Joel Edgerton y ‘Train dreams’: La masculinidad, la pérdida y el valor de lo esencial
Por momentos, Train dreams parece menos una película que una meditación sobre la vida. Así lo entiende Joel Edgerton, protagonista y productor ejecutivo del film dirigido por Clint Bentley, cuya interpretación le ha valido nominaciones al Globo de Oro y al Critics Choice.
A sus 50 años, Edgerton ofrece la actuación más personal de su carrera y, quizás, la más reveladora: “Es la interpretación más personal que he hecho en los últimos veinte años”, afirmó el actor en entrevista exclusiva con Clímax en Medio. “Me enseñó a quitarme las máscaras y a permitirme llevar mis propios miedos a la actuación”.
Un personaje construido desde la humanidad
Para Edgerton, el tono lírico y profundamente humano de Train Dreams fue claro desde el inicio. No tanto por indicaciones técnicas, sino por la sensibilidad de su director.
“Clint Bentley buscaba siempre una profundidad humana”, explica. “No solo hablaba de matrimonio, sino de amistad, de la dependencia que tenemos de la bondad de otras personas. Todo se reducía a una gran simplicidad”.
Esa búsqueda se refleja en Robert, su personaje: un hombre silencioso, observador, marcado por el trabajo físico y por las pérdidas. “Robert representa una masculinidad estoica, dura, pero también profundamente sensible”, señala Edgerton. “Y creo que ahí hay algo importante que repensar”.

La masculinidad y el silencio emocional
Uno de los temas más comentados del film es su retrato de la masculinidad. Algunos críticos han señalado que es una película que los hombres —especialmente— deberían ver. Edgerton coincide.
“La incapacidad de expresar emociones es un déficit en muchos hombres”, reflexiona. “La masculinidad no es solo dureza. También es ternura. Todos tenemos sentimientos y deberíamos poder expresarlos sin ser juzgados”.
Para el actor, la dignidad silenciosa de Robert es conmovedora, pero también dolorosa. “Empujar los sentimientos hacia abajo puede parecer noble, pero también es una forma de desaparecer del mundo”.

Actuar desde el miedo real
La tragedia que atraviesa su personaje no fue un desafío puramente imaginativo. Edgerton es padre de gemelos, y esa experiencia marcó profundamente su trabajo.
“Antes de que nacieran, yo ya vivía con el miedo constante de perderlos”, confiesa. “En el set no necesitaba forzar nada. Bastaba con recordar esos momentos. La película trata de lo que es precioso en la vida”.
Esa cercanía emocional hizo que la actuación se construyera más desde el silencio que desde el diálogo. “Confié en que, si me integraba profundamente al personaje, la cámara captaría la verdad”.

Confiar y soltar el control
A pesar de la belleza visual del film —gracias al trabajo del director de fotografía brasileño Adolfo Veloso—, Edgerton evitó mirar el monitor durante el rodaje.
“Ver el playback me saca de la actuación”, explica. “Empiezo a juzgarme, a dudar. Prefiero quedarme dentro del personaje y confiar plenamente en el director”.
Esa confianza fue absoluta. “Nunca sentí la necesidad de comprobar nada. Si Clint decía que teníamos la toma, yo seguía adelante”.

Un nuevo capítulo
Hoy, Edgerton siente que Train Dreams marca un punto de inflexión en su carrera. “Siento que es una versión nueva de mí”, dice. “Soy padre, estoy envejeciendo, y ya no tengo miedo de llevar eso a la pantalla”.
Lejos de los grandes artificios de Hollywood, el actor se muestra cada vez más interesado en historias pequeñas que hablan en voz alta. “Estoy cómodo haciendo películas que, con poco, dicen mucho”.
En Train Dreams, Joel Edgerton no interpreta simplemente a un hombre. Interpreta una vida entera. Y en ese gesto silencioso, deja una de las reflexiones más honestas sobre el amor, la pérdida y la humanidad que ha dado el cine reciente.
