‘The Peacock Queen’ y la revolución histórica de la animación femenina en Qatar
Entre los proyectos presentados en Qumra 2026 hubo uno que destacaba no solo por su universo fantástico, sino también por lo que representa para la industria audiovisual de Qatar: The Peacock Queen, largometraje de animación impulsado por Aisha Al-Jaidah y Kholoud Al-Ali.
La película no se presentó simplemente como una nueva aventura animada, sino como una apuesta de gran escala con valor histórico: la posibilidad de que por primera vez un largo animado de este tipo, apoyado por DFI, esté dirigido por dos mujeres cataríes.
Ese dato, por sí solo, la convierte en uno de los proyectos más observados de esta edición. Pero la relevancia del film no se limita a su dimensión industrial. También importa por su voluntad de construir un imaginario fantástico arraigado en materiales propios de la cultura del Golfo, sin copiar mundos ajenos ni depender de una fantasía importada.
El formato online de Qumra: Un espacio vital para el desarrollo del cine regional
Como el resto del programa, Qumra se celebró este año en formato online. Las ruedas de prensa tuvieron lugar a distancia, con intervenciones en inglés y árabe, tiempos muy ajustados y una dinámica pensada para concentrar al máximo la información esencial de cada proyecto.
Aun así, el evento mantuvo su razón de ser: convertirse en un lugar de acompañamiento y visibilidad para películas en desarrollo, además de un punto de encuentro entre cineastas, industria y medios.
El universo fantástico del Golfo: La historia detrás de la noche de Garangao
En ese contexto, The Peacock Queen fue uno de los títulos que más se beneficiaron de una explicación detallada. Kholoud Al-Ali explicó que hablaba también en nombre de Aisha Al-Jaidah y presentó la historia como la de dos niños cataríes que, durante la noche de Garangao, son transportados a un mundo fantástico construido a partir de personajes míticos y folclóricos de Qatar y del Golfo.
En ese universo deberán emprender una aventura para recuperar una perla perdida, atravesando un territorio compuesto por tres reinos enfrentados, con la esperanza de encontrar el camino de regreso.
La descripción permite situar la película en un registro poco frecuente: no es una fantasía genérica, sino una aventura animada que trabaja con la tradición local, el mito y la iconografía popular del Golfo. Lo fantástico aparece aquí ligado a una memoria cultural específica.
La dimensión industrial: El reto de levantar el primer largo animado por mujeres cataríes
La dimensión histórica del proyecto quedó formulada con claridad por Aisha Al-Jaidah. “En realidad, este es mi primer largometraje de animación. 1001 Days era un cortometraje, pero ahora estamos trabajando en un largo”, explicó en la presentación en la que participó Clímax en Medio.
La frase servía para precisar su trayectoria, pero también para señalar el salto de escala que supone esta película. A ello añadió una dificultad central del proceso: “Tuvimos que asumirlo nosotras mismas y escribir el guion además de dirigir la película”. Y luego llegó la afirmación que sitúa la singularidad del proyecto dentro del contexto qatarí: “Este sería el primer largometraje animado hecho con DFI, dirigido por dos mujeres cataríes”.
La frase tiene peso por varias razones. Habla de industria, de representación y de estructura. Habla de un posible precedente para futuras realizadoras. Y habla también de la dificultad material de abrir camino en un terreno donde casi no existen antecedentes locales de esa envergadura. Aisha no lo ocultó: los retos siguientes serán la financiación, el presupuesto y todo lo que supone levantar una producción animada de gran tamaño.

Imaginación sin límites: La animación como refugio ante una realidad cruel
Kholoud complementó esa lectura desde dos frentes. El primero, muy práctico: “Para mí, el apoyo técnico es lo más importante”. Qumra, dijo, sirve precisamente para eso, para recibir orientación, evitar errores y pensar el proyecto desde el desarrollo hasta la distribución. El segundo frente fue el creativo.
“Al hacer animación, tenemos una herramienta que permite expresar la imaginación sin límites”, señaló. Esa idea explica mucho de The Peacock Queen: la animación no aparece solo como formato, sino como la forma natural de un mundo que necesita expandirse libremente.
Kholoud añadió que tanto ella como Aisha querían construir algo distinto, inspirado en referencias como Alice in Wonderland, Spirited Away y el universo de Miyazaki, pero anclado en personajes mitológicos de su propia cultura. Su reflexión sobre el presente fue especialmente reveladora: “La realidad es dura, la realidad es muy cruel. Creo que, con las circunstancias en las que estamos ahora, preferimos escapar un poco de la realidad”. La fantasía, así, no se opone al presente: responde a él.
‘A Disguised Practice’: La memoria ancestral y la misteriosa desaparición de las perlas
Si The Peacock Queen aparecía como la gran apuesta industrial y simbólica de la sesión, otros proyectos ayudaban a completar un retrato muy rico del cine que hoy se mueve en torno a Qatar y a la región.
Uno de los más sugestivos fue A Disguised Practice, de Hamad Jassim Al-Fayhani. El director lo presentó con una premisa cargada de misterio: “La historia transcurre en una realidad en la que las perlas ya no existen, y los hombres que salen al mar a buscarlas no regresan”.
El film sigue a un personaje que explora el pasado de su abuelo para entender esa ausencia, y Al-Fayhani lo resumió como “una historia sobre la memoria, el archivo de nuestros antepasados y cómo el cuerpo recuerda cosas a través de generaciones”.
