‘El testamento de Ann Lee’: Amanda Seyfried y el retrato de una fe llevada al extremo
El testamento de Ann Lee, bajo la dirección de Mona Fastvold, es una de las mejores películas que dejó 2025 y también una de las actuaciones más destacadas del año. Sin embargo, la cinta pasó completamente desapercibida en la temporada de premios y fue ignorada en los Premios Oscar.
La película se centra en la historia de Ann Lee, líder religiosa que en el siglo XVIII fundó el movimiento de los Shakers. Este grupo llegó a establecer varias comunidades en Estados Unidos, especialmente en Nueva Inglaterra, y se caracterizó por una doctrina poco común: la creencia de que la única forma de alcanzar la pureza espiritual era vivir en celibato absoluto.

Visiones en prisión y celibato absoluto: El nacimiento del movimiento Shaker
Según la tradición del movimiento, Ann Lee llegó a esta convicción después de pasar dos semanas en prisión, donde habría tenido una visión de Adán y Eva que la llevó a interpretar el pecado original como un acto ligado al deseo sexual. A partir de entonces comenzó a predicar que la salvación requería renunciar tanto al sexo como al matrimonio.
La película sigue ese proceso de transformación. Primero vemos a Lee como una mujer marcada por la pérdida de sus cuatros hijos, y atrapada en un matrimonio complicado. Poco a poco esa experiencia se mezcla con su búsqueda religiosa hasta convertirla en la figura central de una comunidad que empieza a organizarse alrededor de sus enseñanzas.
El relato abarca desde el origen del grupo hasta los últimos años de Ann Lee, lo que permite entender cómo una pequeña comunidad religiosa logró consolidarse y atraer seguidores. Más que presentar una simple biografía, la película también muestra cómo funcionaba la vida dentro de estas comunidades y qué tipo de liderazgo permitió que el movimiento creciera.

La fe a través del cuerpo: El perturbador trance de los rituales colectivos
Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes del filme está en la forma en que utiliza el cuerpo y la música para representar la experiencia religiosa. Los rituales de los Shakers no aparecen como simples escenas ilustrativas, sino como el centro emocional de la historia.
Los cantos colectivos y las coreografías funcionan como una especie de lenguaje espiritual. Los fieles cantan mientras se sacuden, golpean el pecho o repiten movimientos que poco a poco se vuelven más intensos. Son ceremonias físicas donde la fe se expresa a través del cuerpo.
La película construye estas escenas de una forma brutal: la música, el ritmo de los movimientos y la forma en que se agrupan los personajes generan una sensación cercana al trance. No sólo se muestra cómo practicaban su religión, sino que transmite lo que se sentía al participar en esas ceremonias.
La película logra que por momentos realmente sientas esa catarsis religiosa, al punto de que casi puedes creer que esta mujer de verdad tenía visiones y estaba en contacto con Dios.

Una mujer rota y obsesiva: El magistral equilibrio de Amanda Seyfried
Esta sensación se da gracias al trabajo de Amanda Seyfried. En lugar de presentar al personaje como una simple fanática religiosa, Seyfried construye una mujer rota, obsesiva por momentos, pero también profundamente convencida de su misión.
Ese equilibrio es lo que vuelve creíble al personaje. La película no intenta resolver si Ann Lee tenía razón o si su movimiento fue una forma de fanatismo religioso. Lo que hace es mostrar cómo una experiencia personal, atravesada por la pérdida y la fe, terminó dando origen a una comunidad que durante décadas atrajo a personas que buscaban una forma distinta de vida espiritual.
Al final, El testamento de Ann Lee funciona como una mirada a un episodio poco conocido de la historia religiosa estadounidense y, al mismo tiempo, como el retrato de una figura cuya influencia todavía resulta difícil de encasillar. Una película que, pese a haber sido ignorada en la temporada de premios, deja una de las interpretaciones más memorables del año.
Este texto se hizo en colaboración con Acotación Itinerante.
