Sam Smith y la bohemia íntima en el Auditorio Nacional: Elegancia, nostalgia y el lanzamiento de ‘Hazel Eyes’
Transformar un recinto masivo para cerca de diez mil personas en una sesión íntima y acogedora es un reto de fina arquitectura escénica.
La noche del martes 17 de agosto (ya sabemos que ha pasado mucho pero hasta ahora tuvimos oportunidad de escribir), el cantautor británico Sam Smith inició su residencia de cuatro fechas en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México como parte del To Be Free Tour, logrando que el Coloso de Reforma se sintiera como una velada bohemia a la luz de las velas para presentar en exclusiva los primeros acordes de su quinto álbum de estudio, Hazel Eyes.
Con una producción elegante y minimalista basada en lámparas LED, destellos de luz multicolor y una densa capa de humo de CO2 que priorizaba el foco en el centro del escenario —manteniendo incluso las pantallas laterales apagadas en largos pasajes—, el artista de 34 años arrancó el recital acompañado de seis músicos y tres coristas.

Romanticismo y confesiones: La atmósfera bohemia del estreno de ‘Hazel Eyes’
La obertura trazó de inmediato una atmósfera romántica al hilar las notas de “Love is a stillness”, “Everlasting love” e “I’m not the only one”.
“Gracias por acompañarme durante todo este tiempo. Esta noche voy a cantar algunas canciones nuevas que todavía no han escuchado, pero también voy a interpretar algunas que espero que conozcan y amen”, compartió Smith emocionado.
Ante 9,600 asistentes, el británico recordó su debut en suelo azteca a los 20 años: “Este álbum Hazel Eyes sale este viernes (21 de agosto) y no podría imaginar un lugar más perfecto para lanzarlo que aquí con ustedes. Cuando llegué, vi una fotografía y descubrí que este fue el primer teatro en el que me presenté en la Ciudad de México”.

De la solemnidad vocal a la sensualidad escénica: Un desfile de baladas y vestuarios
A lo largo de hora y media de espectáculo, el performer londinense transitó con solvencia entre la solemnidad vocal y la sensualidad del baile. Smith desfiló por el escenario con vestuarios que abarcaron desde un traje negro con coleta posterior hasta una gabardina con sombrero y botas altas, culminando con un vestido largo color café y zapatillas a juego.
Movimientos cadenciosos y un caminar pausado guiaron la interpretación de baladas profundas como “My guy”, “Oh mother”, “When he’s gone”, “Burning” y “Him”.
El dinamismo del recital alcanzó puntos de alta energía cuando el británico combinó el dramatismo de sus letras con ritmos envolventes.

Dinamismo pop y el debate de los 90 minutos: Un cierre arrollador sin fisuras
Revisiones a temas como “Moondance”, “My oasis”, “How do you sleep?” y “Gimme” pusieron al público de pie para bailar, equilibrando el tono nostálgico con estallidos de pop contemporáneo que continuaron con interpretaciones masivas de “Lay me down”, “Too good at goodbyes” y “Dancing with a stranger”.
A pesar de que el formato de 90 minutos de duración generó algunos comentarios en redes sociales de manera similar a su fecha en Guadalajara, la precisión interpretativa y el rango vocal del solista sostuvieron la velada sin fisuras.
Smith cerró el primer bloque de su residencia capitalina complaciendo a sus seguidores con un tramo final arrollador compuesto por la fuerza dramática de “Unholy”, seguida de la catarsis colectiva en “Hold on” y “Stay with me”.

La conexión inquebrantable: Las grandes voces del soul y el público mexicano
En Clímax en Medio, valoramos a los artistas de escala global que priorizan la calidad interpretativa y la conexión íntima por encima del efectismo técnico en este 2026. La primera entrega de Sam Smith en el Auditorio Nacional ratifica el idilio inquebrantable del público mexicano con las grandes voces del soul y el pop internacional.
