DLD: La historia subliminal de una amistad hecha rock
La historia oficial dirá que DLD nació en 1998, en un bar de Ciudad Satélite. Pero la historia real, la que vibra bajo los acordes y las giras, comenzó mucho antes.
Nació en las calles de Naucalpan, Estado de México, donde Francisco Familiar y Erik Neville eran vecinos y cómplices desde los 10 años.
Se cimentó, años más tarde, de la forma más improbable y mexicana posible: en la fila para tramitar la cartilla del servicio militar, donde un joven Francisco conoció a Edgar “Pijey (PJ)” Hansen.
No fue un plan maestro ni una audición. Fue el azar tejiendo los hilos de una amistad que se convertiría en el alma de una de las bandas más importantes del rock mexicano.
“Hemos madurado”
Ese vínculo, forjado entre la infancia, la adolescencia y la burocracia obligatoria, es la clave para entender su longevidad, una que ha superado cambios de nombre, crisis de la industria y hasta pandemias.
Como resume el propio Pijey, su historia es, ante todo, humana: “Hemos madurado. Nos vimos cuando salieron los hijos, crecimos desde niños juntos e incluso hasta a madrazos nos agarramos de chavos”, expresó.
“Pero estábamos juntos cuando pasamos de niños a adultos, y ahora señores con hijos y eso ha hecho la diferencia”, dijo en entrevista con el autor de este texto años atrás en su sala de ensayos y que retomamos para Clímax en Medio.
La música fue la consecuencia, no la causa. Antes de los estadios llenos, los discos de oro y los himnos coreados por miles, hubo tres jóvenes encontrándose en el camino, sin saber que estaban a punto de construir una banda sonora para sus propias vidas y las de una generación entera. Esta es, fundamentalmente, la historia de esa amistad hecha rock.

Los cimientos: Forjados en el garage de Satélite
A finales de los 90, la escena underground del Estado de México era un hervidero de guitarras distorsionadas y sueños precarios. Lejos de los reflectores de la capital, en lugares como Ciudad Satélite, se gestaba una identidad musical cruda y honesta.
Fue en este caldo de cultivo donde DLD encontró su voz. El encuentro formal que encendió la mecha ocurrió en el bar Urania, cuando Pijey y Francisco Familiar comenzaron a hablar de formar un grupo.
La idea se consolidó después de que Pijey los viera tocar a Erik y a Francisco en La Viuda, un mítico bodegón junto al Toreo de Cuatro Caminos que representó un verdadero bautismo de fuego para la incipiente banda.
Desde esos primeros días, la banda, entonces llamada Dildo, irradiaba una autenticidad irreverente que quedó inmortalizada en la portada de su álbum debut homónimo (2003). La historia detrás de esa imagen captura a la perfección el espíritu de la época.
El “Bunker”: Pasión y carencias en los inicios
Edgar Hansen la recuerda con una sonrisa: “Fuimos a una sex shop ahí en la Zona Rosa, fuimos a comprar algunas cosas y saliendo íbamos a tomarnos unas fotos. De repente, una de las fotos nos gustó y ya se quedó de portada. Creo que nos representaba bien en esa época”, comentó.
Esa crudeza no era solo una pose. Sus inicios en “El Bunker”, el legendario cuarto de ensayo en casa de los padres de Erik, fueron un testimonio de pasión y carencias. Era un espacio que desafiaba la lógica y ponía a prueba su determinación.
Erik Neville lo describe con una mezcla de nostalgia y humor: “Era un cuartito triangular cuando nosotros llegamos, era una covacha y teníamos que ensayar así. Paco se conectaba en el amplificador del bajo porque no teníamos uno para voz. Eso era de banda bien garage y tenías que brincarte la batería para llegar al baño”, dijo.
En ese pequeño búnker triangular, entre amplificadores compartidos y cables enredados, se forjó el sonido que los llevaría a ganar el segundo lugar en el “Rastreo de Bandas 2003” de la estación de radio Órbita.
Fue el punto de inflexión, la señal de que la energía de ese garage tenía el potencial de resonar mucho más allá de las paredes de Satélite.

