Moenia se corona en el Palacio de los Deportes: El cierre de un círculo de neón
Hace veintidós años, en 2004, un trío mexicano de música electrónica caminó con timidez por el escenario del Palacio de los Deportes para abrirle el concierto a sus grandes ídolos británicos, Pet Shop Boys.
Aquella noche, Alfonso Pichardo, Jorge Soto y Alejandro “Midi” Ortega contemplaron la inmensidad del Domo de Cobre con la ilusión de encabezar algún día su propio espectáculo en ese recinto emblemático.
La historia de Moenia se había gestado desde finales de los años ochenta bajo el nombre de 54, pero fue en 1996 cuando el lanzamiento de su disco debut homónimo irrumpió en la radio mexicana para demostrar que el synth-pop en español podía construirse con estándares de producción global.

La profecía cumplida: 20 mil almas y el inicio de la celebración
Pasaron tres décadas de persistencia, evolución sonora y fidelidad a sus sintetizadores antes de que la profecía se cumpliera: la noche del 24 de septiembre de 2026, Moenia abarrotó el Palacio de los Deportes con un impecable sold out de 20 mil personas, cerrando un círculo histórico para la música electrónica nacional.
A las 20:30 horas, el repicar de unas campanas sobre un lienzo blanco en medio de la tarima marcó el inicio de la celebración. Un solo de batería desató la ovación de una audiencia mayoritariamente milenial que abrumó la pista y las gradas.
El espectáculo arrancó con una secuencia de alta tensión bailable integrada por “No hay fe”, “Cómo ves tú”, “Terminales”, “Déjame entrar” y “Juegos de amor”. Las luces neón, las pantallas gigantes y un arsenal de lásers envolvieron a los asistentes, quienes abandonaron rápidamente sus asientos para corear cada verso.

Alianzas clave: De María José al tributo a New Order con Los Wookies
Pichardo se dirigió al público visiblemente emocionado: “Buenas noches, nosotros somos Moenia, música pop electrónica en español. Esta noche es de celebración y de fiesta; hemos preparado esto con muchísimo cariño para ir subiendo la cuesta con pasos pequeños pero deliciosos”, comentó.
El diseño del programa celebró las tres décadas de trayectoria mediante alianzas clave con colegas de la industria. La primera gran ovación de la noche resonó cuando María José subió al escenario para interpretar “No importa que el sol se muera” y “Fotonovela”, reviviendo el éxito del tema de 1997 que volvió a convertirse en clásico en 2009.
Posteriormente, Gil Cerezo, vocalista de Kinky, aportó su energía para cantar “Lo que tú digas” y entregar una acelerada versión electrónica de “¿A dónde van?”.

El empuje del público y la transformación de la cúpula en un Manto Estelar
El grupo Los Wookies encendió la pista con “En qué momento” y un tributo a New Order con “Blue monday”, mientras que Paty Cantú acompañó al trío en “Estamos bien”, tema insignia de la gira que celebra la vida y la permanencia del grupo.
A mitad de la velada, Pichardo se tomó un respiro para confesarle al público que los nervios iniciales por asumir la responsabilidad del recinto se habían disipado gracias al cariño de la gente.
“A veces para cumplir un sueño dicen que tienes que proponértelo y visualizarlo, pero se necesita el empuje de alguien que cree en ti, y esos son ustedes. Hace 22 años nos tocó estar aquí abriéndole a nuestros ídolos, los Pet Shop Boys, y hoy gracias a ustedes ese círculo se cierra y nos toca estar en el escenario principal”, dijo.

El escenario B: Cabezas cuadradas, luces y el himno histórico
El momento más sobrecogedor ocurrió durante “Manto estelar”, cuando miles de linternas de teléfonos celulares convirtieron la cúpula del Palacio en una galaxia flotante, enlazando de inmediato con la efervescencia de “Ni tú ni nadie” (cover del clásico de Alaska y Dinarama), “Morir tres veces” y la contundencia de “Prohibido besar”.
Para el tramo final, Moenia sorprendió al público al abandonar la tarima principal para reaparecer en una pequeña plataforma instalada en medio de la pista, luciendo cabezas cuadradas iluminadas para interpretar “Tú sabes lo que quiero” y “Mejor ya no”.
Desde ese punto neurálgico detonaron los acordes de “No puedo estar sin ti”, su histórico himno de 1996 que puso a cantar a las 20 mil almas como si el tiempo no hubiera transcurrido.
Tras dos retornos al escenario exigidos por la multitud, la banda cerró de manera definitiva con “Ya no es así”, culminando más de dos horas y media de una producción impecable que consolidó su legado como la agrupación pionera del synth-pop en América Latina.

