The xx en el Pepsi Center: El eco de las sombras y el brillante antídoto contra el ruido
El regreso de The xx a los escenarios en este 2026 se ha convertido en una validación emocional de la conexión más mística entre una banda británica y el público mexicano. Tras ocho años de un silencio sepulcral, la elección unánime de la Ciudad de México como el epicentro de su reencuentro por parte de los miembros de la banda —agotando tres fechas consecutivas en el Pepsi Center— subraya que la capital no es una parada técnica, sino el sitio donde su minimalismo nocturno encuentra su caja de resonancia más pura.

Una amistad elegida en el jardín de niños
Detrás de la estética monocromática y las atmósferas etéreas, yace una historia de lealtad que desafía los estándares de la industria. Oliver Sim y Romy Madley Croft se “escogieron” en el jardín de niños mucho antes de empuñar un instrumento; una hermandad a la que se integró Jamie xx a los 11 años en la Elliott School.
Esta base de “familia elegida” fue el pilar que permitió al proyecto sobrevivir a la fama súbita de su debut y, de manera más crucial, tomar decisiones difíciles para proteger su integridad sonora. La salida de la guitarrista Baria Qureshi en 2009 fue una decisión proactiva tomada por el núcleo duro —Jamie, Romy y Oliver— para asegurar la supervivencia del grupo.
Aquella lealtad casi despiadada hacia su sonido es la que hace unos días, ante un Pepsi Center expectante, permitió que la banda se presentara no como una reliquia del pasado, sino como una entidad orgánica revitalizada.

El despertar: Del hielo de “Crystalised” al calor de la CDMX
A las 9:00 PM del pasado viernes, el recinto de la Colonia Nápoles se hundió en una oscuridad habitada por susurros. Iniciar con “Crystalised” nos remontó a 2009. La canción, una metáfora de la parálisis emocional ante la intensidad de la pareja, restableció de inmediato el diálogo de “llamada y respuesta” entre Romy y Oliver. El sonido fue robusto: Oliver marcando el pulso con su Precision Bass de los años 70, mientras Romy cortaba el aire con su guitarra.
El bloque inicial, que incluyó “Say something loving” e “Islands”, mostró la evolución del trío hacia una madurez técnica. En “Say something loving”, los beats cercanos al Trip Hop —con ese sutil sample de los Alessi Brothers— contrastaron con el minimalismo devocional de “Islands”.
Oliver detuvo el flujo para confirmar la mística del lugar: “Hola México, los tres dijimos: México”. Romy, al borde de la lágrima, completó la idea: “Cuando los tres nos sentamos a pensar dónde teníamos que arrancar, los tres dijimos Ciudad de México, nuestro lugar favorito”. En ese instante, la melancolía se transmutó en una devoción casi religiosa; el ritual de retorno había comenzado.

La geometría del sentimiento: “Angels” y el minimalismo como refugio
La arquitectura sonora de The xx es un estudio sobre la potencia del vacío. La banda destila la influencia de productores de R&B como The Neptunes, Timbaland y el legado de Aaliyah en un sonido que valora el silencio como un instrumento más. Para lograr ese eco “frío” y atmosférico, Romy sigue confiando en su Roland Micro Cube con la reverberación al máximo, creando una neblina sonora que envolvió a los asistentes durante “Angels”, una pieza de adoración ligera que convirtió la arena en una habitación compartida.
La progresión hacia “Fiction”, “I’ll take care of u” (su ya clásico acercamiento a Gil Scott-Heron), “Shelter” y “VCR” desnudó la verdadera columna vertebral del grupo. Aunque en 2009 se les etiquetó como “indie fresa”, su longevidad reside en un espíritu post-punk que atrae a fans con camisetas de Joy Division y The Cure.
De hecho, el uso del silencio es su atributo más “punk”: una resistencia a la saturación moderna. En “VCR”, la nostalgia por la simplicidad se sintió táctil, mientras que “Shelter” mantuvo esa atmósfera de confesionario donde el susurro tiene más autoridad que el grito.

La alquimia individual: Cuando tres mundos colisionan
La estrategia de integrar temas solistas en el setlist de 2026 demostró que The xx es ahora una unión de tres potencias creativas que se expanden sin competir.
- “Loud places”: Jamie xx tomó el control rítmico, inyectando la euforia del club británico.
- “GMT”: Oliver Sim protagonizó el momento más catártico al bajar del escenario y mezclarse con el público mientras la canción, una carta de amor a Londres producida por Jamie, estallaba en beats de house y breakbeat.
- “Enjoy your life”: Romy elevó el espíritu con este himno de superación tras el duelo. El uso del sample de Beverly Glenn-Copeland y su trasfondo como tributo a la madre de Romy otorgó a la noche una capa de vulnerabilidad luminosa que el trío no poseía en sus inicios.
Esta “unión de mundos” permitió que la timidez adolescente de Londres evolucionara hacia una sofisticación bailable que físicamente conmovió al Pepsi Center.

El pulso de la resurrección: La catarsis de “On hold” y “I dare you”
Jamie xx, el arquitecto técnico, utilizó sus samplers Akai MPC y sintetizadores para llevar el show hacia el terreno del IDM y el UK Garage. El mashup de “Waited all night / on hold” fue el punto de inflexión bailable; un momento vibrante e intenso que unió físicamente a los tres integrantes en el centro del escenario, operando máquinas y cuerdas en una sincronía total.
El sample de Hall & Oates en “On hold” funcionó como la liberación colectiva definitiva, seguida por el optimismo pop de “I dare you”. Romy reflexionó sobre el proceso: “No sabíamos qué esperar cuando pensamos en regresar… pero ahora todo tomó sentido al llegar aquí”. Esta canción simboliza la confianza recuperada de una banda que ha aprendido a cubrirse las espaldas mutuamente. La energía pasó de la introspección de un cuarto oscuro a la euforia de una escena raver elegante.

El bucle infinito: “Intro”, “Night time” y la trascendencia final
El cierre fue un retorno a la sombra fundacional. “Intro”, esa pieza instrumental que definió la “desconectada interconexión” de la era digital, construyó una tensión cinemática. Le siguieron “Night time”, “Sunset” e “Infinity”, explorando la dificultad de dejar ir y la frialdad de volverse desconocidos tras una intimidad profunda.
Fieles a su mística, no hubo encore. La música simplemente se desvaneció, dejando al público en un estado de suspensión. Mientras las luces se encendían y el clásico “Just can’t get enough” de Depeche Mode sonaba por los altavoces —un guiño a sus raíces synth-pop y post-punk—, quedó claro que la experiencia se había instalado en un bucle mental. Esta noche fue el punto de partida de la gira mundial más significativa para la historia de la música contemporánea en México.
Al concluir este primer show de su gira 2026, The xx ha demostrado que no regresaron para reclamar el pasado, sino para confirmar que su lenguaje de susurros y sombras es, hoy más que nunca, el pulso necesario para un mundo saturado de ruido. Su futuro es ahora un horizonte abierto, cimentado en esa amistad inquebrantable que nació, hace décadas, en un jardín de niños del sur de Londres.

