‘Valor sentimental’ se consagra en los Premios de Cine Europeo: Una noche de familias, fantasmas y futuro
Hay noches que se niegan a ser un simple recuento de ganadores y perdedores. La 38ª edición de los Premios del Cine Europeo, celebrada en la Casa de las Culturas del Mundo en Berlín, fue una de ellas.
Fue un escenario donde las ficciones de la pantalla dialogaron con las verdades del presente, donde los discursos de agradecimiento se convirtieron en tribunas políticas y donde la celebración del arte se entrelazó con una defensa apasionada de su propia existencia. Fue una velada definida por las tensiones entre la familia y el exilio, la memoria y la técnica, la empatía y la polarización.

Stellan Skarsgård y la defensa de las salas: “Compartir el pulso en la oscuridad”
Para entender la esencia de la noche, hay que viajar a una escena de Valor Sentimental, la película que se coronaría como la gran triunfadora. En ella, Gustav Borg, un director de cine veterano y narcisista interpretado magistralmente por Stellan Skarsgård, se encuentra en una rueda de prensa organizada por Netflix para su nuevo proyecto.
Cuando un periodista le pregunta si la película tendrá un estreno en salas, la pregunta detona una furia contenida. Borg explota, defiende a su actriz y expulsa al reportero, a quien llama despectivamente un “trol de TikTok”. Es un momento que encapsula la frustración de un artista frente a una industria en plena mutación.
Días después, en el mundo real, Stellan Skarsgård subía al escenario de los Globos de Oro para aceptar un premio por ese mismo papel. Lejos de la ira de su personaje, pero con la misma convicción, el actor sueco aprovechó su momento para lanzar una defensa poética de la experiencia cinematográfica.
“Ojalá la vean [la película] en un cine”, comenzó. “Porque son una especie en extinción ahora. En un cine, donde las luces se apagan y, eventualmente, compartes el pulso con otras personas. Eso es magia. El cine debe ser visto en los cines”.
En la noche de este sábado en Berlín, el eco de esas palabras resonaba con fuerza, fusionando la pasión del personaje ficticio con la del hombre real. Esta dualidad, este reflejo entre el arte y la vida, se convirtió en el prólogo perfecto para una ceremonia que celebraría a las películas que, precisamente, nos recuerdan por qué necesitamos seguir compartiendo ese pulso en la oscuridad.

Un duelo de titanes: El corazón contra la técnica
La narrativa central de la gala se desplegó como una historia de dos triunfos paralelos. Por un lado, el dominio arrollador de Valor sentimental de Joachim Trier, que se adueñó de las categorías principales con una fuerza incontestable. Por otro, el reconocimiento a la maestría técnica y formal de Sirat de Oliver Laxe, que arrasó en los apartados de oficio.
Este reparto de honores, lejos de ser una simple coincidencia, pintó un retrato fiel de la riqueza del cine europeo: un ecosistema capaz de premiar con igual fervor el alma de una historia y la precisión de su ejecución.

Valor sentimental: La gran ganadora
La película de Trier, un drama íntimo sobre un director de cine distanciado que, tras la muerte de su exesposa, intenta reconectar con sus hijas ofreciéndole un papel en su nueva película a una de ellas, Nora, una aclamada actriz de teatro, se alzó con seis galardones que cimentaron su estatus como la obra del año:
- Mejor Película
- Mejor Dirección (Joachim Trier)
- Mejor Guion (Eskil Vogt & Joachim Trier)
- Mejor Actor (Stellan Skarsgård)
- Mejor Actriz (Renate Reinsve)
- Mejor Banda Sonora (Hania Rani)
Al subir al escenario rodeado de su equipo para recibir el premio principal, el director Joachim Trier ofreció una anécdota que iluminó el espíritu de su victoria: “Aunque hicimos una película sobre una familia disfuncional, este grupo y esta pandilla detrás de mí me ha hecho sentir todo lo contrario”, afirmó.
Sin embargo, su discurso más profundo llegó al aceptar el premio a la mejor dirección, donde reflexionó sobre el papel del cine en un mundo fracturado: “Creo que nos encontramos en un momento crucial en el que todos debemos tener en cuenta que el otro no es nuestro enemigo y que el arte puede ayudarnos a crear empatía en la oscuridad”, comentó.
“Juntos, con desconocidos, podemos reír y llorar en el cine. Por eso, esto es también un llamamiento para mantener vivo el cine, porque es el lugar donde muchos de nosotros crecimos y aprendimos a ser humanos”, añadió.

El triunfo técnico de Sirat: Oliver Laxe domina los premios de oficio
En la otra esquina del cuadrilátero, Sirat, un thriller existencial que sigue a un padre y un hijo en un rave en las montañas de Marruecos en busca de su hija/hermana, demostró su poderío técnico con cinco premios que celebraron su impecable factura:
- Mejor Dirección de Casting (Nadia Acimi, Luís Bértolo & María Rodrigo)
- Mejor Dirección de Fotografía (Mauro Herce)
- Mejor Montaje (Cristóbal Fernández)
- Mejor Diseño de Producción (Laia Ateca)
- Mejor Diseño de Sonido (Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas)
Cada premio cimentaba la reputación de la película como una proeza de la artesanía cinematográfica, el complemento perfecto al triunfo emocional de su rival noruega. Este duelo de gigantes no dejó un perdedor, sino la evidencia de un cine continental vibrante y multifacético.
La Academia de Cine Europeo premió la emoción narrativa y la excelencia artesanal, reconociendo que una gran película es tanto una cuestión de corazón como de técnica. Fue un equilibrio que marcó el preludio de otras voces que, a lo largo de la noche, también reclamarían su espacio.