El vértice de la identidad: De Dildo a DLD
Para una banda, el nombre es su primera declaración de principios, su estandarte. Cambiarlo, una vez que se ha ganado un lugar en la escena, es una decisión de alto riesgo.
Para Dildo, abreviar su nombre a DLD no fue una simple estrategia de marketing, sino un acto de madurez y adaptación forzado por las circunstancias. La decisión fue un parteaguas que definió su transición de una promesa del underground a una potencia del rock nacional.
El nombre original, provocador y memorable, les abrió puertas, pero pronto se convirtió en un lastre. Les generaba prejuicios antes de que la gente escuchara una sola nota y les traía problemas prácticos, desde susceptibilidades en ciertos medios hasta conflictos legales en Estados Unidos, donde la marca ya estaba registrada.
Era un nombre que, en lugar de impulsar su música, a menudo la eclipsaba con morbo. La banda se enfrentó a un dilema crucial: arriesgarse a perder el reconocimiento ganado o evolucionar para que su música pudiera llegar más lejos.
“El cambio de nombre fue muy difícil”
Erik Neville recuerda la dificultad de ese momento: “El cambio de nombre fue muy difícil, no sabíamos qué hacer, sabíamos que llamarnos Dildo, en lugar de ayudarnos nos frenaba”, dijo.
“Que era más el morbo por el nombre que por nuestra música… Para nosotros seguimos siendo Dildo para toda la vida, pero sí viéndolo desde otro punto nos venía mejor en impacto que fuera solo con las siglas”, comentó.

¿Grupo Marrano del rock?
Francisco Familiar complementa, explicando cómo el cambio reflejaba una transformación interna de la banda. Su mensaje estaba cambiando, volviéndose más personal y profundo, y el nombre original ya no encajaba con la nueva dirección que estaban tomando.
“El nombre este… pues ya era como tu tarjeta de presentación, ¿no? Entonces de ahí que te prejuzgaran, decir: ‘No, pues yo creo que la música de esta banda debe sonar a Grupo Marrano en rock’, ¿sabes?”, comentó.
“Y vaya, nuestro mensaje empezó a mutar y empezó a… lo empezamos a abrazar más, empezó a ser más nuestro, entonces pues obviamente viene esta adaptación”, añadió el vocalista.
Este cambio de identidad no fue superficial. Coincidió con una evolución sonora y lírica que los llevó a firmar con una disquera trasnacional y a grabar álbumes como Primario (2012), que les valdría nominaciones al Latin Grammy.
Dejar atrás a Dildo fue doloroso, pero necesario. Fue el sacrificio que permitió que DLD naciera y trascendiera.
El diario de una banda: La música como bitácora de vida
La filosofía artística de DLD es simple y, a la vez, profundamente honesta: su música es un diario. Cada álbum es una fotografía sonora del momento que atraviesan, una cápsula del tiempo que captura sus miedos, sus alegrías, sus pérdidas y sus aprendizajes.
No escriben sobre lo que no conocen; escriben sobre lo que viven. Como lo define Erik Neville, su discografía es un mapa de su propia existencia.
“Al final todos nuestros discos representan una etapa en nuestras vidas y se vuelven una bitácora o un diario de todo lo que hemos vivido durante esa época”, expresó.
Esta forma de crear, tan ligada a lo personal, encontró su expresión más intensa y vulnerable en su álbum más reciente, un material forjado en el crisol de una crisis global que los confrontó con los extremos de la vida.

El crisol de la pandemia: Pérdida, paternidad y la creación de Ocho
La pandemia de COVID-19 detuvo al mundo, pero para DLD fue un catalizador de emociones extremas que se convirtieron en la materia prima de Ocho (2023).
El encierro los enfrentó a la dualidad más cruda de la existencia: la llegada de nueva vida a través de la paternidad y la despedida definitiva a causa de la muerte.
El golpe más devastador fue la pérdida de los padres de Erik, quienes fallecieron durante este periodo. No eran solo familiares; eran pilares de la banda. Su casa era “El Bunker”, el santuario donde DLD había ensayado por más de 20 años.
Su partida no solo dejó un vacío emocional en Erik, sino en todo el grupo, que los consideraba como una extensión de su propia familia.
El duelo por los padres de Erik Neville
Pijey Hansen habla de ese momento con una profunda carga emocional: “Lo más duro es que murieron los papás de Erik que son los dueños de esta casa”, comentó.
“Nosotros llevamos aquí como 20 años encerrados así que ellos también fueron como nuestros papás, así que fue muy duro para todos porque son personas con las que siempre convivimos. Eso también fue para nosotros una lección”, añadió.
Esa fragilidad humana, la depresión y la incertidumbre se vertieron directamente en las canciones. La música se convirtió en un refugio y una herramienta para procesar el dolor, la ansiedad y las lecciones que la pandemia les arrojaba a la cara.
Erik lo resume así: “Lo más notorio es lo emocional, eso está vertido en el disco, todo lo que sientes, como la depresión, creo nadie se salvó de eso o de emociones sin control, y qué mejor manera que haciendo música”, expresó.
“Sí, claro la pandemia ha sido una gran lección, para todo mundo, te pone de frente a lo frágil que somos como humanidad y te hace poner el pie en otro lado”, complementó.
Al mismo tiempo, la paternidad les abrió una nueva perspectiva sobre la vida y la responsabilidad.

