Películas destacadas de Saúl Arellano Montoro: Mis motivos para ir al cine en el 2025 (Parte 2)
Hola de nuevo. ¿Ya listos para esta segunda parte de las películas que resplandecieron en 2025?
Ahora bien, ¿en qué nos quedamos? Ah, sí… Pero antes debo aclarar que, al igual que en la lista anterior, estas películas fueron vistas en circunstancias extraordinarias y, por lo mismo, algunas llegarán hasta 2026 a las pantallas mexicanas y, en ciertos casos, lo harán directamente en streaming.
Por ello, creo que tendré que hacer una tercera lista (como la que realicé en 2024) titulada “Películas en el radar”, precisamente para no perder de vista esos estrenos.
Pero eso será más adelante. Mientras tanto… terminemos esta segunda parte de la mañosa lista de las “diez mejores según yo”, que acabaron siendo veinte. Podría extenderla aún más, pero ya sería abusar de su atenta generosidad.
Esta es, entonces, en orden alfabético, la segunda parte de las películas:
Americana, de Tony Tost (EU, 2023)

Neo-western con una mezcla narrativa que remite a los mejores momentos de Quentin Tarantino y de los hermanos Coen, Americana es una película de corte policíaco y de suspenso en la que los protagonistas entran y salen de la historia al más puro estilo de Robert Altman. Las situaciones, tan absurdas como hipnóticas, atrapan al espectador desde los primeros minutos.
A ello se suman las potentes actuaciones de Sydney Sweeney y Halsey, quienes sostienen la película cada vez que aparecen en pantalla, interpretando a dos mujeres de personalidades opuestas, pero con la misma determinación y fuerza.
En segundo plano —en una actuación que recuerda sus mejores papeles en El caso de Richard Jewell (2019) o Springsteen: Música de ninguna parte (2025)— aparece Paul Walter Hauser como Lefty Ledbetter, un apocado criador de ponis, ansioso por convertirse en un hombre casado, que se une a Penny Jo (Sweeney) en la recuperación de una reliquia indígena. Dicha pieza es buscada tanto por traficantes de arte nativo como por la tribu a la que le fue robada en Dakota del Sur, Estados Unidos.
El resultado es una exquisita trama de enredos criminales y humor retorcido que convierte a esta ópera prima de Tost en una joya imperdible para pasar un buen rato y, de paso, dejar claro que, en pleno siglo XXI, sigue vigente la búsqueda cincuentera del “sueño americano”, aunque ahora deformada por valores completamente distorsionados respecto a su origen.
¿Dónde ver? – Alquiler en Apple TV y Prime Video
La balada de la isla (The ballad of Wallis Island), de James Griffiths (EU, 2025)

The ballad of Wallis Island es una de esas películas cuya alma late en la nostalgia, la inocencia y las segundas oportunidades. Griffiths nos presenta la historia de un millonario dulce, solitario y excéntrico, cuyo único deseo es llevar a su hogar —una isla en el gélido y remoto mar del Norte escocés— al dúo musical favorito de su esposa, justo para conmemorar su aniversario.
Así, logra contratar a los dos músicos, quienes llevan años separados y viviendo vidas completamente ajenas, para un recital privado.
Aunque la premisa pueda sonar familiar, la maestría con que Griffiths narra la historia nos hace involucrarnos de inmediato, generando una empatía genuina hacia este hombre solitario y nostálgico, empeñado en cumplir el último deseo de su esposa reuniendo a los artistas.
Es entonces cuando la isla, perdida en un mar inhóspito, se convierte en un espacio donde las emociones, las palabras no dichas, los malentendidos y los egos entran en conflicto, no solo entre los músicos, sino también con las buenas —aunque a menudo torpes— intenciones de ese millonario tierno, dispuesto a darle al amor una segunda oportunidad, sin importar el costo… y no hablo solo de dinero.
Aquí reside otro gran acierto de la película: en lugar de glorificar el sistema capitalista, lo deja de lado para resaltar la humanidad de sus peculiares personajes. Todo esto se envuelve en impresionantes escenarios naturales, fotografiados con impecable belleza, y una banda sonora emotiva que celebra la amistad, la camaradería y el amor incondicional.
¿Dónde ver? – Alquiler en Apple TV y Prime Video
Cacería de brujas (After the hunt), de Luca Guadagnino (EU, 2025)

