reloj nuclear en Venecia
En la Mostra de Venecia, todo suele girar en torno al glamour: las alfombras rojas, los vestidos imposibles, los aplausos que se prolongan demasiado.
Pero en la proyección de A house of dynamite, la nueva película de Kathryn Bigelow para Netflix, la atmósfera fue otra. Nadie hablaba de moda al salir. Lo que se escuchaba eran suspiros, comentarios nerviosos y, sobre todo, una palabra repetida con insistencia: “miedo”.
La cineasta primera mujer que conquistó el Oscar con The Hurt Locker y desmenuzó la caza de Bin Laden en Zero dark thirty regresa con un thriller nuclear que reduce al espectador a una cuenta atrás: 18 minutos.
Ese es el tiempo que un presidente estadounidense tiene para decidir si responde a un ataque atómico. No hay respiro. El enemigo no es solo el misil que se aproxima, sino el tiempo mismo.

El presidente que no es Trump
Idris Elba interpreta a ese presidente. En una mesa redonda con un selecto grupo de periodistas, incluido el de Clímax en Medio, su tono fue serio:
“No queríamos una caricatura de Trump ni de ningún líder en particular. Eso hubiera sido una distracción. Kathryn y yo coincidimos en que debía ser alguien más humano, incluso si no lo quieres. Un hombre del pueblo, con un pasado civil, que de pronto debe cargar con la decisión más terrible”, expresó.
Elba relató que la escena más poderosa para él fue un momento casi silencioso: el presidente, solo, mirando por la ventana antes de decidir: “Ese instante es lo que lo hace humano”, dijo.
Y su reflexión se volvió más inquietante cuando habló del sistema real: “En Estados Unidos, el presidente tiene la autoridad exclusiva para lanzar un ataque nuclear. No hay consenso, no hay comité. Un solo ser humano, con apenas minutos para pensar. Eso es aterrador”, comentó.

Bigelow: el cine como detonador
Kathryn Bigelow escuchaba a su actor con calma, casi como si lo que decía no fuera ficción. Luego tomó la palabra y fue directa:
“Durante décadas dejamos de hablar de la amenaza nuclear. Parecía un recuerdo lejano, de cuando en la escuela nos hacían escondernos bajo el pupitre. Pero el riesgo no ha desaparecido. Mi motivación fue esa: recuperar el diálogo. El cine puede ser dinamita, pero dinamita para abrir conversaciones”, expresó.
Para la directora, la clave del proyecto fue mostrar el vértigo del tiempo real. El guión, escrito por el periodista Noah Oppenheim, divide la narración en tres actos de 18 minutos cada uno, casi sin margen de maniobra. “Fue como rodar ajedrez tridimensional”, explicó Bigelow.
“Los actores no compartían espacio: Jared Harris en el Pentágono, Tracy Letts en el Stratcom, Elba en la Casa Blanca. Pero la tensión debía sentirse continua, como si todo ocurriera en la misma habitación”, añadió.

Entre la ficción y el periodismo
El trabajo de Oppenheim permitió sostener la historia en datos reales, aunque todos obtenidos de fuentes abiertas: “Nada es secreto, todo está publicado”, subrayó Bigelow.
“Pero rara vez se conecta en un relato tan claro. El cine es también un sistema de transmisión de información, y en este caso queríamos invitar al espectador a la sala donde se toman las decisiones”, añadió.
La propia directora reconoce una evolución en su trayectoria: de los filmes de acción pura como Point Break a un cine más político, obsesionado con el presente.
“Quizá vuelva al género puro, nunca digo nunca. Pero ahora siento que el cine tiene un poder que no quiero desaprovechar”, mencionó.
Venecia como espejo del miedo
El público de la Mostra aplaudió con fuerza, aunque con un aire de inquietud poco habitual en el festival. Un crítico italiano resumió la sensación: “No es solo un thriller. Es un espejo. Te obliga a preguntarte qué harías con esos 18 minutos”, dijo.
Otros señalaron el riesgo de que la película se perciba como “demasiado estadounidense”. Bigelow respondió: “La historia se cuenta desde mi perspectiva, sí. Pero la amenaza no conoce fronteras. Una catástrofe así sería global. La humanidad entera está en juego”, comentó.

La paradoja es que A House of Dynamite se estrena justo el mismo día en que tres potencias nucleares se reunen en la vida real para mostrar músculo militar. Una coincidencia que la directora calificó de “escalofriante”.
El eco que queda
Idris Elba, acostumbrado a interpretar jefes de Estado en la ficción, bromeó con la prensa cuando le preguntaron si pensaba presentarse a la política: “No, gracias. No me votarían. Bueno… quizá algunos”, enfatizó.
Pero detrás de la risa quedó flotando la incomodidad: ¿y si algún día un actor termina siendo quien deba decidir el destino del planeta?
En Venecia, el glamour habitual dio paso a un murmullo inquietante. A House of Dynamite dejó claro que el cine de Bigelow ya no busca entretener con persecuciones o saltos imposibles.
Lo que persigue es sacudir al espectador, recordarle que el reloj nuclear sigue avanzando y que, si algún día llega ese momento, 18 minutos pueden ser demasiado poco para salvar al mundo.