Las claridad de la paternidad
Para Francisco Familiar, ser padre le permitió reinterpretar su propia historia y la de su familia, dándose cuenta de realidades que antes no comprendía, como la violencia de género que sufrió su propia madre.
“Ahora me di cuenta que mi mamá sufrió violencia de género e intrafamiliar, pero son cuestiones que antes no entendías bien y que ahora que eres padre ya te cambia todo el color, es otra situación y ya lo ves y necesitas formar parte de la solución, ya no del problema”, enfatizó.
Ocho es, por tanto, un disco nacido de cicatrices y pañales, de despedidas y nuevas bienvenidas. Es el testimonio de una banda que encontró en sus experiencias más personales y dolorosas la inspiración para crear su obra más madura y conmovedora hasta la fecha.
Voces en evolución: La responsabilidad de la pluma
La paternidad y el paso del tiempo no solo cambiaron su forma de ver la vida, sino también su forma de escribir.
DLD ha asumido una nueva responsabilidad con su pluma, reconociendo que su música tiene un impacto y que sus palabras pueden contribuir a conversaciones sociales importantes.
“Las letras hablan mucho por DLD, hablan de una historia propia que se convierte en plural, que se convierte en voz popular y conecta de alguna forma. Esta inspiración sólo puede venir del divino”, comentó Paco.
Esta madurez lírica es evidente en canciones como “No nos toca”, donde abordan de frente la violencia de género y el machismo estructural.
Ya no son la banda de mensajes “laicos” o despreocupados de sus inicios. Ahora sienten la obligación de ser parte de la solución, de utilizar su plataforma para generar un cambio positivo, por pequeño que sea. Paco Familiar lo explica como un deber ineludible:
“Antes éramos mucho más laicos… Lo que nos toca ver, ya sea de una manera personal o extrapersonal, es donde está lo importante y si tu mensaje puede influir en algo positivo, pues por qué no. Es más, eso ahora es nuestra responsabilidad como parte de la sociedad”, dijo.

“Noches de vinil” no es de esta época
Esta evolución también los ha llevado a mirar su propio catálogo con ojos críticos. Canciones que antes eran pilares de su repertorio ahora son vistas desde una nueva perspectiva. No reniegan de su pasado, pero reconocen que ciertos mensajes ya no resuenan con quienes son hoy.
Erik Neville reflexiona sobre un clásico como “Noches de vinil”: “Es una canción que nos encanta tocar, pero que si la acabáramos de sacar ahora sentiríamos que es una canción muy banal en este instante. No negamos que es parte de nuestra historia… pero ahora no es una canción con la que nos sentiríamos tan cómodos por su mensaje”, comentó.
Este ejercicio de autocrítica demuestra un crecimiento raro en el mundo del rock: la capacidad de evolucionar no solo en sonido, sino en conciencia.
“Yo creo que soy un ser que vino del interior y llegó al exterior para poderlo procesar de alguna manera. En mi caso, todas mis curiosidades, lo que he escrito viene del interior y se ha conectado con lo de fuera”, expresó Paco.
“A veces estamos con los demonios muy fuertes y hay prueba y error. Debes sentir esas cosas para poder liberarlas y ha sido un vaivén de emociones. A veces estás con luz y a veces no. La música es dual y sucede de todo”, añadió Pijey.
DLD entiende que la música no existe en un vacío y que, como comunicadores, tienen la responsabilidad de que su voz refleje el mundo en el que viven y el que quieren ayudar a construir.

