‘Sin piedad’: Una premisa atractiva atrapada en lo predecible
Sin piedad podría parecer una película innovadora en muchos sentidos; desde su apuesta por un sistema judicial completamente automatizado hasta la la figura de una inteligencia artificial que asume el rol de juez absoluto. Sin embargo, son pocos los aciertos que tiene e inevitablemente llega a estancarse y sentirse predecible.

¿De qué trata? Chris Raven contra la justicia artificial
En un futuro no muy lejano, la justicia ya no se encuentra en manos humanas. Los juicios son dirigidos por una IA diseñada para eliminar los errores y la corrupción en los procesos legales.
El detective Chris Raven (Chris Pratt) despierta para descubrir que ha sido acusado del asesinato de su esposa. El problema: no recuerda haber cometido el crimen y todas las pruebas digitales apuntan a que fue él quien acabó con la vida de su esposa.
Su caso será evaluado por Maddox (probablemente lo mejor de la película es la actuación de Rebecca Ferguson) una IA que funge como juez absoluto, capaz de analizar datos, recuerdos, grabaciones de cámaras de seguridad, las redes sociales de los involucrados e incluso sus teléfonos celulares.
Raven tiene un tiempo límite para demostrar su inocencia antes de que la sentencia sea ejecutada de manera automática e irreversible. Atrapado físicamente, él protagonista debe luchar contra algo que parece imposible: demostrarle a una IA que se equivoca.

Una premisa visual que cansa: El riesgo fallido de la narrativa en pantallas
En términos generales. Mercy tiene todos los elementos para construir un thriller tenso y lleno de acción. Sin embargo, la película opta por tomar un camino seguro, predecible y agotador.
La decisión de contar la historia casi por completo a través de pantallas es innovadora hasta cierto punto, ya que acentúa el discurso sobre vigilancia y control en el que viven los personajes, pero esta decisión también juega en contra y puede resultar bastante repetitiva.

Chris Pratt desaprovechado y una silla que limita la acción
A esto se suma el desaprovechamiento de su elenco. Chris Pratt queda atrapado en una interpretación limitada porque literalmente se la pasa sentado más de la mitad de la película. Y aunque es capaz de sostener la trama, su papel pierde mucha fuerza al no estar en el centro de la acción.
Por su parte, la jueza artificial, aunque en un principio imponente, pronto comienza a perder el control de la situación, lo que le quita coherencia a su personaje.
Hacia el cierre, la historia apuesta todo a una resolución que, además de predecible, termina por romper toda la tensión que en un principio había logrado. La sola idea de mostrarle a una IA que el protagonista era inocente pese a que todo estaba en contra era bastante buena, pero la forma en que logra el objetivo se siente insípida, casi forzada.

Rebecca Ferguson como la IA Maddox: Lo mejor de la cinta
Probablemente lo mejor de la película es la actuación de Rebecca Ferguson, quien logra dotar de presencia y matices a Maddox. A través de una interpretación bien lograda, Ferguson consigue transmitir frialdad, autoridad y la sensación de control absoluto, aún incluso cuando el guión no le permite profundizar en su personaje.
Sin duda alguna, Mercy es una película que logra entretener a las audiencias: está llena de acción, incluso cuando su protagonista pasa la mayor parte del tiempo atado a una silla. Esto puede resultar ideal para quienes buscan una experiencia meramente palomera; sin embargo, la cinta nunca logra superarse a sí misma.
Al conformarse con cumplir lo más básico del género, termina convirtiéndose en una película más dentro del saturado panorama del cine de acción y ciencia ficción.
- Este texto está hecho en colaboración con Acotación Itinerante.
