‘¡Ayuda!’: Sam Raimi convierte una isla en una carnicería cruel y despiadada
Hay directores que necesitan ideas brillantes; otros hacen brillantes las ideas más simples. Send Help (¡Ayuda!) pertenece claramente al segundo grupo. Sam Raimi construye un thriller de supervivencia que lleva al límite las emociones, la violencia, el humor negro y la crueldad humana a partir de una premisa poco original —la del empleado que se venga de su jefe—, y es justo esa ejecución lo que hace que valga totalmente la pena verla en una sala de cine.
La historia sigue a Linda (Rachel McAdams) y su jefe Bradley (Dylan O’Brien), los únicos sobrevivientes de un accidente aéreo que quedan varados en una isla desierta. Ella es una empleada brillante a la que le fue negado un ascenso por su apariencia física y su torpeza social; él, un jefe patán que no valora su trabajo y se aprovecha de su sumisión para explotarla laboralmente.

El giro maestro: Cuando la empleada sumisa se convierte en el monstruo
Aislados del mundo y forzados a cooperar para sobrevivir, la relación que los definía da un giro de 180 grados: Linda resulta tener todo lo necesario para mantenerse con vida —sabe encender una fogata, construir refugios y hasta enfrenta a un jabalí para preparar la cena—, mientras que Bradley se revela como un personaje prácticamente inútil fuera de su zona de poder.
Send Help destaca por la forma tan original con la que logra darle vuelta a los relatos de supervivencia. Si bien en un principio Linda intenta ayudar a su jefe, pronto se da cuenta de que este sigue siendo un patán por lo que poco a poco lo va dejando a su suerte.
No obstante, como cualquier ser humano, se ve tentada por el poder y pronto descubre que tiene en sus manos la vida de quien en otro contexto era su superior. Esto la lleva a tomar decisiones bastante cuestionables (como no pedir ayuda a un barco para escapar del lugar, o acabar con la vida de los rescatistas que logran llegar a la isla).
Por su parte, Bradley, quien en un inicio se presenta como el antagonista , pronto se transforma en la víctima del juego enfermizo que Linda comienza a construir. Este desplazamiento resulta uno de los movimientos más interesantes de la película: los roles de protagonista y antagonista se intercambian de forma progresiva.

Sam Raimi en exclusiva: “Me encantó el desafío de intercambiar los roles”
El propio Sam Raimi lo explicó durante una sesión de preguntas y respuestas en la premier en México donde Clímax en Medio estuvo presente: “Es una gran historia, con grandes personajes que se enfrentan entre sí. Me encanta que el antagonista se convierta en protagonista y viceversa; me encantó el desafío que esto representó”.
A este escenario se suma un humor negro que irrumpe en los momentos menos oportunos y una violencia extrema que, aunque deliberadamente exagerada, genera un impacto emocional constante. Raimi filma el dolor con una mezcla de ironía y sadismo que puede resultar incómoda, pero que deja algo claro: en un espacio así no existe la moral, sólo las consecuencias de llevar a las personas al límite de sus emociones.
Desde la dirección, Sam Raimi demuestra un control absoluto del tono atroz que busca imprimirle a la película. Con pocos elementos y un escenario limitado, convierte la isla en una auténtica carnicería. Sus movimientos de cámara, el manejo del ritmo y la apuesta consciente por el exceso acentúan lo torcido de la propuesta y empujan la historia hasta sus últimas consecuencias.

Humor negro y violencia gráfica: El sello inconfundible de Raimi
Pero si Send Help funciona con tanta fuerza es, sobre todo, por Rachel McAdams. Su interpretación de Linda es profundamente perturbadora. McAdams construye a un personaje que se transforma de manera orgánica, revelando poco a poco que detrás de su torpeza social se esconde una bomba de tiempo.
Cuando finalmente estalla, lo hace de la forma más brutal posible. Dylan O’Brien cumple con eficacia como contraparte, encarnando la caída de un hombre cuya autoridad sólo existía mientras alguien estaba dispuesto a obedecerla.
Send Help (¡Ayuda!) es un thriller de supervivencia que utiliza el humor negro y la violencia extrema para hablar de poder, abuso y venganza desde un territorio donde la moral deja de existir. Sam Raimi toma una premisa aparentemente sencilla y la transforma en una experiencia intensa, cruel y, por supuesto, divertida para los amantes de la sangre y las vísceras.
*Este texto fue hecho en colaboración con Acotación Itinerante.