La necesidad de rendir tributo a los grandes
Una de las grandes cualidades de la banda es que temas como “Mi vida” que es original de José José han marcado un antes y después en su carrera.
“No es ningún secreto que a DLD le influye Juan Gabriel, José José, Vicente Fernández o Alberto Cortez. La verdad es que han sido muchos”, comentó Paco Familiar.
“También tenemos la canción de ‘Te sigo amando’ de un tributo a Juan Gabriel y también el cover de Alberto Cortez de ‘A partir de mañana’ que está en el disco Trascender”, añadió el cantante.
La banda echó la mirada más a fondo a otros casos de sus homenajes: “También tenemos el de Leo Dan y el tributo a Rigo Tovar que también nos encantó. Siempre hemos estado del lado de grabar los clásicos y hacerles tributo a los artistas que pavimentaron el camino, para que pudiéramos encontrar más ritmos”, explicó.
Y como una pincelada en esa parte dejaron una ventana abierta: “Una cosa curiosa que tenemos es que sí pensamos en más. Honor a quien honor merece”, dijo Erik.
“No buscamos competir con nadie”
La banda habló también de lo innecesario que les parece mirar a los ritmos de moda como algo negativo:
“Lo que pasa es que no buscamos competir con nadie. Para nosotros es una manera de fluir, una manera de sentir, de comunicarnos con la gente, de comunicarnos entre nosotros, pero de eso a que querramos ganarle a otro artista, no va por ahí”, destacó Paco Familiar.
“Nuestro objetivo es hacer mejores shows, tocar mejor día con día, empaparnos más de la música porque es sano escuchar otros géneros y rescatar lo más valioso pero no buscamos competir”, siguió.
“Sí está muy marcado que cada uno juega en su cancha y hay respeto. Hay público para todos”, complementó Erik.

¿DLD tocó reggaetón?
Más aún, la banda recordó que en una ocasión incluso hicieron una canción que sonaba como reggaetón antes de que el ritmo fuera moda: “Hace 20 años hicimos un tema de reggaetón, porque nos invitaron a participar en un disco tributo a Rigo Tovar y nosotros hicimos ‘No son palabritas’”, dijo Erik.
“Obviamente está bien rockera para ser un reggaetón porque suena más garage de los inicios de la banda pero el ritmito se parece a reggaetón, incluso cuando no sabíamos que después sería un género famoso”, añadió.
Y es que para los miembros de la banda hay algo más importante que compararse musicalmente: “Las colaboraciones se dan mucho desde el factor humano. Podemos hacerlo con cualquier persona, no importa si es Bad Bunny, lo que importa es que conectemos con la sensibilidad”, comentó Pijey.
“A veces se da en un ensayo o en una fiesta de música y empiezan a pasar esas cosas por un sentido humano. Una vez se nos acercó el de Cañaveral y nos dijo que hiciéramos algo. No ha pasado pero ese es el tipo de situaciones que pasan y vemos nosotros si llegan a pasar”, agregó el bajista.
Se viene una cumbia y nuevo disco
Y luego Erik dio una noticia de latigazo: “Viene algo buenazo, con un cumbión, es un proyecto muy bueno con otro artista pero no puedo decir mucho porque la voy a cagar”, dijo entre risas.
Lo que quedará relegado es la grabación de un disco de reversiones de sus temas de cuando eran Dildo debido a planes que están más concretos y cercanos: “Es un plan que tenemos hace un par de años de sacar un disco de reversiones. Ahora estamos muy avanzados con un disco nuevo así que nos vamos a seguir clavando en eso”, dijo Erik.
“Tal vez después de ese disco hagamos el lanzamiento de las reversiones de muchas canciones de los primeros discos que para mucha gente son canciones muy importantes y para otra gente ni siquiera las conoce. Sí estaría bien padre. Nada más ya sabes que somos medio lentos, pero el plan ahí está. No mentimos”, sumó.

“Cuando hacemos un disco reescribimos lo que sentimos”
En ese sentido, la banda también habló sobre la inspiración que los lleva a seguir componiendo música y renovarse en cada producción:
“Día a día hay nuevas historias y conceptos que hacen cambiar tus perspectivas. Entre más viejo te haces se va cerrando más tu ciclo. El amor se hace más grande pero se hace más chico tu círculo y hay muchas cosas que te hacen tener experiencia. A veces tienes enojo o felicidad, y eso es lo que nos va cambiando”, dijo Pijey.
“Estamos juntos desde hace muchos años. Nos empezamos a llevar desde que no teníamos ni novia y ahora hasta tenemos hasta hijos que ya trabajan. Imagínate esa historia de vida. Son cosas que van cambiando y rotando. Eso nos da siempre cosas para componer y crear. Es algo muy poderoso”, añadió.
“Creo que no estamos escribiendo un disco cuando lo hacemos. Estamos reescribiendo cosas que sentimos”, complementó Paco Familiar.
El círculo completo: De los grandes foros a la intimidad del escenario
Han agotado entradas en el Auditorio Nacional y han hecho vibrar el Palacio de los Deportes. DLD es, sin duda, una banda de grandes recintos, consolidada en la cima del rock mexicano.
Sin embargo, en un movimiento que habla de su esencia, han decidido cerrar el año regresando al origen: los foros pequeños, donde el sudor del público se mezcla con el de la banda y cada mirada es un diálogo.
Para un grupo de su trayectoria, volver a escenarios íntimos no es un paso atrás, sino un reto deliberado y una reconexión con el fuego que los vio nacer.
Es despojarse de la producción masiva para depender únicamente de la energía cruda de la música y la complicidad con la gente. Erik Neville captura la esencia de esta decisión:
“Tiene magia porque estás más cerca de la gente, algo que curiosamente te genera más presión, pero así crecimos, tocando en bares, en salas de casas, entonces es algo bien bonito y especial”, expresó en conferencia de prensa reciente.
“Normalmente con cada disco, lo hemos hecho desde hace unos años, luego de Auditorios Nacionales o Palacios, tratamos de ser puntuales con tocar en lugares así, que son chicos pero con esa vibra. Para nuestros fans es una oportunidad de estar más cerca”, añadió.