La formulación es especialmente potente porque enlaza con una de las grandes obsesiones del cine de la región: la herencia. Pero aquí esa herencia no se piensa solo en términos históricos, sino corporales.
‘Light to ashes’ y la importancia del acompañamiento profesional en el cine
Nadia Al-Khater llevó a Qumra, Light to Ashes, un proyecto que definió como “una especie de drama histórico” nacido de un poema que considera atemporal. Explicó que la película ya está “en picture lock”, una señal de que el trabajo creativo principal está concluido y de que la atención se desplaza ahora hacia su circulación.
Su intervención posterior sobre el tipo de ayuda que necesita un cineasta joven reforzó el valor del acompañamiento profesional: “El apoyo técnico es lo más importante”. Para Nadia, no basta con conseguir recursos; también hace falta saber cómo orientar el proyecto, cómo leerlo con otros y cómo prepararlo para su encuentro con los públicos.
‘A donkey will’ y el cuestionamiento del amor: La diversidad de narrativas en Qatar
También estuvo presente Majid Al-Remaihi con A Donkey Will, concebida principalmente en Uzbekistán, en la ciudad de Bujará. El director definió la película a partir de una pérdida: “La historia aborda la pérdida de su compañero de toda la vida: el burro”. Pero enseguida añadió que esa desaparición activa preguntas sobre “lo que desaparece también simbólicamente cuando esa figura deja de estar presente en su vida”.
El personaje central remite a una figura arquetípica reconocible en distintas tradiciones culturales, cercana al trickster o al sabio errante. En su desarrollo del proyecto, Al-Remaihi dejó claro que no le interesa tanto ofrecer una moraleja como abrir una pregunta: cómo recuperar hoy el valor de ese personaje para leer el mundo en un tiempo marcado por la violencia, la opresión y la pérdida de claridad. También subrayó algo fundamental sobre Qumra: que su mayor valor está en abrir “un espacio de diálogo”, no solo dentro del circuito industrial, sino también hacia fuera.
Otro de los participantes fue Ali Al-Hajri, cuyo proyecto gira en torno a una mujer que revisa su relación con el amor a través del movimiento, la música y la transformación personal. Su formulación más clara fue que la película “cuestiona la idea del amor”. Más allá del argumento, Ali dejó una reflexión especialmente útil sobre la formación de un cineasta joven.
Para él, lo primero “es hacer películas”. Reconoció el papel de instituciones como Doha Film Institute, de los talleres y de las plataformas como Qumra, pero insistió en que el impulso decisivo debe venir del propio realizador. Lleva “6 o 7 años” aprendiendo junto a DFI, explicó, y cada nuevo proyecto le permite descubrir algo distinto.

La constelación cinematográfica del Golfo: Del realismo al mito y la fantasía
Visto desde esta perspectiva, el proyecto de Aisha Al-Jaidah y Kholoud Al-Ali no aparece aislado, sino acompañado por una serie de películas que también están pensando la memoria, la identidad, el cuerpo y la imaginación desde lugares muy diferentes.
A Disguised Practice trabaja con la desaparición y el archivo ancestral; Light to Ashes transforma un poema en una propuesta histórica; A Donkey Will reinterpreta una figura arquetípica para pensar el presente; y el proyecto de Ali Al-Hajri sitúa el amor en un territorio de revisión y desorden.
Lo que une a todas estas obras no es una estética común, sino una decisión compartida de no reducir el cine regional a un único registro de realismo o denuncia. En la sesión convivían mito, símbolo, historia, cuerpo, folclore, ironía y emoción. Y en el centro de esa constelación, The Peacock Queen destacaba por asumir un riesgo doble: el de imaginar un universo fantástico de escala ambiciosa y el de hacerlo desde una posición todavía poco habitual en la industria local.
La puerta hacia el futuro: ‘The Peacock Queen’ y la nueva era de la animación en Qatar
La propia experiencia de Qumra online reforzó el sentido de ese riesgo. En ausencia del encuentro presencial, las películas dependieron aún más de la claridad de sus formulaciones, de la potencia de sus imágenes descritas y de la convicción de sus realizadores. En ese escenario, Aisha Al-Jaidah y Kholoud Al-Ali lograron algo decisivo: presentar The Peacock Queen no solo como una animación prometedora, sino como una película que quiere abrir una puerta.
Si el cine regional necesita ampliar sus formatos, sus géneros y sus genealogías, un largometraje de animación dirigido por dos mujeres cataríes se convierte automáticamente en una noticia que trasciende el propio proyecto.
No porque baste con el gesto simbólico, sino porque aquí el gesto viene acompañado por una visión concreta: niños cataríes, una noche tradicional, criaturas míticas del Golfo, una perla perdida, reinos enfrentados y una imaginación que no renuncia a sus raíces.
Qumra 2026, incluso desde la distancia, dejó ver que esa clase de apuestas no solo son posibles, sino necesarias. Y en ese panorama, The Peacock Queen se impone como uno de los movimientos más significativos de esta edición: una película que mira a la tradición para construir un mundo nuevo, y que al hacerlo coloca a Aisha Al-Jaidah y Kholoud Al-Ali en el centro de una conversación inevitable sobre el futuro de la animación en Qatar.