Luca Guadagnino es un director que incomoda a muchos por sus temáticas fuertes y, casi siempre, arriesgadas, las cuales obligan al espectador a cuestionar sus propios límites y niveles de tolerancia.
Sin embargo, hay algo innegable en sus películas: la valentía con la que aborda la ambigüedad de sus conceptos, siempre filtrada por la moralidad de cada espectador y permeada por la conveniencia o el discurso personal del momento.
Con esta película, el cineasta siciliano continúa marcando estándares en cuanto a los límites del público, al presentar una historia de “esqueletos en el clóset” y acusaciones cruzadas entre personajes que van desenredando una trama que no necesita ser ágil, pero sí exige paciencia y atención.
Guadagnino nunca muestra de manera explícita los motivos que detonan el conflicto central; por el contrario, el eje de la acusación está presente desde el inicio, sin que se ofrezca la más mínima pista de lo ocurrido. Esta decisión, que a muchos resulta molesta, obliga al espectador a pensar y a construir sus propias conclusiones.
Así, atentos a cada elemento que el director va soltando a cuentagotas, la claridad narrativa recae en gran medida sobre los hombros de sus actores. Es justo aquí donde destacan las interpretaciones: Julia Roberts ofrece una de las mejores actuaciones de toda su carrera, mientras que Michael Stuhlbarg, como el marido de su personaje, y Andrew Garfield, en el papel del profesor acusado, resultan simplemente impecables para conducir la historia hacia un final que no solo cierra la trama, sino que funciona como una poderosa metáfora de una sociedad marcada por la doble moral.
Y esto es algo que, evidentemente, divierte enormemente a Guadagnino: llevar al espectador al límite a través de su cine.
¿Dónde ver? – Prime Video
Jay Kelly de Noah Baumbach (EU, 2025)

Por lo general, las películas que abordan los sacrificios de quienes persiguen el glamour del cine —y el sueño de alcanzar la fama a través de su trabajo— suelen ser recibidas con escepticismo por el público, que a menudo las ve como una variación más del relato del “niño rico y sufrido”, tan arraigado en el ADN del melodrama latinoamericano (y últimamente, también turco).
Este es el primer obstáculo que el director Noah Baumbach debe superar ante la audiencia, a pesar de contar con la presencia del siempre seguro George Clooney… El segundo obstáculo es Adam Sandler.
Sin embargo, lo que nunca falla es la mano firme de Baumbach, quien siempre logra sorprender con cada propuesta fílmica, y Jay Kelly no es la excepción.
Dirección con precisión
A partir de lo que aparenta ser la historia de un actor en la cúspide de su carrera y de todo lo que tuvo que dejar atrás, la película en realidad reflexiona sobre cualquier persona —en cualquier ámbito laboral o social— que debe tomar decisiones conscientes de que no siempre serán las mejores ni serán comprendidas por quienes, al principio, resultan afectados; generalmente aquellos más cercanos desde el inicio del camino elegido, para bien o para mal.
Todo ello deja flotando una pregunta incómoda: ¿volvería a actuar de la misma forma? Por otro lado, la imagen que Adam Sandler ha construido en el cine es, justamente, la que él ha querido forjar desde que dejó SNL, y en eso hay que reconocerle honestidad y perseverancia: ha hecho lo que le gusta, colaborando con sus amigos.
Pero cuando trabaja con directores que lo conocen y saben no solo contenerlo, sino guiarlo hacia donde necesitan, Sandler demuestra ser un intérprete extraordinario, capaz de sacar a sus personajes de su registro habitual para ofrecer actuaciones sobresalientes.
Baumbach —con quien ya colaboró en la notable The Meyerowitz Stories (2017)— lo dirige con precisión hacia donde la historia lo requiere, y Sandler se deja llevar con confianza, logrando una de sus mejores interpretaciones en años, después de Reign over me (2007), Sandy Wexler (2017), Uncut Gems (2019) o Spaceman (2024).
En resumen, Jay Kelly trata realmente sobre las decisiones, sobre los actos que nos llevan a tomarlas y sobre cómo enfrentarlas cuando nos alcanzan en el momento menos oportuno, obligándonos a asumir sus repercusiones. Todo esto encarnado en la figura de la superestrella Jay Kelly y su viaje emocional al ser homenajeado por su carrera en un festival de cine en Italia.
¿Dónde ver? – Netflix
Maldita suerte (Ballad of a small player), de Edward Berger (Reino Unido, 2025)