El escenario como tribuna: Voces que trascendieron el agradecimiento
Fiel a su tradición, la gala de los Premios del Cine Europeo fue mucho más que un desfile de galardones. El escenario de Berlín funcionó como un altavoz para discursos que reflejaron las complejidades políticas y culturales de nuestro tiempo. Los artistas no solo agradecieron, sino que denunciaron, reflexionaron y cuestionaron, convirtiendo la ceremonia en un espejo de las urgencias del mundo.
El clamor contra el silencio
La noche comenzó con una intervención contundente del director iraní Jafar Panahi. Condenado en ausencia por “propaganda contra el sistema”, Panahi subió al escenario para hablar sobre la brutal represión de las protestas en su país.
Con una calma solemne, hizo un llamado a la comunidad internacional y, en particular, a sus colegas cineastas. Su presencia cobraba una dimensión aún más conmovedora al considerar que su película, Un simple accidente, nominada en tres categorías, se iría de la gala con las manos vacías.
“Si estamos decepcionadas con nuestros gobiernos, al menos no debemos permanecer en silencio, porque el silencio en un tiempo de crimen no es neutralidad. El silencio es una participación en la oscuridad”, expresó.

El nobel, Trump y la extrañeza del mundo
Más tarde, la legendaria actriz y directora noruega Liv Ullmann, al recibir su Premio a la Trayectoria, compartió una anécdota que dejó perpleja a la audiencia. Expresó su “extrañeza” ante la noticia de que la líder opositora venezolana María Corina Machado había traspasado su medalla del Premio Nobel de la Paz al presidente estadounidense Donald Trump, un gesto que calificó como carente de validez.
“Así que alguien en Estados Unidos podría estar muy decepcionado. Lo perderá”, sentenció. Su discurso concluyó con una reflexión sobre la interconexión global en tiempos de crisis: “Realmente estamos aprendiendo que no existen ‘los otros’ en este mundo. Ahora mismo estamos todos aquí juntos”, enfatizó.
Estos momentos, junto con otros como el del director Igor Bezinović (Fiume O Morte!) apoyando las protestas estudiantiles en Alemania contra el servicio militar, demostraron que para la comunidad cinematográfica europea, el arte no es una evasión, sino una herramienta para confrontar la realidad.

El panorama general: Una jugada estratégica en la carrera de premios
Más allá del brillo y los discursos, un detalle estratégico revela las ambiciones de los propios premios. Por primera vez, la Academia de Cine Europeo movió su ceremonia de su fecha tradicional en diciembre a mediados de enero.
Este cambio no es casual: es un intento deliberado de insertarse con más fuerza en el corredor de la temporada de premios internacional, justo después de los Globos de Oro y antes de los BAFTA y los Oscar, buscando aumentar su relevancia y visibilidad en el escenario global.
En este nuevo contexto, el triunfo de Valor Sentimental adquiere una dimensión adicional. La película de Trier no llegó a Berlín como una desconocida. Su recorrido comenzó con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, seguido por la victoria de Stellan Skarsgård como Mejor Actor de Reparto en los Globos de Oro.
La barrida en los Premios del Cine Europeo no es solo una coronación continental, sino la consolidación definitiva de la cinta como la contendiente europea más sólida en la carrera hacia los Oscar.
Al final, la noche regresó a su punto de partida: a la defensa del cine como un acto comunitario. Las palabras de Stellan Skarsgård sobre “compartir el pulso” en una sala oscura cobraron un nuevo significado.
En una gala marcada por discursos sobre la división, la represión y la incertidumbre, el triunfo de una película que explora con humanidad los frágiles lazos familiares, y las palabras de sus creadores abogando por la empatía, se sintieron no sólo como un recordatorio necesario, sino como una respuesta directa: un llamado a la empatía en el lenguaje universal del cine.

Palmarés oficial
Este es el listado completo de los premios, conocidos en una gala celebrada en Berlín:
Mejor Película: Valor sentimental
Mejor Dirección: Joachim Trier, por ‘Sentimental Value’.
Mejor Actriz: Renate Reinsve, por ‘Sentimental Value’.
Mejor Actor: Stellan Skarsgård, por ‘Sentimental Value’.
Mejor Guión: Eskil Vogt y Joachim Trier, por ‘Sentimental Value’.
Mejor dirección de Casting: Nadia Acimi, Luís Bértolo, y María Rodrigo, por ‘Sirat’.
Mejor dirección de Fotografía: Mauro Herce, por ‘Sirat’.
Mejor Banda Sonora: Hania Rani, por ‘Sentimental Value’.
Mejor montaje: Cristobal Fernández, por ‘Sirat’.
Mejor diseño de Producción: Laia Ateca, por ‘Sirat’.
Mejor diseño de Sonido: Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas, por ‘Sirat’.
Mejor diseño de Vestuario: Sabrina Kramer, por ‘Sound of Falling’ (‘El sonido de la caída’).
Mejor Maquillaje y Peluquería: Torste Witte, por ‘Bugonia’.
Mejor cinta de Animación: ‘Arco’, de Ugo Bienvenu.
Mejor Documental: ‘Fiume o Morte!’, de Igor Bezinovic.
Premio al Descubrimiento Europeo: ‘On Falling’, de Laura Carreira.
Mejor Cortometraje: ‘City of Poets’, de Sara Rajaei.
Premio de la Audiencia Joven Europea: ‘La vita da grandi’, de Greta Scarano.
Premio a la Trayectoria: Liv Ulmann.
Premio a la contribución europea en el cine mundial: Alice Rohrwacher.
Premio a la coproducción internacional: Maren Ade, Jonas Dombach y Janine Jackowski.

