Toulouse contra Netflix: la batalla francesa por salvar las salas de cine
En Toulouse todavía hay espectadores que cruzan la ciudad para ver una copia restaurada de Billy Wilder, una retrospectiva de cine mudo japonés o una película soviética de los años veinte proyectada en 35 milímetros. Para Franck Loiret, director delegado de la Cinémathèque de Toulouse, esa resistencia cultural no es casualidad. Tampoco es nostalgia.
“Las salas todavía conservan una ventaja”, dice. “La gente sigue buscando el verdadero espectáculo, el verdadero cine”.
La frase resume bastante bien la filosofía de una de las instituciones cinematográficas más importantes de Europa. A pocos días de presentar en Cannes la plataforma Cinexplora —un ambicioso proyecto digital destinado a abrir parte de sus archivos al público— Loiret recibió a este medio en una Cinemateca recién remodelada, todavía rodeada por restos de obras y operarios terminando detalles.
La anomalía francesa: ¿Por qué Francia domina su taquilla y América Latina no?
La conversación terminó derivando rápidamente hacia una cuestión mucho más amplia: por qué Francia sigue llenando salas para ver cine nacional o de autor mientras países como Colombia, México, Paraguay o Perú apenas consiguen que sus películas representen entre el 1 % y el 3 % de la taquilla anual.
Francia, en cambio, alcanzó en 2025 una cuota del 37,7 % para el cine francés. Una anomalía mundial.
Para Loiret, la explicación no puede reducirse a subvenciones ni a patriotismo cultural. Habla más bien de un ecosistema construido durante décadas: educación pública, redes de salas, apoyo institucional, programación cultural y una idea del cine como experiencia colectiva.
“Todo comienza con la educación”, insiste varias veces durante la entrevista. “La educación a la imagen desde muy pequeños es fundamental”.

“El digital no es un soporte de conservación”
Loiret llegó al cine desde otro lugar. Nació en Nantes, se formó en teatro y pasó años trabajando en Londres como actor bilingüe en el circuito del West End.
“Trabajé mucho tiempo en el Wyndham’s Theatre, en Leicester Square”, recuerda. “Ahí desarrollé competencias ligadas a la producción, la administración y la gestión de teatros”.
Después regresó a Francia y terminó instalándose en Toulouse casi por casualidad. No tenía vínculos familiares con el sur del país y llegó inicialmente atraído por proyectos teatrales vinculados al Théâtre de la Cité y al director Jacques Nichet.
El desafío tecnológico de preservar la historia del cine
En 2007 entró en la Cinemateca justo cuando el cine mundial atravesaba una transformación tecnológica radical. “Había muchísimas preguntas”, recuerda. “¿Cómo íbamos a conservar el digital? ¿Cómo íbamos a difundirlo?”.
La preocupación sigue presente casi veinte años después. Loiret repite una idea que hoy comparten numerosos archivistas europeos: el digital facilitó enormemente la circulación de películas, pero no resolvió el problema de la conservación.
“Advertíamos contra el ‘todo digital’ hace casi veinte años”, explica. “El digital es un soporte excelente de difusión, pero no es un soporte de conservación”.
La Cinemateca tuvo que adaptarse rápidamente. Escáneres, restauración digital, migración de datos, nuevos perfiles técnicos y nuevas formas de almacenamiento transformaron completamente la institución.
“Con el digital, toda la cadena fue impactada”, resume. “Desde la concepción de una película hasta su conservación final”.

La segunda gran cinemateca de Francia
En Francia existen numerosas cinematecas regionales, pero Toulouse ocupa un lugar singular dentro del sistema cultural francés. “La Cinémathèque de Toulouse está reconocida de interés nacional”, explica Loiret. “Tenemos una de las colecciones más importantes de Francia y de Europa”.
La comparación inevitable aparece con la Cinémathèque française. París posee un presupuesto incomparablemente mayor y una dimensión nacional evidente, pero Toulouse conserva un prestigio enorme dentro de las redes internacionales de archivos cinematográficos.
El histórico rescate de La Grande Illusion
Buena parte de esa reputación se construyó gracias a Raymond Borde, fundador de la institución en 1964.
Borde integró rápidamente a Toulouse dentro de la FIAF, la Federación Internacional de Archivos Fílmicos, y estableció relaciones directas con archivos soviéticos durante plena Guerra Fría.
Gracias a esos intercambios, Toulouse terminó acumulando uno de los fondos de cine ruso más importantes fuera de Moscú: “Con Bruselas, probablemente tenemos la colección rusa más importante después de Moscú”, dijo.
El ejemplo más espectacular de esa historia es el negativo original nitrato de La Grande Illusion, de Jean Renoir. “Es un film trofeo”, dice Loiret. “Los alemanes lo tomaron en París, luego fue llevado a Berlín, después los soviéticos lo capturaron y terminó en Moscú”.
Décadas más tarde, la película regresó a Francia gracias a los acuerdos entre Toulouse y el Gosfilmofond soviético: “Es una de las películas más importantes de la historia del cine francés”, añade.