Con el lúdico mundo de los casinos como telón de fondo —y con apostadores que llegan a Macao en busca de una segunda oportunidad, para huir de un pasado tortuoso o, simplemente, como víctimas de una ludopatía incurable— la película nos permite acompañar a un impecable Colin Farrell en el papel de Lord Doyle.
Se trata del alter ego de un perdedor en potencia que intenta recuperar no solo el capital necesario para reconstruir su identidad, sino también la dignidad que perdió al abandonar Inglaterra tras un fraude por el que es buscado por la Interpol.
La fotografía juega un papel fundamental en la historia, pues deja en claro lo miserable que puede resultar el mundo del juego como forma de subsistencia, así como los múltiples recovecos de la ciudad de Macao, capaces de satisfacer a todo tipo de apostador.
A ello se suma la máscara de paraíso que recubre el lugar, superpuesta a ritos ancestrales que, al final, envuelven a Lord Doyle en un proceso de redención, permitiéndole recuperar la humanidad perdida dentro de una espiral de degradación constante.
Se trata de una de esas películas de corte sobrenatural, cargada de humor negro y drama, que golpea al espectador desde el inicio y no lo suelta hasta que todo parece estar resuelto y, aun así, nada debe darse por sentado. Destaca además la poderosa banda sonora de Volker Bertelmann, la cual complementa de manera precisa tanto la narrativa como la propuesta visual.
¿Dónde ver? – Netflix
Marty Supremo (Marty Supreme), de Josh Safdie (EU, 2025)

Con una narrativa que evoca el ritmo vertiginoso y desenfrenado de Good Time (2017) y la inteligencia salvaje de Uncut Gems (2019), Safdie regresa a su terreno más cómodo: personajes imprevisibles, desquiciados y con una dosis de mala fe.
En Marty Supreme, el eje central es el cada vez más refinado Timothée Chalamet, quien encarna con precisión y sin reparos a Marty Mauser, un jugador de ping-pong que alcanzó notoriedad pública por ser un auténtico cretino, cuya grosería lo metió en cientos de problemas, de los que salió más por giros extraños del destino que por merecerlo, ya que nunca aprendió la lección.
El ritmo de la película es frenético e incansable durante sus dos horas y media de duración. La interpretación de Chalamet lleva al espectador del odio a la aceptación, sólo para recordarle después que Mauser es, en el fondo, un perfecto imbécil, y que sentir empatía por él queda bajo la entera responsabilidad de quien mira.
En esto, Safdie no ofrece atajos: presenta al personaje tal cual es, y Chalamet lo sostiene con maestría, para deleite del público acostumbrado al cine del director, y para desesperación de quienes esperan finales gloriosos y esperanzadores de redención personal, al gusto de los estándares woke hollywoodenses.
Una joya fílmica que sumerge al espectador en una montaña rusa de sensaciones y sentimientos encontrados, tan característicos del cine de Josh Safdie, y que se sostiene en la perfecta complicidad interpretativa del polifacético Timothée Chalamet.
¿Dónde ver? – Estreno en México el 15 de enero del 2026
La nueva ola francesa (Nouvelle Vague), de Richard Linklater (Francia, 2025)

En una acción completamente inesperada —o, si me atrevo a ir más lejos, nunca antes vista en la cinematografía estadounidense— el texano Richard Linklater realiza un hermoso y entrañable homenaje al trascendental movimiento cinematográfico francés conocido como la Nouvelle Vague, encabezado por figuras como Jean-Luc Godard, Claude Chabrol y François Truffaut, los más representativos de aquel grupo de críticos de cine de la revista Cahiers du Cinéma que se convirtieron en cineastas a mediados del siglo XX.
¿Por qué resulta inesperado? Porque son muy pocos los realizadores estadounidenses que reconocen abiertamente, dentro de sus propias películas, la influencia y la importancia de movimientos cinematográficos surgidos fuera de sus fronteras. Si bien esto puede encontrarse en la obra de cineastas como Woody Allen, Clint Eastwood, Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, hoy pareciera existir una suerte de consenso tácito para no hacerlo evidente.
Linklater —quien acaparó la atención internacional gracias a la trilogía Before sunrise (1995–2004)— realiza aquí una verdadera “hombrada” y, en contra de todo paradigma hollywoodense, construye un emotivo homenaje a la Nueva Ola Francesa.
“Un filme lleno de referencias”
Lo hace bajo el cobijo de la filmación de la trascendental Breathless de Godard, recorriendo desde su etapa como crítico en Cahiers du Cinéma hasta una suerte de “detrás de cámaras” del rodaje, con todo lo que ello implicó no solo para el joven realizador, sino también para sus intérpretes.
Destaca el retrato de Jean Seberg —interpretada con solvencia por Zoey Deutch— quien, tras múltiples dudas, decide integrarse a la ópera prima, compartiendo créditos con el boxeador y actor debutante Jean-Paul Belmondo, encarnado por Aubry Dullin. El resultado es bien conocido: una de las mejores películas en la historia del cine francés, que se suma de manera magistral a la narrativa establecida por los propios Godard y Chabrol.
El filme está lleno de referencias bellas y conmovedoras que resultan un auténtico gozo para los amantes del cine mundial y, al mismo tiempo, una guía extraordinaria para quienes deseen adentrarse en uno de los movimientos cinematográficos clave de la historia del cine. Una de las grandes películas del año.
¿Dónde ver? – Cineteca Nacional Chapultepec
La semilla del fruto sagrado (The seed of the sacred fig), de Mohammad Rasoulof (Alemania, 2024)