“Cerrar el año como Dios manda: Espectacular”
Para estas noches especiales, la banda ha elegido a Sussie 4 para abrir los conciertos, una combinación que consideran ideal para la fanaticada que ha crecido con la escena musical mexicana.
La expectativa es alta, no solo por la cercanía, sino porque prometen shows únicos y diferentes cada noche, un cierre de año memorable. Pijey Hansen lo resume con entusiasmo: “Serán dos show y serán diferentes cada uno. Vamos a cerrar el año como Dios manda con algo espectacular”, adelantó.
Para cerrar el año y un ciclo, DLD regresa a sus raíces con dos noches que prometen ser viscerales y memorables.
“Seguimos con el Tour 8 que queremos llevar a todos lados, a sitios muy concretos como fue Neza o Izcalli, y el caso de La Maraka es especial porque nunca hemos tocado ahí y además no hemos centros nocturnos desde hace un rato así que será un lugar con todo para un gran show”, dijo Erik.
La Maraka: “Como regresar al patio de mi casa”
Girando el número 8 sale el símbolo del infinito y eso tiene un propósito para el futuro: “Parte de lo que hicimos con este disco fue pensando en el infinito, es que sentimos mucha energía y queremos seguir haciendo cosas . Creo que va más por la parte de que no queremos que acabe, que corra, por lo menos hasta que podamos”, dijo Erik.
La cita es el próximo 12 y 13 de diciembre en el Salón La Maraka de la Ciudad de México, una oportunidad única para conectar con la historia de una amistad que, después de más de veinte años, sigue sonando más fuerte que nunca.
“En nuestros más de 20 años de carrera y la mayor parte de nuestra historia se dio en escenarios como este de La Maraka. Nosotros llegamos a tocar tres fines de semana seguidos en Bull o nos faltaban dedos para contar las veces que tocamos en otros venues de la ciudad”, dijo Paco.
“Regresar ahora con esta vibra y porque tiene los requerimientos técnicos que uno busca, es cuando decimos que vamos a regresar como al patio de mi casa”, complementó.

Las canciones salvan
Dejamos para el final la respuesta que dieron a una pregunta que resonó sobre el poder de las canciones: ¿Alguna vez sintieron que una canción los salvó de sí mismos?
PJ: Hay cosas muy fuertes que hemos visto, por ejemplo “Sea”, por ejemplo, yo creo algo de esa canción.
Imagina que pasa que alguien le hubiera querido pegar a alguien más, que haya un arranque de violencia, yo creo que si alguien escucha esa canción lo haría recapacitar sobre su estado violento. Como si al oírla pudiera liberarse de cometer una acción estúpida. Eso hace la música: liberarnos.
Por lo menos eso pasa con DLD, sabemos que hay géneros que pueden incitar a la violencia pero con nosotros pensamos que hay algo mágico. Vemos en los conciertos como la gente llora y se libera. Hay mucha fe en los conciertos.
Erik: Los discos de nosotros son como diarios y ahí pensamos que son un libro abierto de nosotros.
Paco: DLD más que en un problema, se enfoca en el estoicismo alrededor de él. Es algo que sí es importante remarcar. Siempre va a haber pedos o cosas negativas en la vida, siempre van a haber accidentes; la cuestión es cómo sales de eso. Es entender que por algo pasan las cosas y ese es el mensaje que al final eso quiere dejar DLD.
Cuando vemos cómo la gente nos sigue y va a nuestros conciertos. Eso nos emociona porque dentro del rock nos han hecho vivir dignamente por más de 20 años y eso es la mayor prueba de que tus canciones te salven.

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