Cannes, restauraciones y diplomacia cinematográfica
En Cannes, Loiret se mueve lejos de las alfombras rojas. Su territorio es Cannes Classics: restauraciones, patrimonio y archivos. “El Festival de Cannes se ha convertido también en un gran lugar de encuentro para el mundo de las cinematecas”, explica.
Allí se encuentran instituciones como la Cineteca di Bologna, considerada hoy una referencia internacional en restauración cinematográfica. “Bolonia es una especie de placa giratoria mundial del patrimonio cinematográfico”, dice Loiret. “Conservación, laboratorio, restauración, festival… lo reúne todo”.
La Cinemateca presentó este año Cinexplora, una plataforma digital que permite acceder a cientos de piezas de sus colecciones: carteles, películas, fotografías, documentos de explotación cinematográfica o antiguas postales vinculadas a la historia del cine en el sudoeste francés. “Queríamos contar cien años de cine en el sudoeste francés”, explica.
La plataforma incluye incluso recorridos urbanos narrados por Agnès Jaoui para descubrir antiguas salas desaparecidas de Toulouse. “La idea era crear vínculos entre los objetos y contar historias”.
Ocho millones de euros para salvar una cinemateca
La presentación de Cinexplora coincidió además con otro momento importante para la institución: la reapertura de la Cinemateca tras una gran remodelación.
La inversión total ronda los ocho millones de euros y fue financiada conjuntamente por el Estado, el ayuntamiento, la región y el departamento. “El proyecto fue financiado al 25 % por el CNC, la ciudad de Toulouse, el departamento y la región”.
A la inauguración asistió también el director del Centre national du cinéma et de l’image animée, el organismo que articula gran parte del sistema cinematográfico francés.
El CNC recauda impuestos específicos sobre entradas de cine, cadenas de televisión, publicidad y plataformas digitales para reinvertir posteriormente esos fondos dentro de la industria audiovisual. “El CNC tiene la capacidad de recaudar tasas y reinvertir ese dinero en el cine”, explica Loiret.
Francia obliga además a plataformas como Netflix, Disney+ o Amazon Prime Video a contribuir financieramente a la producción audiovisual francesa y europea. “Mucha gente piensa erróneamente que el cine francés se financia con impuestos generales”, dice Loiret. “Pero el sistema funciona sobre una lógica de redistribución interna”.

Por qué los franceses siguen viendo cine francés
La cuestión aparece inevitablemente: ¿por qué Francia mantiene un público tan fuerte para el cine nacional mientras gran parte del mundo ha quedado absorbido por Hollywood?
Loiret insiste primero en el papel de la escuela. Francia lleva décadas desarrollando programas públicos de educación cinematográfica como École et cinéma, Collège au cinéma o Lycéens et apprentis au cinéma, integrados directamente en el sistema educativo.
“La gente tiene que entender desde pequeña que el cine es primero una pantalla, no un teléfono”.
La propia Cinémathèque de Toulouse trabaja con estudiantes desde maternal hasta la universidad: “Maternelle, primaria, secundaria… trabajamos con todos”, explica Loiret. “Si los niños no van al cine con sus padres, al menos tienen acceso al cine gracias a estas acciones”.
Pero el director insiste sobre todo en otro elemento: la red territorial de salas: “Si las personas tuvieran que recorrer cincuenta kilómetros para ir al cine, no irían”, dijo.
Para Loiret, países como Colombia, México, Paraguay o Perú sufren precisamente la desaparición progresiva de esa diversidad de salas y la concentración de la exhibición en grandes multicines de centros comerciales. “El problema empieza cuando solo existen multicines en centros comerciales proyectando exclusivamente blockbusters estadounidenses”.

Toulouse y el equilibrio entre Pathé y el cine de autor
Toulouse funciona casi como un laboratorio del modelo francés. La ciudad combina grandes complejos comerciales con una fuerte red de cines independientes y de arte y ensayo.
Loiret menciona continuamente al ABC Toulouse, Cinéma Le Cratère – American Cosmograph, Utopia Borderouge y los complejos de Pathé: “No hacemos reuniones mensuales, pero todos nos conocemos”, dice.
Durante las obras de la Cinemateca, Pathé acogió parte de la programación patrimonial de Toulouse: “Trabajamos juntos durante varios meses y aprendimos a conocernos”, comentó.
Pathé sigue dominando el circuito comercial francés, pero incluso ellos proyectan hoy cine clásico, restauraciones y películas de autor: “Ellos tienen blockbusters, pero también películas de arte y ensayo y cine clásico”.
La Cinemateca, sin embargo, intenta evitar competir directamente con los estrenos: “Nosotros no hacemos preestrenos”, explica Loiret. “No mostramos películas que todavía están en explotación comercial”.
25.000 espectadores pese a las obras
La programación de la Cinemateca mezcla retrospectivas clásicas, cine experimental, festivales y redescubrimientos.
Uno de los proyectos recientes más exitosos fue el ciclo Galaxy, construido alrededor de figuras como Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick o Agnès Varda: “Hacemos confianza al público y lo llevamos hacia otros lugares”, resume Loiret.
Los resultados fueron notables: 25 mil espectadores en 176 sesiones entre octubre de 2024 y marzo de 2026, pese a que la institución funcionaba parcialmente debido a las obras. Antes del cierre y la renovación, la Cinemateca rondaba los 80 mil espectadores anuales y ahora espera recuperar progresivamente esas cifras.
La programación incluye además festivales especializados como Synchro o Extrême Cinéma: “No queríamos hacer simplemente otro festival de películas restauradas”.
Antes de despedirse, Loiret vuelve una vez más sobre una idea que atraviesa toda la conversación: “La Cinemateca no es un museo”, dice. “No estamos mirando hacia atrás. Estamos mirando hacia adelante”.