Rasoulof pone al alcance del espectador una película de un realismo casi documental, no solo porque fue filmada en condiciones de clandestinidad, sino también porque integra numerosas secuencias reales grabadas por manifestantes con sus teléfonos durante la violenta represión, captura y desaparición de cientos de personas.
La película sigue a una familia musulmana: Imán, el padre recién ascendido a investigador de la policía estatal; su esposa Najmeh, amorosa pero negadora; y sus hijas universitarias Rezvan y Sana.
A lo largo de sus dos horas y treinta y ocho minutos, la cinta despliega sus posturas personales frente a los distintos conflictos sociales y políticos que se suceden, conflictos que escalan desde protestas pacíficas hasta una violencia desenfrenada por parte del gobierno para reprimir a las mujeres que exigen justicia, libertad y un trato digno e igualitario.
En medio de esta convulsión social, ocurre un incidente clave: la desaparición del arma asignada a los agentes de la policía de moral. Este suceso transforma a Imán en un instrumento paranoico del régimen, situando su lealtad al Estado por encima de su papel como padre de dos hijas. Fue de las películas que llegaron a México este año.
¿Dónde ver? – Prime Video
Tiempo de guerra (Warfare), de Alex Garland y Ray Mendoza (EU, 2025)

Las películas de temática bélica son particularmente complejas, pues siempre queda la duda de si estaremos frente a un panfleto de supremacía imperialista, repleto de un despliegue excesivo de armas sofisticadas y misiones inverosímiles que sólo resultan creíbles para los seguidores de la narrativa pro-estadounidense de productores como Jerry Bruckheimer o directores como Michael Bay.
Afortunadamente, existen casos extraordinarios en los que las narrativas heroicas y grandilocuentes se descartan para dar paso a historias reales llevadas a la pantalla con el respeto y la solemnidad necesarios.
En ellas, el espectador no se enfrenta al soldado yanqui perfecto, sino a un combatiente lleno de dudas, incluso dentro de su convicción patriótica —que no patriotera—, cuestionándose si está haciendo lo correcto pese a las órdenes recibidas. Algo impensable dentro del credo del ejército estadounidense: dudar ante el miedo a morir y ante las razones que provocan esa duda.
“Muestra devastadora de la fragilidad humana”
Alex Garland y Ray Mendoza escriben esta historia real y la llevan a la pantalla con el respaldo de la siempre confiable A24, para mostrar la crudeza de una situación inesperada en la que no hay flashbacks ni motivaciones heroicas que expliquen por qué los personajes se encuentran dónde están: atrapados en medio de las balas y ante la inminente posibilidad de una masacre, rodeados por fuerzas locales, con pocas probabilidades de salir con vida.
Con un ritmo inicialmente pausado, la película va encontrando su camino en medio de la desesperación, el caos y la brutal necesidad de sobrevivir cuando todo —incluso la torpeza táctica del propio ejército— juega en contra del invasor, refugiado en una casa de civiles que no logran comprender por qué un grupo de soldados armados se encuentra no solo en su país, sino dentro de su propio hogar, convertido ahora en rehén de la guerra.
Contada casi en tiempo real, Warfare es una muestra devastadora de la fragilidad humana y de la sinrazón del conflicto armado, donde no se trata de ganar, sino simplemente de escapar con vida, como sea posible.
¿Dónde ver? – Prime Video
¡Listo! Esto es lo que hizo que amara el cine del 2025. Por supuesto, entre carteleras, festivales y plataformas de streaming, el año que terminó superó los 400 estrenos, pero, entre todo ello, estas fueron las películas que me devolvieron la fe en la magia del cine.
Espero que hayamos coincidido al menos en alguna de estas propuestas. Y si no fue así, por favor cuéntenme: ¿cuáles fueron sus títulos favoritos? Compartan sus puntos de vista para poder ampliar mi mirada y descubrir nuevos tesoros.
¡Les deseo un feliz 2026 lleno de películas que les muevan todas las emociones!
